Introducción a la lectura de la Biblia
Un documento introductorio a la lectura de la Biblia de gran valor para quienes buscan una guía, breve pero completa, sobre el origen de las Escrituras, el contexto histórico, contenido, posible orden de lectura, claves de interpretación.
DIOS NO SE ATA A LA LETRA
Según un gran estudioso de la Biblia, estrictamente hablando, en el Antiguo Testamento no habría más que dos «sentidos»: el «literal» y el llamado «típico», «figurativo» o «cristológico». Este consiste en considerar a los personajes centrales -Adán, Noé, los Patriarcas, Moisés, David, los Profetas- y los hechos fundamentales de la historia bíblica -el Diluvio, el llamado de Dios a Abraham, el paso del Mar Rojo, la Alianza del Sinaí- como «tipos» o «figuras» de Cristo y de su obra salvadora. Es lo que se hace en numerosos Pasajes del Nuevo Testamento.
Y aún sin apartarse del sentido «literal», Dios puede decirnos mucho más de lo que dice la «letra». Un ejemplo característico de este sentido «más pleno» o «implícito» es el del oráculo de Isaías: «La joven está embarazada y dará a luz un hijo, y lo llamará con el nombre de Emanuel» . En su sentido «literal» histórico, este texto se refiere al nacimiento del hijo de un rey de la dinastía de David. San Mateo, por su parte, le da un nuevo sentido al aplicarlo a Jesús, el «Hijo de David» por excelencia y, como nadie, «Dios con nosotros».
El sentido alegórico
Por otra parte, es algo común referirse al sentido «alegórico» de la Sagrada Escritura. Antiguamente, este término tenía un significado más amplio que el actual y se refería a cualquier otro sentido que no fuera el «literal». En tal caso, el sentido «alegórico» correspondería al «típico», «figurativo» o «cristológico». En la actualidad, por alegórico se entiende más bien todo lo que es «simbólico». Esto supuesto, es evidente que la Escritura está llena de «alegorías» que, con frecuencia, pertenecen al sentido «literal». Pensemos en las parábolas y demás expresiones simbólicas tan comunes en el lenguaje oriental.
No hay duda de que, a menudo, lo «alegórico» logra expresar la realidad mucho mejor que lo «discursivo». Sin embargo, en ciertas épocas existió una exagerada tendencia «alegorizante», que casi prescindía del sentido «literal», o bien, lo dejaba en la sombra. Es un riesgo que siempre existe. Por eso conviene recordar lo que enseña santo Tomás de Aquino, el gran teólogo del siglo XIII: «En el sentido «espiritual» no se contiene nada necesario para la fe, que también no lo presente la Escritura en su sentido «literal»».
Asimismo, muchas veces se habla del sentido «acomodaticio» de los textos bíblicos. Con todo, más que un sentido «de» la Escritura, la «acomodación» es un sentido dado «a» la Escritura, cuando se la aplica a tal o cual persona o situación concreta dentro de la catequesis, la liturgia o la predicación. Este uso de la Biblia es válido, pero siempre dentro de un cierto límite. O sea, con tal que el uso no se convierta en « abuso», utilizándose la Biblia en forma arbitraria y fantasiosa.
«La Iglesia instruida por el Espíritu Santo, trata de acercarse cada vez más a una mayor comprensión de las Sagradas Escrituras, para poder alimentar siempre a sus hijos con las enseñanzas divinas». (Constitución sobre la Revelación divina, 23).
Para leer y comentar
Is. 7. 10-17; Mt. 1. 18-23 Rom. 5. 12-21
1 Cor. 10.1-13 1 Ped. 3. 18-22
Para orar
«Tu Palabra es una lámpara para mis pasos, y una luz en mi camino» Sal. 119. 105.