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Dios es misericordioso, la Iglesia también


Después de tantos siglos, todavía hoy, condenamos a Herodes como uno de los peores asesinos de la historia, pues mató a niños inocentes.

En la actualidad muchos "herodianos" siguen matando niños. Matan inclusive a sus propios hijos antes de nacer. ¿Quién les condena?

Nuestra Iglesia es Madre y Maestra y, por tanto, es protectora, defensora del débil, del pobre, del niño, de la vida. Ella reconoce en cada niño concebido un llamamiento a comprometernos por hacer de este mundo un mundo mejor.

Mi experiencia en la pastoral, como sacerdote católico, ha sido la de llevar consuelo a la otra víctima del aborto, a la MADRE. He visto su angustia, su dolor, su arrepentimiento, su trauma, su fracaso, por haber permitido en su vida, en su cuerpo, la muerte de su propio hijo.

A continuación presento, someramente, cuatro casos de mujeres han experimentado la tristeza del aborto. Los nombres son ficticios, los casos son reales:

Mary... es una joven de apenas 17 años, que fue violada por el huésped de su madre cuando tenía 12 años y la madre le obligó a abortar. Hoy en día Mary es una joven triste, agobiada por lo que hizo, una carga que lleva sola, que le acompaña desde hace años y le acompañará toda la vida. Ella llora con frecuencia y está arrepentida de no haber tenido la valentía necesaria para tener a su hijo.

Berta... es una joven señora cuyo esposo la abandonado en plena "luna de miel". Ella en venganza abortó el niño que había concebido. Hoy se encuentra arrepentida y llora amargamente su decisión.

Dulce... es casada y su esposo la obligó a hacerse un aborto por razones económicas. Esta decisión hoy en día es el tormento de ambos. En la actualidad están educando a la hija de la muchacha de servicio. También llora con frecuencia y tiene sueños que la atormentan.

Alaba María... tiene 49 años y en su juventud abortó en tres ocasiones. Esto la ha atormentado durante años y hoy que lo confiesa se siente aliviada. Juntos hemos orado y le hemos pedido perdón a Dios, el dador de la vida.

Como sacerdote, estoy convencido de la gran ayuda que necesitan éstas pobres mujeres, a las que no debemos de marginar ni rechazar. Por este motivo, a estas madres trato de mostrar el rostro MISERICORDIOSO DE DIOS y el amor maternal de la Iglesia. Invito a todas las mujeres a que no repitan estas experiencias, que vean en cada niño a Dios mismo, pues "lo que hicisteis a uno de estos pequeños, a Mí me lo hicisteis". Y que por encima de todo, sepan que el perdón de Dios es más fuerte que el pecado.

Nota: El padre Zambrana es nicaragüense, educador, misionero y consejero matrimonial. Actualmente es párroco de la iglesia de San Isidro de Matagalpa.




 

Por el Padre Freddy Zambrana
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