Apocalipsis y fin del Mundo
¿Cuándo será el
momento de mi muerte? ¿cómo será? ¿quién
participará de mi entierro?, ¿Cuándo vendrá
el fin del mundo? ¿de qué forma sucederá?. Todas
estas inquietudes aquejan al hombre tanto en la esfera personal como
social y no se han apartado de él a lo largo de toda su
historia, causándole -en ciertos casos- angustia, pánico
y ansiedad.
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Parece ser que hoy -a poco de haber cruzado un nuevo milenio- vuelven a resonar
estos cuestionamientos y hay una búsqueda ansiosa por encontrar respuestas,
ya que éstas permiten cierta calma y tranquilidad existencial. En esta
empresa de saber "el cómo y el cuándo" se acabará el mundo,
algunos creen haber encontrado respuestas lo suficientemente sólidas
en los textos bíblicos, especialmente en el libro del Apocalipsis, del
cual se han hecho películas, novelas, han surgido sectas pseudocristianas
basadas en su doctrina, etc, mostrándolo como un tesoro de revelaciones
sobre el fin del mundo. Cabe entonces plantearnos la pregunta ¿es este
libro bíblico el depositario de aquellos misterios sobre el fin del mundo
que tanto aterran al hombre?. Para adentrarnos en este tema, centraremos la
atención en la naturaleza de este escrito y luego por la enseñanza
religiosa que encierra, basándonos en principios teológicos y
de crítica escriturística.
El vocablo "apocalipsis" es griego y se traduce por "revelación"
que significa "quitar el velo", mostrar algo que está escondido.
Sin embargo, aunque es este el único libro de la Biblia que recibe el
nombre de "revelación" (Cf. Ap 1,1), esta categoría
teológica no es exclusiva de este escrito sino común a todos los
libros canónicos ya que todos contienen la revelación de Dios
que se da a conocer al hombre. Además, hay que tener presente que este
escrito tan difícil de comprender, se enmarca dentro de un género
literario específico llamado "Apocalíptico", que contiene
características muy peculiares. También es importante destacar
que este género surge como medio de expresión de una corriente
de pensamiento religioso del mundo Judío, llamado "Apocalíptica"
o "Apocalipticismo". En síntesis tenemos que, Apocalipsis
es el nombre del último libro de la Biblia, Apocalíptico es su
género literario y Apocalíptica es por la corriente religiosa
a la que pertenece.
El género apocalíptico, surge entre el s. II a. C al s. II d.
C y lo podemos encontrar -a demás del Apocalipsis de Juan- al interior
del Antiguo Testamento, en las visiones de los profetas Ezequiel (Ez 1.40-48),
Zacarías (Zac 1-6) y Daniel (Dn 7-12), así como también
en obras extrabíblicas como son los escritos apócrifos Judíos
y últimamente en los manuscritos de Qumram, descubiertos en 1947 a orillas
del mar Muerto.
La fecha de composición del Apocalipsis de Juan hay que situarla a finales
del s. I d. C., hacia el ’90 aproximadamente, siendo uno de los últimos
textos cronológicos del Nuevo Testamento. La tradición le atribuye
la autoría al apóstol San Juan, autor del cuarto Evangelio y tres
cartas que llevan su nombre. Sin embargo, la ciencia bíblica ha determinado
que lo más probable es que sea producto de una escuela Joánica,
seguidora de las enseñanzas del apóstol.
El lenguaje apocalíptico se caracteriza por su simbolismo, lo que confunde
y dificulta una comprensión inmediata. Todo es simbólico, por
tanto, se hace necesario interpretarlo a la luz de la época, las circunstancias
histórico-religiosas en las que surge y teniendo presente el auditorio
al que se dirige. Es por esta razón que no podemos entender como "relato
histórico" algo que es "relato apocalíptico",
así, los números tienen un sentido, los colores, las imágenes,
conformando todo un lenguaje cifrado. Veamos algunos ejemplos:
Blanco: victoria, pureza
Rojo: violencia, asesinato
Negro: muerte, impiedad
7: plenitud, cifra perfecta
6: imperfección (7-1= 6)
12: el antiguo y nuevo Israel ,
(las 12 tribus de Israel y los 12 Apóstoles)
1000: una gran cantidad
Cuerno: poder
Cabellos blancos: eternidad
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La estructura de la obra se ordena en tres partes claramente identificables;
un prólogo (Ap 1,1-8), el cuerpo doctrinal (Ap 1,9-22,5) y un epílogo
(Ap 22,6-21) que mediante su simbolismo e imágenes fantásticas
va planteando toda una reflexión histórica sobre la fe en Cristo.
