El amor verdadero
Una tarde, caminando por una de las principales calles de una gran ciudad, me detuve a mirar a las personas que pasaban. La vida es muy acelerada por aquí. Muchos jóvenes que luego de clases vienen a caminar por aquí y algunos otros luego del trabajo. Parejas enamoradas caminan abrazados; otros se detienen ante las vidrieras, algunos en la plaza. También caminan algunos solos como buscando cruzarse con alguna mirada, alguien que le diga algo, como si buscaran a través de la correspondencia de algún otro confirmar realmente su existencia en este mundo. Pero, lo que llamó más mi atención fue el contraste de la manera de tratarse de algunas “parejitas”, unas ásperas y hasta violentas y otras con sobredosis de pasión, me refiero a los que ocupaban los bancos de la plaza.
¿Son opuestas estas maneras de llevar una relación o es que realmente tienen alguna correlación la una con la otra?
Abrazos apasionados, besos, caricias cada vez más exploradoras son signos que se relacionan con el amor. Pero, hay encubierto una curiosidad y una búsqueda ansiosa de experimentar sensaciones nuevas y placenteras. Actitudes que hacen olvidar el interés por el otro y terminan centrándose en sí mismos. Se podría pensar, que este “modo de amar” es para conocer más al otro, pero esto es un engaño porque lo que hace es resquebrajar el respeto al otro, lo que hace ver a este otro como si fuese un objeto de satisfacción solamente.
Desde niños nos enseñaron a respetar al otro y también sus pertenencias. En este caso estamos hablando de respetar a la persona completa. No tenemos derecho a “usar” de nadie. Y no podemos permitir que nadie nos trate como objetos. Porque sino la relación entre las personas se desgasta, se hace violenta, agresiva. Y entonces, se llega a ver lo que vemos por las calles: Un muchacho que le dice a su enamorada “no me levantes la voz, odio que levantes la voz…”, una chica que le grita al que hace poco le decía que era el amor de su vida “ Idiota, eres un estúpido…”, otro muchacho que toma fuertemente del brazo a la chica y le dice que “Nunca me vas a dejar porque eres mía…”, “juegos inocentes” de una pareja dándose golpes en los cachetes y la chica que le dice “me hiciste doler, ten más cuidado…” y le responde con otra bofetada. Situaciones que dan la sensación que no hay conciencia de que todas las actitudes que se viven en una relación tienen correlación, son dependientes, no hay nada aislado. Cada paso que damos en una relación de a dos tiene repercusiones en el otro.
Recuerda que todo lo que comienza mal va ha terminar mal.
Le consultaron a Osvaldo Cuadro Moreno en Preguntas de Mujer I (pregunta 86), “a veces humillo a mi novio. Sé que hago mal. La mayoría de las veces él no se inmuta y en esos momentos me siento como víctima”.
Él responde así: «El afán de humillar está relacionado con un alma humillada se sabe humillada y por eso humilla. La base quizás puede encontrarse en viejas humillaciones sufridas o en una crianza sobreprotectora y débil, que exacerbó la tendencia a la susceptibilidad y a considerarse fácilmente humillada.
El afán de humillar también puede estar relacionando complejo de inferioridad, que nos hace crueles dispuestos a rebajar a otros para no sentirnos inferiores nosotros. Es probable que estés tratando de rebajar a tu novio para dominarlo, para que esté debajo de ti. Es probable también que él tenga la suficiente salud mental para no dejarse manipular. Si así fuera, y si él resistiera tu manipulación, te prevengo que ello te hará sufrir y que surgirán riñas. Lo que te conviene en este caso es no irritarte y tal vez dejarte guiar por él; quizás tú también adquieras salud en esta área en que muestras trastornos de conducta».
Por este motivo, es necesario que, ambos, sepan que lo que van conociendo el uno del otro es sólo una parte de lo que realmente van a llegar a conocer. Lo cual, se dejará traslucir a medida que pasa el tiempo. Si bien es cierto que cada día que pasa conoces algo nuevo del otro, también es cierto que lo que vas conociendo es información segura para entablar cada vez una relación más madura.
La mayoría de parejas (me refiero a mujer y hombre que deciden iniciar una relación sentimental, que no necesariamente involucra relaciones sexuales como comúnmente se quiere interpretar) buscan madurar su relación a través del mayor conocimiento el uno del otro. Esto está bien, pero el conocimiento tiene que ser por el camino correcto. Para que no sufran ninguna de las dos partes. Y especialmente para que ambos puedan conocer y amar el Amor, que los hará totalmente felices.
Hemos hablado muchas veces de lo que es el amor, pero creo que nunca encontré mejor definición que esta:
1 Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe.
2 Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia; y si tuviese toda la fe, de tal manera que traspasase los montes, y no tengo amor, nada soy.
3 Y si repartiese toda mi hacienda para dar de comer a pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.
4 El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no hace sinrazón, no se ensancha;
5 No es injuriosa, no busca lo suyo, no se irrita, no piensa el mal;
6 No se huelga de la injusticia, mas se huelga de la verdad;
7 Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
8 El amor nunca deja de ser: mas las profecías se han de acabar, y cesarán las lenguas, y la ciencia ha de ser quitada;
Y ahora permanecen la fe, la esperanza, y el amor, estas tres: empero la mayor de ellas es el amor.
Corintios 13
¡Busca y vive este Amor!
Este Amor es el único que te dará lo que estás buscando. Es el único que calmará tu sed. Por esto San Agustín pudo decir: «Ama y haz lo que quieras».