Capítulo XIV
Meditando el Evangelio
Página de información sobre los Evangelios
El status jurídico de Israel y la decisión de dar muerte a Jesús
El Israel del siglo I era reconocido como una comunidad étnico-religiosa. No era un Estado. Y así, su status jurídico era casi el inverso al que posee actualmente. De ahí la dificultad que a veces tenemos para percibir la continuidad entre aquel Israel de hace veinte siglos y el de nuestro tiempo.
El Templo era entonces el factor más importante en la configuración de la identidad colectiva de los israelitas. Y el Sumo Sacerdote –junto con el Sanedrín– acababa siendo la autoridad suprema de Israel. Por lo demás, la sede oficial del Sanedrín estaba situada en una de las salas adyacentes al Templo; es decir, formaba parte del conjunto del edificio.
Una comparación que puede hacer entender muchas cosas es que hoy el israelita expresa su fervor patriótico ante todo en la actividad combatiente; entonces proyectaba ese mismo fervor en la práctica religiosa. De acá la importancia de los fariseos en la preservación de la identidad colectiva de Israel y la vehemencia con que éstos actuaban.
Los israelitas no podían tener ninguna fuerza armada, excepto el servicio de seguridad del Templo; el cual estaba a las órdenes del Sumo Sacerdote. Por eso los Evangelios mencionan a los guardias como ministros o siervos del Pontífice.
Israel ansiaba entonces lograr su autonomía política y tener así el status de Estado soberano. En términos de aquella época, los israelitas esperaban formar un Reino, con un rey a la cabeza. No se les ocultaba que tal pretensión era muy ambiciosa, dado el poderío político-militar del Imperio Romano al que habían sido anexionados. De ahí que esta expectativa estuviese puesta en la fuerza divina del Mesías, cuya inminente venida se aguardaba. Él debería realizar esta independencia política de Israel.
La proclamación que hizo Jesús de su realeza al menos en parte fue bien entendida. Pilato, que tenía buenas redes de información, nunca consideró que la actividad de Jesús fuese políticamente amenazadora. Por su parte, aunque acusaron a Jesús de decirse rey, tampoco los sanedritas estaban convencidos de que el Reino anunciado por Jesús tuviese un alcance político. Al contrario, estaban seguros de que no lo tenía; y también por eso no creyeron en él.
Se podría preguntar entonces por qué el Sanedrín y buena parte de los fariseos en vez de tomar una actitud de indiferencia, reaccionaron de manera fuertemente hostil hacia Jesús. Es verdad que no traía el reino que esperaban; pero tampoco eso era motivo para enfrentarse con él y perseguirlo a muerte.
Dicen Mc y Mt que Pilato se dio cuenta de que los sanedritas lo habían entregado por envidia (Mc 15, 10; Mt 27, 18). Esto significa que, según éstos, la actividad de Jesús era algo que los desplazaba y los dejaba de lado. ¿En qué sentido?
Jesús proclamaba un Reino que –además de no tener una validez política– no hacía lugar al Templo (cf Jn 4, 21), ni a todo lo que con él estaba unido: una forma de culto y un sacerdocio, con el Sumo Sacerdote y el Sanedrín a la cabeza. Por consiguiente, si crecía el número de los creyentes en Jesús, Israel estaba llamado a desaparecer incluso como grupo étnico-religioso (cf Jn 11, 48). De acá la decisión del Sanedrín de que muriera uno solo, en lugar del entero Israel (cf