«CANTARÉ TUS ALABANZAS »
[Manuel Casado Velarde es Catedrático de Lengua española en la Universidad de Navarra y miembro correspondiente de la Real Academia Española.
Alguno de sus libros —por ejemplo, «El castellano actual: usos y normas » — está muy difundido entre los estudiantes y es texto de referencia entre los dedicados a las letras.
Sin embargo, el libro que ahora presentamos no está en la órbita de los misterios de la lengua, ni de la gramática, ni de la semántica, sino que trata del arte poético; pero de un género singular.
Su título es Cantaré tus alabanzas (Ed. Rialp, 2006) y es una antología de textos poéticos, representativos de la literatura en lengua española de diferentes épocas y lugares, que tienen en común el hecho de ser oración, es decir, comunicación personal del poeta con Dios.
Como escribió Torcuato Luca de Tena: « Las dos singularidades más destacadas del caudal literario español son paradójicamente la mística y la picaresca, cara y cruz, envés y revés, de nuestra idiosincrasia: barro y flor, la arcilla de Adán y las llagas de Cristo. »
La criatura humana —también en nuestros días, cuando tantos claman con el poeta: «¿Dónde te encuentras, Dios? » — necesita el trato íntimo con el Creador: esa comunicación trascendente que se llama oración. Los salmos son su máxima expresión y de esa sublimidad participan también muchos ejemplos de poesía mística recogidos en este libro.
Para esta Semana Santa, qué bien viene recordar aquellos antiguos versos del gran Lope de Vega
Tu me mueves, Señor; muéveme el verte
clavado en esa cruz y escarnecido;
muéveme el ver tu cuerpo tan herido;
muévenme tus afrentas y tu muerte.
O estos otros, más recientes, también con la fe del cristiano viejo y el arte consumado del poeta andaluz José María Pemán, :
¡Cuerpo llagado de amores
yo te adoro y yo te sigo!
Yo, Señor de los señores,
quiero partir tus dolores
subiendo a la Cruz contigo.
Publicamos una reseña del libro redactada por el equipo de arguments.]
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En el umbral de la Semana Santa, puede ser oportuno echar una mirada a los poetas de todos los tiempos que supieron sentir y expresar con hondura y belleza los misterios que celebramos. Y el reciente libro de Manuel Casado Cantaré tus alabanzas. Selección de poesías para orar (Madrid, Rialp, 2006) ofrece una selección de textos poéticos, representativos de la literatura en lengua española de diferentes épocas y lugares, que tienen en común el hecho de ser oración, es decir, comunicación personal con Dios. Muchas de las poesías celebran los misterios de la Pasión de Jesucristo y de la Sagrada Eucaristía, centro de la Semana Santa.
Su lectura detenida, o su meditación, además de ser una ayuda para el coloquio íntimo, de tú a tú, con cada una de las Personas de la Trinidad, permite comprobar cómo en la poesía pueden darse cita, a un tiempo, Verdad, Bondad y Belleza.
Contiene ciento treinta y cinco poesías de toda la literatura española, desde el Arcipreste de Hita o Juan del Encina, hasta los poetas contemporáneos, pasando por los que llenan nuestro Siglo de Oro: san Juan de la Cruz, santa Teresa de Jesús, Lope de Vega, Quevedo, Góngora, Baltasar del Alcázar, etc.
El siglo XX, el otro gran siglo de oro de nuestra poesía, está también representado ampliamente: desde nuestro Nobel Juan Ramón Jiménez, García Nieto, Luis Rosales, Rafael Morales, Antonio y Carlos Murciano, López Anglada, Pemán, hasta Miguel d’Ors, García-Máiquez o Carmelo Guillén.
Hispanoamérica se encuentra también presente, como no podía ser de otra manera: Vicente Huidobro, Ibáñez Langlois, la premio Nobel chilena Gabriela Mistral, Juana de Ibarbourou, Amado Nervo, Nicolás Guillén, Dulce María Loynaz, etc.
El lenguaje poético representa la plenitud del lenguaje humano, la actualización de todas sus posibilidades. Sumamente apto, por tanto, para ser cauce de la experiencia religiosa, de una tensión que raya lo inefable. Ahí están los Salmos y demás libros poéticos de la Sagrada Escritura. Y ahí están también los máximos exponentes de nuestra poesía áurea: Juan de la Cruz y Lope de Vega. No resulta, pues, extraño «el parentesco, según algunos tan cercano, de plegaria y poesía, de mística y lirismo », «donde la palabra lucha titánicamente con lo inefable » (Pedro Salinas, El defensor, Barcelona, Península, 2002, 206).
« El lenguaje poético cambia nuestro modo de habitar el mundo. De la poesía recibimos un nuevo modo de estar en el mundo, de orientarnos en este mundo » (Paul Ricoeur, Creativity in Language, 1973, 111). En efecto, la metáfora, núcleo de la expresión poética, siempre «dice algo nuevo sobre la realidad » (Ricoeur). El lenguaje de quienes han expresado sus vivencias religiosas en lenguaje poético amplía, por tanto, nuestros horizontes, ensancha nuestros conocimientos y experiencias.
El lenguaje, a veces en exceso abstracto, de la Teología y de las formulaciones dogmáticas o catequéticas, encuentra en la palabra poética el necesario complemento de « encarnación », de adecuación a la condición humana.
Este libro nos pone de lleno en contacto con «el misterio de la palabra humana, reflejo de la suprema Palabra creadora », como escribió el maestro Rafael Lapesa. Y nos proporciona una espléndida muestra de «la hermosura que con ella crearon aquellos que tuvieron el don de ser poetas ».
el autor del libro, Manuel Casado Velarde
Gentileza de Arguments.es
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