Basándose en el estilo profético de visiones, mira el pasado del
pueblo de Israel, (los mensajes a las 7 Iglesias: 1,9-3,22; los 7 sellos: 4,1-8,1
y Las 7 trompetas: 8,2-11,18) enfrenta el presente que le toca vivir, donde
hay un fuerte persecución del imperio Romano frente a los Cristianos,
alentando la fe de los creyentes mediante las imágenes del cordero (Cristo)
que vence al dragón (diablo) y a las bestias (las potencias humanas)
enemigas de Dios (11,19-15,1). Finalmente recuerda las enseñanzas de
Jesús sobre el Reino prometido a los suyos, proyectando así el
futuro escatológico (este término viene del griego "Eschaton"
que significa "lo último" y se emplea para referirse al final de los
tiempos, en un sentido plenamente teológico, cuando se dé cumplimiento
a toda las historia de la salvación). Es en este bloque donde se hace
sumamente necesario comprender bien las imágenes simbólicas, ya
que "las 7 copas" (15,2-16,21), "las visones del juicio" (17,1-21,1) y "la nueva
Jerusalén" (21,2-22,5) no pretenden mostrar una crónica histórico-temporal
de cómo sucederá el fin del mundo, sino que por medio del lenguaje
apocalíptico el autor resalta una idea fundamental que conforta la esperanza
del cristiano: al final de los tiempos hay una gran esperanza para quienes son
fieles a su fe en Cristo, Dios los hará partícipes de una "nueva
Jerusalén", plena, eterna, superior a la gran Jerusalén que tenían
antes de su destrucción última del año `70. Esto será
posible porque Cristo, el cordero, ha vencido a todos sus enemigos, victoria
sobre los monstruos (potencias humanas) y sobre el diablo. De esta forma los
seguidores de Cristo heredarán un "cielo nuevo y tierra nueva". Finalmente,
se cierra el libro deseando la pronta venida de este Señor que es el
único capaz de cambiar la difícil situación de persecución
que viven los cristianos: "¡Ven Señor Jesús!" (22,20).
En conclusión, podemos decir, que el libro del Apocalipsis no es un
texto terrorífico ni con características ocultas, que nadie puede
comprender bien, tampoco es una revelación de cosas misteriosas distintas
a las enseñanzas que Cristo nos dejara. Es un texto que explicita y actualiza
el mensaje de Jesús frente a situaciones concretas, reales que les toca
vivir a los cristianos del s. I d C. donde tienen que defender su fe a costa
de martirios y persecuciones. Es un escrito lleno de esperanza y con una reflexión
muy profunda sobre el destino de la humanidad, en orden a una historia salvífica
que parte de la iniciativa de Dios y se consolida con el sacrificio redentor
de Cristo. Es un libro válido para todos los tiempos en orden a nuestro
crecimiento de fe en un Dios cercano, que está en medio de toda tribulación
y el cual siempre va a triunfar frente al mal, ofreciéndonos una esperanza
de vida cristiana liberadora y eterna. Por tanto, si volvemos a nuestra pregunta
inicial; ¿Cuándo será el fin del mundo?, el libro del Apocalipsis
no nos puede dar respuesta positiva y tenemos que dejar al mismo Jesús
que nos responda como ya lo hizo en otro tiempo: "En cuanto al día
y la hora, nadie lo sabe, ni aún los ángeles del cielo, ni el
Hijo. Solamente lo sabe el Padre" (Mt 24, 36).
Pablo
Uribe Ulloa
Universidad Católica de la Ssma. Concepción – Chile
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