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Cónclave: bajo el cobijo del Espíritu Santo


La oración de los fieles católicos y de la Iglesia entera se eleva durante el cónclave para elegir al Sucesor de Pedro.


La responsabilidad de elegir al Sumo Pontífice le toca directamente a los cardenales electores, pero toda la Iglesia, todos los católicos, tenemos la grave obligación de encomendar constantemente a los electores al Espíritu Santo durante el tiempo en que se desarrolle el cónclave.

Es un deber de hijos de Dios pues también somos Iglesia. La fidelidad al Papa se demuestra también, y con mayor razón, durante el proceso de elección del Sucesor de Pedro. Encomendar a los cardenales electores es muestra del amor a la Iglesia y de nuestro compromiso y fidelidad como católicos.

Pormenores del cónclave


En la mañana del día fijado para el comienzo del cónclave, reunidos en la Basílica de San Pedro, los cardenales electores celebran la Misa votiva Pro eligendo Papa. Por la tarde, los electores acuden en procesión a la Capilla Sixtina.

El cardenal camarlengo, ayudado desde fuera de la Capilla por el sustituto de la Secretaría de Estado, vigila que la elección se desenvuelva bajo las normas de reserva y discreción previstas.

Antes de la promulgación de la Universi Dominici Gregis había tres modos de elección del Romano Pontífice: per acclamationem seu inspirationem (por aclamación o inspiración), per compromissum (por compromiso) y per scrutinium (por escrutinio).

La elección por escrutinio, el único modo actualmente válido, tiene lugar a través de la votación, individual y secreta, de los Cardenales electores. Está prescrito que se deben realizar dos votaciones cada día, además de una votación la tarde en que comienza el cónclave. Para que sea válida la elección debe contar con dos tercios de los votos. El artículo 74 prevé que, si después de 24 escrutinios los Cardenales no consiguen ponerse de acuerdo sobre el Cardenal elegido, podrán decidir por mayoría absoluta el modo de proceder, pero nunca se deberá prescindir del requisito de exigir mayoría simple para que sea válida la elección.

Después de cada elección se queman las papeletas. La tradición indica que los Cardenales provoquen con paja seca o húmeda que el humo sea negro, si no se ha elegido al Papa, o blanco si se ha elegido al nuevo Romano Pontífice: es la conocida fumata negra o fumata blanca, que suele ver el pueblo romano desde la plaza de San Pedro.

La legislación canónica no impone requisitos para ser elegido Papa: por lo tanto, se deben considerar requisitos los propios del derecho divino para ser Obispo, es decir, ser varón con pleno uso de razón. En la práctica, sin embargo, desde hace muchos siglos el elegido ha sido siempre Cardenal.

Una vez elegido, el Cardenal Decano pregunta al elegido si acepta su elección canónica como Sumo Pontífice. Si el elegido que es Obispo acepta, desde ese momento adquiere de hecho la plena y suprema potestad sobre la Iglesia universal. Una vez que ha aceptado, le pregunta el nombre por el que quiere ser llamado. Si el elegido no es Obispo, se procede inmediatamente a su ordenación episcopal.

Los Cardenales a continuación le rinden homenaje y le prestan obediencia. Después el primero de los Cardenales Diáconos -es decir, el Cardenal Protodiácono- anuncia desde el balcón de la Basílica Vaticana al pueblo reunido en la plaza de San Pedro la elección del nuevo Papa, usando la tradicional fórmula: “Nuntio vobis gaudium magnum: habemus Papam!”. El Romano Pontífice imparte la bendición Urbi et Orbi.

De acuerdo con el artículo 90, si el elegido se encuentra fuera de la Ciudad del Vaticano, “deben observarse las normas del mencionado Ordo rituum Conclavis”

El artículo 92 indica que “el Pontífice, después de la solemne ceremonia de inauguración del pontificado y dentro de un tiempo conveniente, tomará posesión de la Patriarcal Archibasílica Lateranense, según el rito establecido”.

