La inspiración

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En la Biblia, Dios habla a los hombres por medio de hombres y a la manera humana.

 

El libro que contiene la palabra de Dios surgió y se desarrolló dentro del proceso histórico de un pueblo, a lo largo de aproximadamente dos milenios. Por eso, los distintos textos que componen la Sagrada Escritura se produjeron en circunstancias muy variadas fueron dirigidos a destinatarios que se encontraban en situaciones diferentes y en culturas de características diversas.

Esta realidad fue dejando su impronta en el texto, por eso el lector que intenta un primer acercamiento a la Biblia suele encontrarse muy confundido y se pregunta: ¿Quién dijo esto? ¿A quiénes se lo decía? ¿En qué circunstancias? ¿Qué significa hoy lo que se dijo en aquellos tiempos tan remotos?

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Quien se acerca a las Sagradas Escrituras lo hace con el respeto que merece saber que contienen la “palabra de Dios”. ¿Pero qué se afirma realmente cuando se dice “palabra de Dios”? Algunos han imaginado que Dios dictó al oído del autor las frases que él quería que llegaran hasta los lectores. Así están representados muchas veces los autores de los libros sagrados en las pinturas o imágenes que se ven en las iglesias. Pero es evidente que se trata de un fenómeno mucho más complejo. Este fenómeno se llama inspiración, pero no se entiende en el sentido en que un artista se inspira para pintar un cuadro o escribir una poesía, sino como una discreta acción de Dios, en lo profundo del autor sagrado. La inspiración respeta, por decirlo así, toda la humanidad del autor, su cultura, sus inclinaciones, sus gustos, su forma de escribir. Con esto se afirma que “la revelación divina, en cuanto dirigida a los hombres, se ha servido del lenguaje humano, con lo que la palabra de Dios se convierte en palabra humana, sin perder su espontaneidad...” (1).

Como se puede apreciar a simple vista, cada libro de la Biblia tiene una forma propia, imágenes y matices que no aparecen generalmente en otros libros. Esto se debe principalmente a que el hagiógrafo (tal es el nombre que recibe el autor sagrado) está plenamente involucrado en lo que Dios le manda escribir. Por esto, cuando se pregunta por el autor de la Biblia, se debe tener en cuenta esta doble dimensión: por un lado, el autor es Dios, el que inspira; por otro, es el hagiógrafo, quien realiza según sus medios personales esa tarea que Dios le encomienda. 

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NOTAS

(1) CF. PLAN DE FORMACION TEOLOGICA, Cuestiones complementarias de la Sagrada Escritura, Madrid, Instituto Internacional de Teología a Distancia, 1986.

 

Por Luis Heriberto Rivas – Extraído de “Los libros y la historia de la Biblia” - Primera Parte
www.iglesia.org
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