Recuperar nuestra paz

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Muy rápidamente se acerca fin de año y, generalmente, nos vamos agitando más y, por tantas presiones, apuros y listas sin terminar, comenzamos a perder nuestra paz. Es fundamental que aunque sea tomemos conciencia de que muchas de las cosas que realizamos a diario no nos traen paz, por como las encaramos.

¿Qué podemos hacer para cada día estar centradas en quien de verdad somos y contactarnos con nuestra paz interior?

Descubrir que a través del silencio y el “dejar de hacer”, podemos recuperar nuestro equilibrio.

Jesús tenía dos grandes amigas, hermanas de Lázaro: Marta y María. Marta no puede parar y está muy atenta en servir a Jesús y a todos, que está muy bien. María, en cambio, prefiere parar unos minutos en su actividad y sentarse a contemplar al Señor. Cuando Marta se queja a Jesús de que su hermana está inactiva con tanto que hay que hacer, Él le contesta: “María ha elegido la mejor parte”.

Todas somos Marta y María, y es super necesario que realicemos nuestras tareas diarias y cumplamos con nuestras responsabilidades, pero también es fundamental que, por lo menos una vez al día, paremos, contactemos con nuestra respiración, hagamos silencio, busquemos un espacio sagrado en nuestra casa, trabajo, etc. y contemplemos y admiremos las bendiciones que nos trae Dios. Si logramos percibir tantos pequeños detalles que Dios nos regala cada día, no podremos más que decir GRACIAS.

El hecho mismo de agradecer, ya nos va llevando a recuperar esa paz que anhelamos. Cuando buscamos y protegemos y somos fieles a ese espacio con nuestro anhelo profundo de sentir la presencia de Dios en nuestro interior, todo lo que nos quede por hacer, todo lo que tengamos que encarar y resolver, lo haremos con otra fuerza y energía ya que, cada vez que hacemos contacto con nuestro ser profundo, Dios mismo nos infunde su aliento y su Espíritu para seguir adelante a pesar de que tantas situaciones nos superen. 

TIP:

- Hoy tomate 5 minutos, cierra los ojos, inhala través de tu inspiración la luz de Dios que todos los días nos quiere infundir.
Exhala y entrega en los brazos del Señor todo aquello que tú sola no puedes resolver.

- Quedate con una respiración muy bajita que te irá relajando. Confíate a Dios y siente que El te está cargando en sus brazos, como una madre carga a su niño pequeño. Sonríe y disfruta este momento. 

- Abre los ojos muy lentamente, repite la palabra GRACIAS por este momento, por este espacio sagrado y levántate con toda tu fuerza interior para ir a realizar todo lo que hoy sea primordial hacer.

 

Por Sol Rueda - Gentileza de www.sophiaonline.com.ar
 
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