Para acompañar la Hora Santa
«Jesús nos espera en este sacramento del amor. No escatimemos tiempo para ir a encontrarlo en la adoración y en la contemplación llena de fe».
Juan Pablo II
«He aquí, yo estoy a la puerta y llamo: si alguno oyere mi voz y abriere la puerta, entraré á él, y cenaré con él, y él conmigo».
Ap 3, 20
«Quizá Dios quiere que te quedes con una sola palabra de estas líneas y que con esa sola palabra lo mires, y te quedes ahí: tu deber más estricto será entonces no preocuparte de las otras».
El Corazón De Jesús Está Aquí
«Llamo tu atención, toda tu atención, lector, sobre la ocupación primera que he descubierto del Corazón de Jesús: estar.
Estar… y no añado ningún verbo que exprese un fin, una manera, un tiempo, una acción de estar.
No te fijes ahora en que está allí consolando, iluminando, curando, alimentando…, sino sólo en esto, en que está.
Pero ¿es una ocupación? me argüirá alguno. ¡Si parece que estar es lo opuesto a hacer!
Y, sin embargo, te aseguro, después de haber meditado en ese verbo aplicado al Corazón de Jesús en su vida de Sagrario, que pocos, si hay alguno, expresarán más actividad, más laboriosidad, más amor en incendio que ese verbo estar.
¿Vamos a verlo?
Estar en la Hostia significa venir del cielo todo un Dios, hacer el milagro más estupendo de sabiduría, poder y amor para poder llegar hasta la ruindad del hombre, quedarse quieto, callado y hasta gustoso, lo traten bien o lo traten mal, lo pongan en casa rica o miserable, lo busquen o lo desprecien, lo alaben o lo maldigan, lo adoren como a Dios o lo desechen como mueble viejo… y repetir eso mañana, y pasado mañana, y el mes que viene, y un año, y un siglo, y hasta el fin de los siglos… y repetirlo en esta Hostia y en otras que haya en templos vecinos y en todos los pueblos… y repetir eso entre almas buenas, finas y agradecidas, y entre almas tibias, olvidadizas, inconstantes y almas frías, duras, pérfidas, sacrílegas…
Eso es estar el Corazón de Jesús en la Hostia, poner actividad infinita un amor, una paciencia, una condescendencia tan grandes por lo menos como el poder que se necesita para amarrar a todo un Dios al carro de tantas humillaciones.
¡Está Aquí!
¡Santa, deliciosa, arrebatadora palabra que dice a mi fe más que todas las maravillas de la tierra y todos los milagros del Evangelio, que da a mi esperanza la posesión anticipada de todas las promesas y que pone estremecimientos de placer divino en el amor de mi alma!
Está Aquí
Sabedlo, demonios que queréis perderme, que tratáis de molestarme, enfermedades que ponéis tristeza en mi vida, contrariedades, desengaños, que arrancáis lágrimas a mis ojos y gotas de sangre a mi corazón, pecados que me atormentáis con vuestros remordimientos, cosas malas que me asediáis, sabedlo, que el Vencedor, el Fuerte, el Médico, el Grande, el Buenísimo Corazón de Jesús está aquí, ¡aquí en el Sagrario mío!
Padre eterno, ¡bendita sea la hora en que los labios de Jesús se abrieron en la tierra para dejar salir estas palabras: «¡Sabed que yo estoy todos los días con vosotros hasta la consumación de los siglos!».
Padre, Hijo y Espíritu Santo, benditos seáis por cada uno de los segundos que está con nosotros el Corazón de Jesús en cada una de las Hostias y Sagrarios de la tierra.»
¿Cómo contemplarte, Señor? ¿Cómo mirar tu estar? ¿Cómo agradecerte el estar por mí ahí, ahora… siempre?
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Textos del Beato Manuel González, el Padre R. Cantalamessa ofmcap, el Padre Molinié op
Gentileza del Blog «Vivir de la Eucaristía»
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