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La Afectividad y la Eucaristía

A la luz de la Conferencia de Fray Timothy Radcliffe pronunciada en las XXXIV Jornadas Nacionales de Pastoral Juvenil les proponemos una reflexión sobre la Afectividad y la Eucaristía.



Podemos comprender la eucaristía a la luz de la sexualidad, y la sexualidad a la luz de la eucaristía.

La última cena nos explica que el cuerpo no es simplemente una cosa que poseo. Soy yo, es mi ser como don recibido de mis padres, y en última instancia de Dios. Por eso cuando Jesús dice ‘Este es mi cuerpo y yo os lo entrego’, no está disponiendo de algo que le pertenece, está pasando a los demás el don que El es. Su ser es un don del Padre que El está transmitiendo.

La relación sexual está llamada a ser una forma de vivir esa entrega de sí mismo. Aquí estoy, y me entrego a ti, con todo lo que soy, ahora y por siempre.

Entonces la eucaristía nos ayuda a entender lo que significa para nosotros ser seres sexuales y nuestra sexualidad nos ayuda a comprender la eucaristía.

¿Es humano tener momentos de crisis en el amor? ¿Cómo enfrentarlo?

La última cena fue un momento de crisis inevitable en el amor de Jesús por sus discípulos. Fue vendido por uno de sus amigos; la roca, Pedro, estaba a punto de negarle, y la mayoría de sus discípulos saldrían corriendo. Jesús en la última Cena no salió huyendo de la crisis. Tomó el fracaso del amor y lo transformó en un momento de donación: ‘Me entrego a vosotros. Vosotros me entregaréis a los romanos para que me maten. Me entregaréis a la muerte, pero yo hago de este momento un momento de don, ahora y por siempre.’

La Castidad en el amor

La castidad no es en primer lugar la supresión del deseo, al menos según la tradición de Santo Tomás de Aquino. El deseo y las pasiones contienen verdades profundas sobre quiénes somos y qué necesitamos. El simplemente suprimirlas nos hará seres muertos espiritualmente o hará que algún día nos disparemos. Tenemos que educar nuestros deseos, abrir sus ojos a lo que realmente quieren, liberarlos de los pequeños placeres. Necesitamos desear más profundamente y con mayor claridad.

Para Santo Tomas, ser castos significa vivir en el mundo real. Es decir, vivir en la realidad de quién soy y quiénes son realmente las personas a las que amo. La pasión y el deseo pueden llevarnos a vivir en la fantasía. La castidad nos hace bajar de las nubes, viendo las cosas como son.

Es difícil imaginar una celebración del amor más realista que la Última Cena. No tiene nada de romántica. Jesús les dice a sus discípulos sencilla y llanamente que esto es el final, que uno de ellos le ha traicionado, que Pedro le negará, que los demás huirán.

Un amor eucarístico nos enfrenta de lleno con la complejidad del amor, con sus fracasos y su victoria final


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Gentileza del Blog "Vivir de la Eucaristía"
www.iglesia.org


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