Angeles
Textos elegidos y presentados por los monjes de Solesmes
Al comenzar el siglo XXI, los hombres parecen no estar dispuestos a admitir la realidad del mundo de los ángeles. Voluntariamente han relegado a esos seres supraterrestres al dominio del sueño, de los mitos y de las leyendas, en las categorías abstractas o simbólicas, en las concepciones imaginarias del arte y de la literatura. Se concibe muy bien que hayan poblado el universo de nuestros ancestros de la Antigüedad o del Medioevo, pero no se ve ya qué lugar podrían ocupar en el cosmos de la ciencia contemporánea. Al hombre de hoy, empapado en las disciplinas científicas, le repugna admitir la existencia de lo que no cae bajo los sentidos y escapa a toda experimentación. A decir verdad, las conquistas más prodigiosas de la ciencia moderna son del ámbito de lo invisible: ondas, rayos y radiaciones diversas ocupan un lugar considerable en nuestro espacio vital, pero su descubrimiento está considerado como una hazaña del hombre, mientras que los ángeles tienen el imperdonable defecto de venir enteramente de Dios, de ser sus creaturas y sus mensajeros y, para remate, superiores al género humano. Las proezas técnicas exaltan al hombre y le dan la ilusión de creerse Dios; los ángeles obligan a reconocer la existencia de un Señor soberano que rige el universo creado por él y regula las relaciones entre los seres que lo constituyen. Siendo por naturaleza y definición los enviados, los delegados de Dios, ¿cómo podrían existir a los ojos de los ateos y de los incrédulos?
Los cristianos mismos pueden sorprenderse, a veces, que los ángeles no estén mencionados en los símbolos de la fe de la Iglesia antigua. Pero, como muchas otras verdades de fe, la existencia de los ángeles era tan bien conocida y reconocida que no tenía necesidad de estar inscrita en el Credo. ¿Los ángeles no están presentes un poco por todos lados en la Biblia, de un extremo a otro del Antiguo y Nuevo Testamentos? Se les ve también constantemente en las tradiciones dogmática, litúrgica y artística de la Iglesia, en las vidas de los santos, en los escritos de los Padres y de los autores espirituales de todas las épocas. Sólo en el siglo XIII se encuentra la palabra «ángeles » en la profesión de fe, del IV Concilio de Letrán, pero los ángeles estaban ya implícitamente comprendidos en las expresiones de los antiguos Símbolos sobre «Dios creador del cielo y de la tierra, del universo visible e invisible ».
Los ángeles en el Catecismo de la Iglesia Católica
El enunciado doctrinal más claro y más completo que tenemos actualmente sobre los ángeles es el del Catecismo de la Iglesia católica, promulgado por Juan Pablo II. Este importante texto, encabeza, naturalmente esta selección. Después de haber definido las características esenciales de los ángeles: creaturas puramente espirituales, personales e inmortales, muestra sobre todo a los ángeles entorno de Cristo y en la vida de la Iglesia. Esta exposición, breve y completa, resume maravillosamente toda la enseñanza de los papas a este respecto, principalmente las catequesis dadas por Juan Pablo II durante las audiencias generales de julio-agosto de 1986. El santo Padre tomó de la obra de Santo Tomás de Aquino los principales elementos de una síntesis racional sobre el lugar de los ángeles en la jerarquía de las creaturas, sobre sus cualidades y privilegios, sobre su repartición en órdenes y grados según sus propiedades. Inteligentes y libres, los ángeles han sido llamados por Dios a una elección decisiva entre el bien y el mal, elección que, en razón de la perfección de su naturaleza, fue necesariamente radical e irrevocable. Unos, enceguecidos por su orgullo y encerrados en su amor propio, se rebelaron contra Dios. Son los demonios, enemigos implacables de Dios y de su designio de amor sobre la humanidad. Los otros, que deliberadamente eligieron a Dios como Bien supremo y soberano, están unidos a Él por siempre y están asociados a su felicidad.
Obra y misión de los ángeles
La obra principal de los buenos ángeles es contemplar y alabar a Dios continuamente. «Sus ángeles ven sin cesar la cara de mi Padre que está en los cielos» decía Jesús de los niños pequeños. Pero ejercen también un rol de mediación entre Dios y los hombres. Como su nombre lo dice, son los enviados, los embajadores de Dios para colaborar en el plan divino en el conjunto de la creación. Tienen por misión especial ayudar a los hombres a alcanzar la salvación. Según la enseñanza tradicional de la Iglesia, un ángel es dado a cada ser humano para ser su compañero, su apoyo y su protector durante todo su peregrinaje terrestre. Los ángeles guardianes tienen, respecto de nosotros una solicitud extrema, constante y solícita, velando por nuestra salvaguarda corporal pero sobre todo por nuestra salud espiritual. Los poderes sobrenaturales que tienen como ángeles hacen de ellos auxiliares particularmente preciosos en la lucha que tenemos que sostener contra los demonios. A cambio, tenemos respecto de ellos deberes de respeto, veneración, gratitud y confianza. Conviene no olvidar su presencia e invocarlos a menudo.
En la inmensa legión de espíritus celeste, tres de los más grandes, esos que llamamos «arcángeles », aparecen en la Biblia con un nombre propio que corresponde a su personalidad y a su misión: son Miguel, Gabriel y Rafael. San Miguel, cuyo nombre significa «¿Quién como Dios? » es el campeón, el defensor y el vengador de los derechos de Dios, el protector titulado de la Iglesia y de todos los fieles, el guardián de las almas y el ángel de la paz. San Gabriel fue elegido para ser el ángel de la Anunciación, el mensajero enviado por Dios para anunciar a la Virgen María la Encarnación del Hijo de Dios. Pío XII lo proclamó patrón celeste de las telecomunicaciones. En cuanto a Rafael, no es conocido por el libro de Tobías como guía seguro de los viajeros y el sanador de los enfermos.
Entre las prácticas tradicionales de la piedad cristiana, a menudo recomendadas por los papas, hay dos en las que los ángeles están más directamente asociados; son el Angelus y el Rosario. La Salutación angélica, que es el elemento principal, es ante todo una oración a la Madre de Dios, pero, también es un recuerdo de la misión más gloriosa que ha sido confiada a un ángel. Ya anteriormente un ángel había anunciado a Zacarías el nacimiento del precursor del Mesías. Un ángel aparecerá luego a José, el prometido de María para apaciguar sus escrúpulos. De un extremo a otro de la vida de Cristo, la noche de su nacimiento, como al alba de s resurrección o el día de su ascensión, los ángeles estarán presentes. Así ocurre siempre en la vida de la Iglesia y de cada fiel. Cada día, en tres oportunidades, el Ángelus nos recuerda este ministerio permanente de los ángeles en la realización de la obra de salvación. Es bueno para nosotros, igualmente, meditar asiduamente los misterios del rosario con los ángeles, como nos invita León XIII, en el texto que cierra esta recopilación. Ya que estamos llamados a vivir eternamente como los ángeles, ocupados en contemplar y alabar a Dios con ellos, ¿por qué no habituarnos ya, desde aquí abajo, a esta compañía tan amable y tan benéfica?
Capítulo I: La fe de la Iglesia
Capítulo II: Existencia y naturaleza de los ángeles
Traducidos del francés por José Gálvez Krüger para ACI Prensa
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