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Jóvenes católicas cubriendo la: brecha


Testimonios de la participación del Centro de Estudiantes deFilosofía - 2003 en el XVIII Encuentro de Mujeres Autoconvocadas en la ciudad de Rosario, Argentina.

Por Erika Núñez y Mariana Canale

Hace dieciocho años se vienen organizando y realizando en nuestro país Encuentros de Mujeres que se autoconvocan para tratar temas importantes de interés para la mujer, sobre sus derechos como persona y como miembro de la sociedad.


En agosto de este año, concurrieron alrededor de 12.000 mujeres a la ciudad de Rosario, sede del XVIII Encuentro, para debatir una amplia gama de cuestiones tales como Anticoncepción y Aborto, Estrategias para la legalización del Aborto, Lesbianismo, Identidad, Género, Mujer y Trabajo, Mujer y Partidos Políticos, por nombrar sólo algunos de los 44 temas propuestos en más de 55 talleres durante dos días.


Los Encuentros se realizan en distintas ciudades de Argentina y su importancia radica en que las conclusiones que se emiten son la materia prima que senadores y diputados utilizan para preparar sus anteproyectos de ley. Leyes como la de salud reproductiva o la de Unión Civil, entre otras han tenido como antecedentes estos Encuentros auto-convocados.


Característica propia de estos congresos es su carácter reinvidicador, no sólo de los derechos de la mujer, sino de toda su existencia individual y colectiva. En estos congresos, se plantea y promete llegar a generar una sociedad nueva, a través de una mujer nueva. Ellas mismas lo expresan así: «queremos ponernos a la altura del desafío de inventar, crear y construir la autoorganización directa de las mujeres». De esta manera, proclaman y reclaman sobre todo su libertad en medio de una opresión patriarcal de la cultura y de la Iglesia Católica represora, que busca dirigirles la vida. Asimismo, hablan de la auto-transformación de la sociedad reconociendo sus contradicciones y debilidades y de una hermandad de mujeres que pueda crecer como una nueva comunidad humana. Todo esto a partir de reflexiones, del debate y del diálogo. .

Por otro lado, el reglamento del Encuentro tiende a plantear un clima democrático de discusión. Sin embargo, la realidad que se vive es muy distinta. En primer lugar, la convocatoria es llevada a cabo por grupos muy específicos y minoritarios, como agrupaciones feministas internacionales, partidos políticos, comunistas, socialistas, sindicatos obreros, etc. En fin, grupos afines ideológicamente, a tal punto, que si se aplicara un criterio democrático a las conclusiones, la expresión reflejaría una minoría muy reducida en Argentina pero con mucho ímpetu para dar a conocer sus pretensiones.

Estos intereses en absoluto son representativos del pensamiento y querer de la mayoría, es por ello la hostilidad y agresión hacia quienes tengan la intención de concurrir por el sólo hecho de ser mujer y de tener derecho a expresarse. Sólo son bienvenidas aquellas que apoyen sus consignas. Es reiterada el llamado al «boicot» hacia quienes piensan distinto, fundamentalmente a toda afirmación científica y filosófica que postule la existencia de la vida desde la concepción. Por tanto, son las mujeres católicas, llamadas por ellas «marionetas», las principales piedras de tropiezo que tienen en estos congresos para poder elevar sus conclusiones a favor de una cultura de la muerte. A pesar de ser las católicas, una minoría muy reducida (De 12000 mujeres, sólo 600 son católicas), ellas han sabido actuar con astucia y sagacidad para incluir como parte de las conclusiones, aquellas a favor de la vida y la familia.

Para el Comité Organizativo la presencia de la Iglesia les significa un retrazo para sus fines. Es la institución que induce al Capitalismo pero sobretodo, es la gran represora social. Totalitaria. En este Encuentro se propusieron reiteradamente excluir para los próximos años a toda mujer que se diga católica, cosa que no tiene fundamento puesto que tal discriminación le quitaría al Encuentro, su carácter libre y de autoconvocadas, no representando de esta manera la voz de la mujer argentina, cosa que pretenden afirmar.

