ÁNGELES
Capítulo I
La fe de la Iglesia
(Catecismo de la Iglesia: 325 – 336)
Existen seres espirituales creados por Dios
El símbolo de los apóstoles profesa que Dios el «Creador del cielo y de la tierra», y el símbolo de Nicea Constantinopla explicita «de lo visible y lo invisible».
En la sagrada Escritura, la expresión cielo y tierra significa: todo lo que existe, la creación entera. Indica también el lugar, al interior de la Creación, que a la vez une y distingue el cielo y tierra: «la tierra» es el mundo de los hombres. El «cielo o los cielos pueden designar el firmamento, pero también el «lugar» propio de Dios: nuestro padre «en los cielos» y, en consecuencia, el cielo es, también, la gloria escatológica. Finalmente, el término «cielo» indica el «lugar» de las criaturas espirituales – los ángeles- que rodean a Dios.
La profesión de fe del cuarto concilio de Letrán, afirma que Dios «creó simultáneamente, de la nada, una y otra criaturas, la espiritual y la corporal, es decir los ángeles y el mundo terrestre, luego la criatura huma, que posee de ambos, compuesta, como es, de espíritu y de cuerpo».
La existencia de seres espirituales, no corporales, que la Sagrada designa habitualmente como ángeles, es una verdad de fe. El testimonio de la Escritura es igual de rotundo que la Tradición.
¿Quiénes son?
San Agustín dice respecto de ellos: « Ángel» designa la función no la naturaleza. ¿Preguntas cómo se llama esta naturaleza? Espíritu. ¿Preguntas la función? Ángel; en esencia es un espíritu puro; a partir de lo que hace es un ángel. «Con todo su ser, los ángeles son servidores y mensajeros de Dios. Porque contemplan «constantemente la faz de mi Padre que está en los cielos», son los obreros de su palabra, atentos al sonido de su palabra. En tanto que creaturas puramente espirituales, tienen inteligencia y voluntad; son criaturas personales e inmortales. Sobrepasan en perfección a todas las criaturas visibles. La explosión de su gloria da testimonio de ello.
Cristo «con todos sus ángeles»
Cristo es el centro del mundo angélico. Los ángeles le pertenecen: «Cuando el hijo del hombre venga con todos sus ángeles…» Porque en Él han sido creadas todas las cosas, en los cielos y sobre la tierra, las visibles y las invisibles: tronos, dominaciones, principados, potestades; todo ha sido creado por Él y para Él. Le pertenecen, también, porque los ha constituido mensajeros de su designio de salvación. «¿Acaso no son espíritus a los que se ha confiado un ministerio, enviados a servir a todos aquellos que deben heredar la salvación? ».
Están ahí desde la creación y a todo lo largo de la historia de la salvación, anunciado de lejos o de cerca esta salvación, y sirviendo al designio divino de su realización: cierran el paraíso terrestre, protegen a Lot, salvan a Agar y a su hijo, detienen la mano de Abraham, la ley es comunicada por su ministerio, conducen al pueblo de Dios, anuncian nacimientos y vocaciones, asisten a los profetas, sólo por citar algunos ejemplos. Finalmente, es Gabriel quien anuncia el nacimiento del Precursor y el de Jesús mismo.
De la Encarnación a la Ascensión la vida del Verbo encarnado está rodeada de la adoración y del servicio de los ángeles. Cuando Dios introdujo a su Primogénito en el mundo, dejó: «que todos los ángeles de Dios le adoren». Su canto de alabanza en el nacimiento de Cristo no ha cesado de resonar en la alabanza de la Iglesia: «Gloria a Dios…» Protegen la infancia de Jesús, le sirven en el desierto, lo reconfortan durante su agonía cuando pudo ser salvado por ellos de la mano de sus enemigos, como en otro tiempo hicieron con Israel. Además, son ellos, los ángeles, los que «evangelizan» anunciando la Buena Nueva de la encarnación y de de la Resurrección de Cristo. Estarán ahí cuando regrese el Cristo que anuncian, al servicio de su juicio.
Los ángeles en la vida de la Iglesia.
Toda la vida de la Iglesia se beneficia de la ayuda misteriosa y poderosa de los ángeles.
En su liturgia, la Iglesia se une a los ángeles para adorar al Dios tres veces Santo; invoca su asistencia (tanto en el Suplices te rogamos, del canon romano, como en In paradisum deducant te angeli… de la liturgia de difuntos, o también como en el himno querubínico de la liturgia bizantina, festeja, de manera particular la memoria de algunos ángeles (san Miguel, san Gabriel y san Rafael, los ángeles guardianes).
Desde la infancia al tránsito, la vida humana esta rodeada de su protección y de su intercesión. Cada fiel tiene a su lado un ángel como protector y pastor para conducirlo a la vida. Desde aquí, la vida cristiana participa en bienaventurada sociedad de los ángeles y de los hombres, unidos en Dios.
INTRODUCCIÓN
Capítulo II: Existencia y naturaleza de los ángeles
Traducidos del francés por José Gálvez Krüger para ACI Prensa
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