¿Qué enseña la Iglesia sobre las nulidades matrimoniales?
Como una madre amorosa, la Iglesia responde a las necesidades y sufrimientos de sus hijos. Una de las experiencias más traumáticas que una persona puede enfrentar es la separación de su cónyuge. Desgraciadamente el fenómeno del divorcio no falta y generalmente minimiza la unión del matrimonio al reducirlo a una mera legalidad. A fin de respetar la unión indisoluble del matrimonio y tener compasión para quienes experimentan el trauma de la separación, la Iglesia proporciona el procedimiento para obtener la anulación.
Una gran cantidad de información errónea circula en torno a las leyes de la Iglesia Católica acerca de las anulaciones. Algunos piensan que el proceso de la Iglesia por el número de anulaciones no es otra cosa que «un divorcio católico», mientras que otros sienten que el proceso es demasiado embarazoso, molesto y caro. La verdad de este asunto es que las leyes de la Iglesia sobre las anulaciones protegen la santidad del matrimonio y ofrecen una respuesta compasiva para aquellos que sufren los efectos de una unión equivocada desde su inicio.
En la Carta a los Romanos, San Pablo nos recuerda que los miembros del Cuerpo de Cristo estamos usualmente llamados a ser la contraparte de la cultura (Rom 12, 2). Como una alternativa a la vulgarización del sexo y de la desintegración de la familia, la Iglesia propone una visión positiva y optimista de la sexualidad humana y de la vida familiar. En la carta Casti Connubi (Acerca del Matrimonio Cristiano) emitida por el Papa Pío XI en diciembre de 1930 y en la carta Familiaris Consortio (La misión de la familia cristiana en el mundo actual) emitida por el Papa Juan Pablo II en diciembre de 1981, la Iglesia reafirma que el matrimonio cristiano es una vocación sobrenatural de santidad en el que los seres humanos cooperan con el plan de amor de Dios por la humanidad. La Iglesia nos enseña que el fin primordial del matrimonio es la procreación y educación de los hijos. Inseparable de este fin primordial, sin embargo, los elementos del matrimonio incluyen una fidelidad conyugal por medio de la cual dos personas comparten un amor semejante al amor de Cristo por su Iglesia (Ef 5, 22-32). Dado estos elementos esenciales e inseparables del matrimonio, la Iglesia nos enseña que el matrimonio cristiano se mantiene como un sacramento de gracia por medio del cual se efectúa la unión indisoluble entre esposo y esposa. Es la revelación de la verdad acerca de la belleza y santidad de la sexualidad humana que, por consiguiente, inspira a la Iglesia a oponerse al libertinaje sexual de la sociedad contemporánea. Así, mientras la Iglesia es continuamente criticada por ser «medieval» en su actitud hacia el matrimonio y la vida familiar, sus enseñanzas realmente preservan la belleza y la dignidad de la persona humana. Sin ninguna duda, las enseñanzas de la Iglesia acerca de la santidad del matrimonio y de la vida familiar se mantienen como una guía de luz humanitaria a través de los oscuros y tormentosos mares de las equivocaciones morales.
El estudio del matrimonio y de la vida familiar, como nos presenta el Papa Juan Pablo II, es un requisito ineludible del trabajo de evangelización (Familiaris Consortio, 4). En esta serie de artículos, el Padre Becket Soule, sacerdote dominico y renombrado especialista en derecho canónico y profesor de la Universidad de Cambridge, contribuye a esta evangelización con el resumen de las enseñanzas y procesos de la Iglesia Católica acerca de las anulaciones. Su impresionante trabajo indica que las leyes de la Iglesia concernientes a las anulaciones están muy lejos de legitimar el divorcio y buscan guardar la indisolubilidad de la unión matrimonial. Se espera que los próximos artículos ayuden a los lectores a entender totalmente las enseñanzas de la Iglesia acerca de la santidad y dignidad de la sexualidad humana, del matrimonio y de la vida familiar.