Es muy característico de estos congresos, la exaltación del valor de la «Tolerancia» en detrimento de la Verdad. Todo es opinable, cada uno tiene su verdad, y es aceptada siempre y cuando no contradigan los fines de estas agrupaciones. De otro modo, uno tiene que estar preparado para los insultos y agresiones. Asimismo, todo mensaje pro-vida en carteles y folletos, son prohibidos. Es decir, proclaman tolerancia y hacen todo lo contrario. Realzan la libertad de expresión y prohíben expresar cualquier idea contraria a las suyas. Condenan a la Iglesia de totalitaria y son ellas las que se comportan como tal.

Por otro lado, no está exento de estos congresos, la compra de mujeres adherentes para sus planes y proyectos. Éste es el motivo por el cual muchas mujeres llegan desde lugares alejados y carenciados del país, mujeres de bajísimos recursos económicos y sin formación intelectual, contratadas solamente para votar a favor del aborto o temas afines. Comentaba una mujer campesina jujeña que lleva un rosario en el cuello: «Hermana, si no venía me sacaban el plan; y con esa miseria atiendo a mis hijos».

En algunos talleres no se da lugar para el diálogo. Bajo la consigna que «ciencia y sentido común son producto de una sociedad patriarcal» ya no quedan oídos para las razones, solamente tienen validez en las opiniones las experiencias personales que apelan a los sentimientos y emociones para evitar disputas a nivel intelectual.

El gran dios del encuentro es la libertad, éste permite expresar posturas desde las más ridículas y contradictorias hasta las más duras y crueles. Pensamiento utilitarista y pragmático, que llevado al extremo por el egoísmo, se hace histérico. De esta manera, uno es testigo de afirmaciones como: «¿Qué diferencia hay entre una rata y nosotras?», «Soy libre de decidir sobre mi cuerpo y puedo desechar a mi hijo cuando quiero, por que viola mi libertad, yo no lo esperaba, no lo quiero», «Prefiero un dolor de cabeza por la pastilla (anticonceptiva) que volver a soportar el llanto de otro hijo», «El hijo en mi panza es persona sólo si decido tenerlo; de lo contrario allí no hay más que un puñado de células de mi cuerpo sobre las que yo tengo total derecho». Estas expresiones como puñado de células y además pre-embrión fueron los términos más utilizados en el taller de aborto. Es obvio que estos argumentos no se incluirán en las conclusiones por ser argumentos que ellas mismas saben que no tienen mayor fundamento. Lo que pretenden negar con todo esto es que el mal llamado pre-embrión ya contenga toda la información genética para ser una persona, es decir, que la vida comienza desde momento de la concepción.

En este contexto, el consenso se transforma en el juez que dictamina sobre la verdad de las conclusiones, y esto es lo que consideramos más grave en este tipo de Encuentros y hemos luchado para que no sea el criterio final puesto que sería un atropello a la libertad de expresión. Recordemos la proporción entre católicas (600) y asistentes en general (12000). Así, por ejemplo, si por consenso se concluye que el feto es hombre a partir de un cierto número de días, esto irá a las conclusiones que preparará el caldo de cultivo para futuros proyectos de ley en materia de manipulación del embrión humano como es el aborto, clonaciones, manipulación genética, experimentación médica, etc. El consenso se corona, entonces, por encima de la naturaleza, de la ley natural, del respeto por lo dado.

En este fin de semana, pudimos también ser testigos de cómo tras el grito «Yo aborté y soy feliz» se veían los ojos intranquilos, los rasgos nerviosos, los sentimientos de culpa de las mismas mujeres que lo vociferaban. Es conmovedor ver cómo muchas de las pro-abortistas, han sido seducidas por no tener en su experiencia, una contención adecuada en los momentos difíciles. Esto es ya un llamado para nosotras que defendemos la vida. Sabemos que la solución no está por este camino, pero, ¿hacemos lo suficiente para que muchas mujeres como nosotras, no lo tomen? Somos conscientes de que la lucha es titánica pero para eso nos preparamos. De algún modo, esto también es filosofía. Porque las que promueven el aborto, lo hacen como respuesta a una realidad que no es ficticia. Son problemas reales, que también como filósofos nos corresponde pensar.

