HOME
Directorio
Artículos
Oraciones
Biblia
Evangelios leídos
Magisterio
Catecismo
Código Derecho Canónico
Doctrina Social de la Iglesia
Liturgia de las Horas
Red Oración
Consultas
Al Sacerdote
Colaborar
Contacto
Curso de Teología
Curso de Catequesis

Introducción a la lectura de la Biblia


Un documento introductorio a la lectura de la Biblia de gran valor para quienes buscan una guía, breve pero completa, sobre el origen de las Escrituras, el contexto histórico, contenido, posible orden de lectura, claves de interpretación.

COMO HAY QUE LEERLA, POR DONDE EMPEZAMOS


Normalmente, un libro se lee comenzando por la primera página y terminando por la última. Se puede, pero no es así como conviene leer la Biblia. Recordemos que más que un «libro» es una «biblioteca». Y una biblioteca no se lee del primero al último libro de cada uno de los estantes. En hojas aparte, presentamos un posible «orden de lectura». Y asimismo, sugerimos las principales líneas para una lectura de la Biblia como «Historia de Salvación».

Eso facilitará, sin duda, una primera lectura bíblica. Es verdad que todo lo que está en la Biblia es Palabra de Dios, pero no todo lo es con el mismo grado de importancia. Hay muchas genealogías, prescripciones rituales, detalles geográficos o repeticiones que, a primera vista, pueden resultar tediosos y faltos de interés. Por otra parte, no todos están en condiciones de leer toda la Biblia, así como no todos los alimentos son para todos los estómagos.

Por supuesto, una forma privilegiada de lectura es el orden establecido por la Iglesia en sus tres ciclos litúrgicos. Resulta muy útil -como algunos ya lo hacen- leer previa o posteriormente los textos correspondientes a cada Domingo. Esto vale sobre todo para los Tiempos «fuertes», a saber, Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua. No olvidemos que entre la Biblia y la liturgia hay una relación tan estrecha que las hace inseparables.

¿Y bastará leerla?

De ninguna manera. Nunca se insistirá bastante en que hay que acercarse a la Sagrada Escritura con espíritu de fe. Y la fe es un don de Dios que es necesario implorar constantemente. De ahí que la oración debe acompañar habitualmente la lectura de la Biblia. Así se entabla el diálogo entre Dios y el hombre. «A El le hablamos cuando oramos, y a El lo escuchamos cuando leemos su Palabra», afirmaba en el siglo IV el gran obispo san Ambrosio.

Sólo el Espíritu de Dios, que está y permanece en nosotros, puede darnos la luz interior que nos permite penetrar en el sentido de los textos bíblicos. De otra manera no podríamos comprender debidamente lo que Dios quiere decirnos. «El Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre les enseñará todo y los introducirá en toda la verdad », leemos en el Evangelio de san Juan. «Lo que viene del Espíritu sólo se entiende plenamente mediante la acción del Espíritu», decía un escritor cristiano del siglo III. Sin el Espíritu, la Palabra escrita resulta letra muerta.

«Hablar con Dios es más importante que hablar de Dios», decía san Agustín. Y un gran pensador de nuestro siglo asegura: «Toda espiritualidad bíblica, judía o cristiana, está basada en la oración. El hombre bíblico es un «orante», sea ante el Muro de los Lamentos o en las sinagogas, en los templos cristianos o en la celda de un convento». En la oración podemos «rumiar» la Palabra de Dios, como María -la hermana de Lázaro- «sentada a los pies del Señor».

¿Es mejor leerla solos, o en grupo?

Las dos formas son buenas, pero ninguna excluye la otra. Tal vez lo ideal sea que combinemos ambas, o sea, la lectura individual y la grupal. La primera puede ayudarnos a lograr una mayor concentración e intimidad con la Palabra. La segunda puede enriquecernos con las reflexiones de los demás y evitar ciertas falsas interpretaciones puramente subjetivas. También en esto debe animarnos el espíritu comunitario.

De ahí la conveniencia de formar círculos de lectura bíblica con encuentros más o menos periódicos. Es indispensable que los dirija un sacerdote, una religiosa o un laico suficientemente iniciados. Además del texto, deben leerse las introducciones y notas que facilitan su comprensión. Y no hay que contentarse con «estudiar» la Biblia. Los participantes deben tratar de descubrir la manera de llevarla a la vida. En cuanto a abrir la Biblia al azar «para ver que dice», puede ser útil a veces, con tal de que no se haga pensando hallar respuestas «mágicas».

«Que los fieles se acerquen de buena gana al texto sagrado, sea a través de la liturgia, de la lectura espiritual o de otros medios, que felizmente se difunden ahora en todas Partes ». (Constitución sobre la Revelación divina, 25)

Para leer y meditar

Neh. 8-9 Lc. 10. 21-22

Lc. 10. 38-42 1 Tes. 1. 4-10; 2. 13

Para orar

«Me anticipo a la aurora para implorar tu ayuda: yo espero en tu Palabra» Sal. 119. 147.

(Reproducido con permiso de Apologetica.org)
www.iglesia.org

Artículos relacionados:

Introducción
Palabra de Dios y palabra de los hombres
Jesucristo centro de toda la Escritura
La Biblia es un libro y una Biblioteca
Géneros Literarios
Cómo nació y se formó la Biblia
Del Antiguo al Nuevo Testamento
Características de los cuatro Evangelios
Dios no se ata a la letra
Sagrada Escritura e Iglesia
Cuestionario correspondiente a cada tema
La Palabra habla sobre la Palabra
Un posible orden de lectura de la Biblia
Una idea central para cada uno de los Libros Sagrados
Lectura de la Biblia como Historia de Salvación
Recomendaciones en favor de la lectura bíblica
Para orar en los encuentros biblícos

Copyright © 1996-2007 Iglesia.org Todos los derechos reservados
www.iglesia.org



Programación:
Diseño Gráfico:Gonzalo Quesada