El dinero: ¿amigo o enemigo?
El uso que le damos al dinero puede marcar la diferencia en nuestra vida y la de los otros. El dinero es necesario (ni quien lo dude...), pero ¿es nuestro “amigo” por ello? ¿Por el hecho de permitirnos comprar pan, ropa y boletos para el cine es nuestro “amigo”? ¿O será, quizá, un enemigo disfrazado? Intentemos resolver el problema.
El musical de Los Miserables se fue de México. La novela que le dio vida no es mucho mejor que el espectáculo de Broadway, pero se defiende. En ella, Victor Hugo escribe una cosa que me llamó mucho la atención:
“La mujer se dirá a sí misma: ¿Y si no tuviera diez mil libras de renta? Y el hombre se dirá a sí mismo: ¿Y si no tuviera pan?”
-Víctor Hugo, Los Miserables
El dinero es necesario (ni quien lo dude...), pero ¿es nuestro “amigo” por ello? ¿Por el hecho de permitirnos comprar pan, ropa y boletos para el cine es nuestro “amigo”? ¿O será, quizá, un enemigo disfrazado? Intentemos resolver el problema.
Seguramente habrá libros, manuales y personas “sabias” que respondan concretamente que el dinero es una maldición. Incluso he escuchado quienes lo consideran algo maligno... La verdad no lo creo así. Me parece que calificarlo de “bueno” o “malo” es darle mucho más valor del que tiene: la moneda no tiene valor en sí misma.
Me explico: si el dinero vale algo es por su relación con alguna otra cosa. Nadie considera valiosa a una moneda que ya está fuera de circulación. Ya no es útil y por lo tanto ya no es valiosa; de esta manera, lo “bueno” o lo “malo” del dinero depende de las circunstancias que lo rodeen.
¿Cuándo es malo? Cuando las circunstancias lo impulsan a serlo, es decir, cuando permitimos –por ejemplo- que sea él quien rija nuestra vida. “Es que no me imagino mi vida sin ir de shopping a Houston”, en el momento en que esta necesidad se vuelva imperiosa para vivir, en ese momento se habrá vuelto nuestro enemigo (a esto algunos filósofos lo llaman “materialismo”).
En cambio, ¿cuándo es bueno? Pues cuando lo utilizamos como un medio para mejorar. Si comer bien nos proporciona salud (lo cual es un “mejoramiento”) y para comer utilizo el dinero, entonces ahí será bueno el dinero. Yo por mi parte me uno a Alberto Tensai y expreso: “¿para qué quiero el dinero, sino para hacer sonreír a la gente?” Este, quizás, sea el verdadero valor del dinero: hacer sonreír (y no me refiero a MacDonald’s).
Gentileza de Tu mundo.com
Por Juan José Díaz Enríquez, alumno de la Facultad de Filosofía, Universidad Panamericana
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