Por las plazas, miles de mujeres repetían con fuerza frases armadas, sin comprender su cabal significado. Pocas eran en realidad, las mujeres que tenían una clara posición frente a los temas y que conocían los logros de los grupos feministas en estos últimos años y los planes y objetivos que se proponen. Era como ver el ideal gramsciano de unir a la elite intelectual con el pueblo. Las almas simples arrastradas por feministas de convicción. Por todos lados, se instaba contra la maternidad o también de liberarse de la culpa por abortar, argumentando que esa culpa era producto de la opresión que ejerce la Iglesia.

Estos encuentros son una clara muestra de la denigración extrema que está padeciendo el hombre de hoy, es decir, no sólo se denigra la dignidad de la mujer, sino también la del varón. Los argumentos que se escuchan son exageradamente irracionales, pero sostenidos con total fanatismo que ganan adeptas día a día.

¿Una batalla ya perdida?


Participamos en una verdadera batalla entre la cultura de la vida y la cultura de la muerte. La verdad ya fue derrotada a los ojos humanos ya que esta disputa fue resuelta a otro nivel. Las grandes potencias a través de la ONU, van desplegando en los países subdesarrollados una política de dominación desde lo político, económico, cultural e ideológico, especialmente en Latinoamérica a través de programas sociales como los de salud reproductiva y planificación familiar. Frente a la amenaza que significa para ellos el crecimiento de la población, nos mantienen a raya a través de la imp1ementación de estas políticas, que es condición para recibir ayuda económica. Mientras los grupos antivida en Argentina ven como triunfo propio la sanción de leyes acordes a sus reclamos, su ceguera no les deja ver que son usadas para salir al campo de batalla. Los legisladores necesitan dar excusa y respaldo popular a las leyes que sacan.

Una feminista en uno de los talleres, indignada y a los gritos después de escuchar varias intervenciones provida, contrarias al objetivo del Encuentro, nos preguntaba el por qué de nuestra participación. Nos repetía «¡Si ustedes tiene las leyes de su lado! ¡Nosotras en treinta años tuvimos solo un triunfo! Vienen a estorbamos ¿Para qué vienen? Déjennos en paz».

Quienes la escuchamos nos convencimos aún más de nuestra participación. Comprendimos la urgencia de frenar esta vuelta atrás en los valores, de frenar la confusión. Porque nosotras creemos que hay una verdad, creemos que la vida tiene valor y que existe una dignidad de la mujer que debemos defender.

Ganó la muerte en muchos sentidos, pero también hubo triunfos importantes a favor de la vida. Las feministas buscaban lograr unanimidad en sus conclusiones; y esto no lo consiguieron. El efecto que produce la no unanimidad de una conclusión es la demora para la aprobación de una ley. Retrasar, por ejemplo, la aparición de una ley como la del aborto legal significa que un gran número de niños podrán nacer sin estar bajo la decisión de sus padres de ser abortados. También sabemos de algunas mujeres que participaban sólo para informarse o para recibir un dinero por su voto, que viendo el testimonio de vida de muchas mujeres que sin ningún interés particular defendían la vida con la misma radica1idad que las feministas defendiendo la muerte, decidieron no abortar y otras buscar más información como por ejemplo los métodos naturales. Algo que comprobamos es que la verdad se impone por su propia fuerza y no por la violencia, pero hay que mostrar1a y defenderla. Nos dimos cuenta como la guerra ideológica no es sólo en el campo intelectual, sino que llega a la vida de la gente y muchos inocentes son víctimas de la mentira y confusión.

Nos encontramos con una realidad fría, descorazonada, que responde a una mentalidad calculadora, utilitarista, donde la vuelta del hombre contra el mismo hombre se hace patente. Conocimos a mujeres convencidas que buscan sinceramente ser plenas, pero en el 1ugar equivocado. Nos impactamos del desdibujamiento de la verdad. En estos tiempos de confusión hay que salir a abrir brechas de claridad con la verdad, allí donde se mueven las aguas, para intentar dar respuesta a las necesidades que vemos.



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