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«Coloquios nocturnos en Jerusalén»


Entregamos, pues, este libro para su publicación. Son pensamientos queridos tanto al P. Georg Sporschill como a mí mismo. Muchos diálogos con los jóvenes nos han motivado. En los jóvenes hemos experimentado una Iglesia abierta. Ellos luchan contra la injusticia y quieren aprender a amar. Ellos dan esperanza a un mundo difícil.


Card. + Carlo M. Martini SJ (*)
Jerusalén, noviembre de 2007




¿Qué le diría usted, como cardenal y teólogo, a alguien que no cree en Dios?

Tendría muchas preguntas para hacerle. ¿Qué cosas son importantes para él? ¿Cuáles son sus ideales? ¡Cuáles son sus valores? Eso es lo que quisiera descubrir. No intento persuadirlo a que haga nada; antes bien, le digo que tiene que probar su vida sin la fe en Dios y reflexionar sobre sí mismo. Tal vez sienta en algunos tramos de su vida una esperanza, tal vez sienta qué es lo que le da sentido y alegría a la vida. Le desearía que tenga conversaciones con gente que busque, con gente creyente. Tal vez, Dios le regale la gracia de reconocer que él existe.


¿Qué pregunta le plantearía usted a Jesús si tuviese la posibilidad de hacerlo?

Le preguntaría si me ama a pesar de que soy débil y de que he cometido tantas faltas. Yo sé que me ama, pero aun así quisiera escucharlo nuevamente de sus propios labios.

También le preguntaría si en la muerte me vendrá a buscar, o si me recibe. Le pediría que, en las horas difíciles, en la despedida o en la muerte, me envíe ángeles, santos o amigos que me tengan de la mano y me ayuden a superar mi temor.

Antes, siendo obispo y con la responsabilidad por la Iglesia, le habría preguntado: ¿por qué permites que exista un foso entre muchos jóvenes, sobre todo entre aquellos a los que no les falta nada, y la Iglesia, con todos los tesoros celestiales que ella puede llevar a los hombres? ¿Por qué ambas partes no pueden acercarse? Le preguntaría por qué deja que muchos jóvenes se vuelvan indiferentes de tal modo que, a veces, hasta pierden la alegría de vivir.

Como obispo le he preguntado a menudo a Dios: ¿por qué no nos das mejores ideas, por qué no nos haces más fuertes en el amor, más osados en el trato con las cuestiones de actualidad? O, también: ¿por qué tenemos tan pocos sacerdotes? ¿Por qué hay tan pocos religiosos, a pesar de que se los busca y necesita? Esas son las cosas que le preguntaba antes. Hoy le pregunto y le pido más bien que me acepte y que, cuando las cosas se pongan difíciles, no me deje solo.

¿Tiene usted una respuesta a la pregunta de qué quiere Dios de nosotros?

Dios quiere de nosotros que confiemos, que confiemos en él y también unos en otros. La confianza proviene del corazón. Si hemos hecho muchas experiencias positivas (…), llegaremos a ser personas seguras y fuertes. Las personas que han aprendido a confiar no tiemblan, sino que tienen la audacia de intervenir, de protestar cuando alguien dice algo despreciativo, malvado, destructivo. Sobre todo tienen el coraje de decir que sí cuando se las necesita. Dios quiere que sepamos que él está de nuestra parte. Él puede hacernos fuertes. No se puede realizar obra buena alguna, no se puede ir a los niños de la calle o a los sin techo o dirigir una Iglesia y decirse a sí mismo que uno lo hace con sus propias fuerzas. (…) Dios quiere hombres que cuenten con su ayuda y su poder. Esos hombres pueden transformar la tierra y, sobre todo, transformar el sufrimiento y las injusticias, a fin de que el mundo llegue a ser como Dios lo ha creado, como Dios lo quiere: lleno de amor, justo, bien cuidado, interesante. Para ello nos querría como colaboradores.


¿Cómo se puede vivir hoy en día la Iglesia?



(*) Carlo María Martini: Jesuita, fue arzobispo de Milán desde el año 1980 hasta hace poco tiempo, siendo una personalidad de relieve en el panorama católico internacional, profesor de la Pontificia Universidad Gregoriana y presidente de las conferencias episcopales europeas. Actualmente, luego de su retiro, trabaja y vive en Jerusalén, donde continúa sus estudios bíblicos. Es autor de innumerables libros que parten del texto sagrado para ahondar en la vida cristiana y el camino interior. (Fuente: www.palabranueva.net)




 

Extraído del libro «Coloquios nocturnos en Jerusalén»
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