Oraciones al Espíritu Santo, para encomendar al Colegio cardenalicio



Ven Espíritu Santo
Secuencia de Pentecostés

Ven, Espíritu Santo,
y envía desde el cielo
un rayo de tu luz.
Ven, padre de los pobres;
ven dador de gracias,
ven luz de los corazones.
Consolador magnífico,
dulce huésped del alma,
su dulce refrigerio.
Descanso en la fatiga,
brisa en el estío,
consuelo en el llanto.
¡Oh luz santísima!,
llena lo más íntimo
de los corazones de tus fieles.
Sin tu ayuda,
nada hay en el hombre,
nada que sea bueno.
Lava lo que está manchado,
riega lo que está árido,
sana lo que está enfermo.
Doblega lo que está rígido,
calienta lo que está frío,
endereza lo que está extraviado.
Concede a tus fieles
que en Ti confían
tus siete sagrados dones.
Dales el mérito de la virtud,
dales el puerto de salvación,
dales la felicidad eterna.

Ven, Espíritu Creador

Ven, Espíritu Creador, visita las mentes de los tuyos;
llena de gracia celestial los corazones que Tú creaste.
Tú, llamado el Consolador Don del Dios Altísimo,
Fuente viva, fuego, caridad y espiritual unción.
Tú, con tus siete dones, eres fuerza de la diestra de Dios.
Tú, el prometido por el Padre;
tu palabra enriquece nuestros labios.
Enciende tu luz en nuestras mentes,
infunde tu amor en nuestros pechos,
y a la debilidad de nuestra carne vigorízala con redoblada fuerza.
Al enemigo ahuyéntalo bien lejos,
danos la paz cuanto antes;
yendo Tú delante como guía sortearemos todos los peligros.
Que por Ti conozcamos al Padre,
conozcamos igualmente al Hijo y en Ti,
Espíritu de ambos,
creamos en todo tiempo.

V. Envía tu espíritu y todo será creado.
R. Y se renovará la faz de la tierra.
Oremos,
Oh Dios, que has iluminado los corazones de tus hijos con la luz del Espíritu Santo; haznos dóciles a tu Espíritu para gustar siempre el bien y gozar de su consuelo. Por Jesucristo Nuestro Señor.
R. Amén.

Letanía al Espíritu Santo

Señor, Tened piedad de nosotros.
Jesucristo,
Señor,
Dios, Padre celestial,
Dios, Hijo, Redentor del mundo,
Dios, Espíritu Santo, Trinidad Santa, que sois un solo Dios,
Divina Esencia,
Dios verdadero y único,
Espíritu de verdad y de sabiduría,
Espíritu de santidad y de justicia,
Espíritu de entendimiento y de consejo,
Espíritu de caridad y de gozo,
Espíritu de paz y de paciencia,
Espíritu de longanimidad y mansedumbre,
Espíritu de benignidad y de bondad,
Amor substancial del Padre y del Hijo,
Amor y vida de las almas santas,
Fuego siempre ardiendo,
Agua viva que apagáis la sed de los corazones,
De todo mal, Libradnos Espíritu Santo.
De toda impureza de alma y cuerpo,
De toda gula y sensualidad,
De todo afecto a los bienes terrenos,
De todo afecto a cosas y a criaturas,
De toda hipocresía y fingimiento,
De toda imperfección y faltas deliberadas,
Del amor propio y juicio propio,
De la propia voluntad,
De la murmuración,
De la doblez a nuestros prójimos,
De nuestras pasiones y apetitos desordenados,
De no estar atentos a vuestra inspiración Santa,
Libradnos Espíritu Santo.
Del desprecio a las cosas pequeñas,
De la glotonería y malicia,
De todo regalo y comodidad,
De querer buscar o desear algo que no seáis Vos,
De todo lo que te desagrade,
De todo pecado e imperfección y de todo mal,
Padre amantísimo, Perdónanos.
Divino Verbo, Ten misericordia de nosotros.
Santo y Divino Espíritu,
No nos dejes hasta ponernos en la posesión de la Divina Esencia,
Cielo de los cielos.
Cordero de Dios, que borras los pecados del mundo,
Enviadnos al divino Consolador.
Cordero de Dios, que borras los pecados del mundo,
Llenadnos de los dones de vuestro espíritu.
Cordero de Dios, que borras los pecados del mundo,
Haced que crezcan en nosotros los frutos del Espíritu Santo.
Ven, ¡oh Santo Espíritu!,
llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor.
V. Envía tu espíritu y todo será creado.
R. Y se renovará la faz de la tierra.
Oremos
¡Oh Dios!, que habéis instruido los corazones de los fieles con la luz del Espíritu Santo, concedednos, según el mismo Espíritu, conocer las cosas rectas y gozar siempre de sus divinos consuelos. Por Jesucristo, Señor nuestro.
R. Amén.





Gentileza de Encuentra.com
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