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Domingo de Ramos


Entrada mesiánica en Jerusalén


El domingo anterior a la Pascua de Resurrección presenta un carácter doble: festivo y doloroso a la vez. Este día en la liturgia, proclamamos a Jesús alzando nuestro ramos, recordando su entrada en Jerusalén, días antes de ser condenado y crucificado. Ese día "Jesús sale muy de mañana de Betania. Allí, desde la tarde anterior, se había congregado muchos fervientes discípulos suyos; unos eran paisanos de Galilea, llegados en peregrinación para celebrar la Pascua; otros eran habitantes de Jerusalén, convencidos por el reciente milagro de la resurección de Lázaro(...) Las cirscunstancias se presentaban propicias para un gran recibimiento, pues era costumbre que las gentes saliesen al encuentro de los más importantes grupos de peregrinos para entrar en la ciudad entre cantos y manifestaciones de alegría .El Señor no manifestó ninguna oposición a los preparativos de esta entrada jubilosa. Él mismo elige la cabalgadura: un sencillo asno" (Fernández Carvajal)

A medida que va avanzando, muchos de esos peregrinos "extendían sus mantos por el camino"(Lc.19,36) para honrarlo y cantaban llenos de alegría:

"¡Bendito el rey que viene
en nombre del Señor!
Paz en el cielo
Y gloria en las alturas" (Lc.19,38)


Sin embargo, como reflexiona Juan Pablo II, "sobre el entusiástico "hosanna" se ciernen espesas tinieblas. Las tinieblas de la Pasión que se aproxima. Cuán significativas resultan las palabras del profeta, que en esa jornada tienen su cumplimiento:

"No temas, ciudad de Sión
mira que tu Rey llega
montado en un borrico"
(Jn 12,13; cf. Zc 9,9)


¿Puede en este día de júbilo general del pueblo a causa de la venida del Mesías, la ciudad de Sión tener motivo de temor? Por supuesto que sí. Cercano está ya el tiempo en que en labios de Jesús se cumplirán las palabras del salmista: "Dios mío, Dios Mío, ¿por qué me haz abandonado?" (Sal 21(22),2) El va a ser quien pronuncie estas mismas palabras desde lo alto de la cruz.

Jesús sabía lo efímero de esa hora de honores. Sabía que la entrada a Jerusalén significaba el cumplimiento de su entrega total. Miraba los rostros de esa gente que lo saludaba, que lo honraba con palmas y ramas de olivos. Ramas y palmas frágiles y caducas, símbolos de la debilidad humana, por la cual El iba a dar su Vida. Ramas y palmas que se convertirían en manos alzadas pidiendo su crucifixión. Nos dice San Bernardo en su sermón del Domingo de Ramos: "¡Qué diferentes voces eran : (...) crucifícale y bendito sea el que viene en nombre del Señor, hosanna en las alturas! ¡Qué diferentes voces son llamarle ahora Rey de Israel, y de ahí a pocos días: no tenemos más rey que el César! ¡Qué diferentes son los ramos verdes y la cruz, las flores y las espinas! A quien antes tendían por alfombra los vestidos propios, de allí a poco le desnudaban de los suyos y echan suertes sobre ellos".

Esta incoherencia de los mismo seguidores de Jesús nos cuestiona sobre nuestra propia actitud. Nos plantea si somos fieles a Cristo, en cada circunstancia o grupo humano que nos concierne. La fidelidad a Cristo es el gran tema de reflexión de este día. "La entrada triunfal de Jesús en Jerusalén pide a cada uno de nosotros coherencia y perseverancia, ahondar en nuestra fidelidad, para que nuestros propósitos no sean luces que brillan momentáneamente y pronto se apagan. En el fondo de nuestros corazones hay profundos contrastes: somos capaces de lo mejor y de lo peor. Si queremos tener vida divina, triunfar con Cristo, hemos de ser constantes y hacer morir por la penitencia lo que nos aparta de Dios y nos impide acompañar al Señor hasta la Cruz" (Fernández Carvajal)

La liturgia de las palmas en este domingo, llamado "pascua florida", anticipa el triunfo de la Resurrección. Y la lectura de la Pasión, nos invita a entrar conscientemente en la Semana Santa de la entrega gloriosa y amorosa de Cristo, el Señor. Además nos habla de la Eternidad, de la Jerusalén celestial que nos espera en la segunda venida de Cristo, donde cantaremos como en la antífona de este domingo: "levantad, puertas, vuestros dinteles; levantaos puertas antiguas, para que entre el rey de la Gloria".

María Eugenia Ortiz
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