Beatificación de la Madre Teresa de Calcuta
La última jornada de celebraciones por los 25 años de pontificado de Juan Pablo II tendrá un sello propio. Ese día, ante los ojos del mundo entero, realizará la beatificación de la Madre Teresa de Calcuta.
La celebración, presidida por Juan Pablo II, incluirá diversos actos conmemorativos.
Las actividades comenzarán el viernes 17 de octubre con Misas en diversos idiomas celebradas en la Basílica romana de San Juan de Letrán.
El sábado 18, otras celebraciones similares tendrán lugar en otra de las basílicas romanas, Santa María la Mayor, mientras que en el Vaticano habrá una vigilia de oración para preparar la Jornada Misionera Mundial.
El domingo 19 de octubre el Pontífice proclamará beata a la Fundadora de las Misioneras de la Caridad.
Ese mismo día, en Calcuta (India), se realizará una celebración ecuménica seguida por un concierto de los ex alumnos de Don Bosco.
El lunes 20, el Santo Padre celebrará en la Plaza de San Pedro una Misa de acción de gracias y concederá una audiencia pública a los miles de peregrinos esperados de todo el mundo para la ceremonia.
Teresa de Calcuta falleció el 5 de septiembre de 1997 en Calcuta y menos de dos años después de su muerte, a causa de lo extendido de su fama de santidad y de los favores que se le atribuían, el Papa Juan Pablo II permitió la apertura de su Causa de Canonización. El 20 de diciembre del 2002 el mismo Papa aprobó los decretos sobre la heroicidad de las virtudes y sobre el milagro obtenido por intercesión de Madre Teresa.
La primera parte del proceso incluye recolectar las evidencias y datos de las diócesis locales, empezando por Calcuta, sobre las virtudes de la Madre Teresa, así como la confirmación de un milagro atribuido a su intercesión. Para la canonización se requieren dos milagros oficiales más.
Uno de los milagros le ocurrió a un paciente en Raiganj (Bengal, India), quien se curó de un tumor maligno gracias a la intercesión de la religiosa. En otro caso, una mujer francesa en los Estados Unidos se rompió numerosas costillas en un accidente de tránsito, pero quedó curada milagrosamente por llevar en su cuello una medalla de la Madre Teresa. Finalmente, una joven palestina que sufría de cáncer afirmó que quedó curada luego de que la Madre Teresa se le apareció en sueños y le dijo: "Niña, estás curada".
Una vez aprobados los milagros se procede a la beatificación. De este modo la Madre de los Pobres, ya declarada santa por los pueblos, será oficialmente Beata (paso previo a la canonización).
La vida de la Madre Teresa es un gran ejemplo de dedicación y atención al prójimo. Ella nos muestra el camino: el amor a Dios y el deseo de llevar su mensaje a todos los hermanos es todo lo que se necesita para seguirlo.
Desde muy joven se dedicó a servir a Dios presente en los necesitados. Leprosos, tuberculosos, moribundos, huérfanos, niños y ancianos abandonados fueron su compañía cotidiana y a todos les brindó amor y esperanza.
Todo el trabajo de la Madre Teresa fue un testimonio de la alegría de amar, de la grandeza y de la dignidad de cada persona humana, del valor de las cosas pequeñas hechas con fidelidad y amor, y del valor incomparable de la amistad con Dios.
Pero, existía otro lado heroico de esta mujer que salió a la luz sólo después de su muerte. Oculta a todas las miradas, oculta incluso a los más cercanos a ella, su vida interior estuvo marcada por la experiencia de un profundo, doloroso y constante sentimiento de separación de Dios, incluso de sentirse rechazada por Él, unido a un deseo cada vez mayor de su amor. Ella misma llamó “oscuridad” a su experiencia interior.
La “dolorosa noche” de su alma, que comenzó más o menos cuando dio inicio a su trabajo con los pobres y continuó hasta el final de su vida, la condujo a una unión profunda con Dios.
Mediante la oscuridad, ella participó de la sed de Jesús (el doloroso y ardiente deseo de amor de Jesús) y compartió la desolación interior de los pobres.
Como Jesús en el Gólgota, sintió la soledad, el rechazo y la indiferencia de los hombres hacia Dios y hacia el hermano que sufre.
Ante esta realidad la Madre Teresa no se quedó en lamentos sino que cada día salía de su casa, con el rosario en la mano, para encontrar y servir a Jesús en “los no deseados, los no amados, aquellos de los que nadie se ocupaba”.
El domingo 19 mientras los ojos del mundo miren hacia Roma, el recuerdo de su fe y su amor inundará los corazones, alcanzando a todo el mundo con el ejemplo de una vida de entrega completa.