Educar la Palabra Humana
Enrique Martínez
Director de la Universidad Virtual Santo Tomás
Secretario General de la Soc. Internacional Tomás de Aquino
1. Educar la virtud
La pregunta acerca de la causa final es fundamental si queremos estudiar cualquier actividad, dado que sin la determinación al fin no se daría siquiera la acción.[1] Por eso la definición de toda acción viene especificada siempre por el fin correspondiente.[2] Desde estas premisas se infiere que la investigación dirigida a definir la esencia del quehacer educativo exige, por lo tanto, responder a la cuestión acerca de su causa final.[3]
Santo Tomás de Aquino, aun sin tener un tratado sistemático sobre la educación, nos ofrece una solución a este asunto.[4] Lo hace al hablar de los fines del matrimonio, uno de los cuales es la educación de los hijos: "La naturaleza no tiende solamente a la generación de la prole, sino también a su conducción y promoción al estado perfecto del hombre en cuanto hombre, que es el estado de virtud".[5]
Que esta traductio et promotio se refiere a la educación, aun sin estar expresamente indicado en la cita, puede probarse por aquellos otros textos que sitúan el hecho educativo como complementario del procreador: "La razón natural exige que el hombre use del acto generativo según lo que conviene a la generación y educación de la prole".[6]
La educación encuentra, pues, su fin propio en el "estado perfecto del hombre en cuanto hombre, que es el estado de virtud". Pero, ¿qué entiende santo Tomás por virtud? En general afirma que es la "perfección de la potencia";[7] y refiriéndose en particular a las potencias propias del hombre define la virtud como "hábito bueno y operativo del bien".[8] Es un hábito porque, al no estar determinadas las potencias racionales a un solo acto sino a muchos, no les basta una virtud natural sino un hábito o disposición estable;[9] es un hábito operativo porque las potencias racionales no proporcionan el ser, sino que están ordenadas al obrar;[10] y es un hábito bueno porque la perfección no dice relación con el mal, que implica defecto, sino con el bien.[11]
Por eso en la definición dada de educación santo Tomás utiliza también la expresión "estado", es decir, un accidente de la sustancia (sub-stare) que viene a perfeccionarla según su naturaleza y de un modo estable.[12] Si el estado determina extrínsecamente a la sustancia hablamos de una "posición" -como por ejemplo el estar de pie, que es la postura propia del hombre-;[13] y si la perfecciona de modo intrínseco o moral decimos que es una "cualidad", que por ser estable llamamos "hábito", y que cuando se ordena al bien recibe el nombre de "virtud". Luego el estado moral propio del hombre, al cual debe dirigirse toda acción educativa, es el de la virtud; en él queda el hombre dispuesto permanentemente a obrar bien.
Y a ese estado moral propio del hombre, que es el de la virtud, lo denomina también santo Tomás estado de libertad: "Sólo pertenece al estado del hombre lo que se refiere a la obligación de su misma persona, en cuanto que la persona puede ser dueña de sí misma o depender de otra, y no por causa leve o fácilmente mudable, sino por algo permanente, que es lo que implica el concepto de libertad o esclavitud. Por consiguiente, el estado pertenece propiamente a la libertad o esclavitud".[14]
En efecto, la perfección buscada debe ser según la propia naturaleza -en la definición dada de educación se afirma explícitamente "estado perfecto del hombre en cuanto hombre"-; y las acciones propiamente humanas son las realizadas libremente, mediante una voluntad deliberada.[15] Dado que esta "facultad de la voluntad y la razón" que es el libre albedrío "es indiferente para elegir bien o mal"[16] -como ya se indicó con anterioridad-, necesita hábitos[17] que lo dispongan de un modo estable al bien. Estos hábitos buenos no proporcionan al hombre el dominio sobre sus actos, sino un dominio perfecto para su perfecta operación;[18] es decir, un recto y difícilmente mudable dominio de sus actos. Por todo ello podemos decir que este "estado perfecto del hombre en cuanto hombre" es un estado de libertad moral, que es el fin de la educación. Y que éste es el estado de virtud lo afirma el mismo santo Tomás cuando asegura que "el acto de la virtud no es otra cosa que el buen uso del libre albedrío".[19]
En este estado parece como si el libre albedrío hubiera alcanzado su mayoría de edad; y esta analogía entre el niño y el adulto la utiliza santo Tomás para mostrarnos cómo en efecto la educación está ordenada a conseguir que el hombre sea libre. Comentando la epístola de san Pablo a los gálatas, explica que bajo la ley mosaica los judíos actuaban como niños conducidos por el "pedagogo";[20] pero con Cristo ya no es necesaria la coacción de la ley, sino que pueden obrar libremente, como adultos: "Pero el oficio de la ley fue el oficio de pedagogo, y por eso llama a la ley pedagogo nuestro. Pero mientras el heredero no puede alcanzar el beneficio de la herencia, o por falta de edad, o por la de alguna perfección debida, es conservado y custodiado por algún instructor, que se denomina precisamente pedagogo... Pero por la ley los judíos, como niños que no pueden valerse por sí mismos, eran apartados del mal por el temor del castigo, y movidos al bien por el amor y la promesa de las cosas temporales... Pero este oficio cesó cuando vino la fe. Y esto es lo que significa al decir "mas cuando vino la fe -a saber, la de Cristo- ya no estamos bajo pedagogo", esto es, bajo coacción, que no es necesaria a los libres".[21]
La pedagogía divina había conseguido su propósito: ayudar a su pueblo a alcanzar la madurez moral, que es un estado de libertad. Y que éste es el "estado perfecto del hombre en cuanto hombre" nos lo confirma el mismo santo Tomás: "El Apóstol compara el estado de la ley antigua al del niño, que se halla sometido a su pedagogo; y el estado de la ley nueva al del hombre perfecto, que ya no necesita del pedagogo". [22]
En definitiva, la educación aspira a conducir al hombre a su estado perfecto, que es el de la virtud, pues la mayoría de edad moral consiste en el dominio perfecto de los propios actos o libertad moral.
Continúa
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Notas
[1] Cfr. Summa Theologiae I-II, q.1, a.2 in c.
[2] Cfr. Summa Theologiae II-II, q.23, a.8 in c.
[3] Dice al respecto Da Silva: "La questione dei fini dell\'educazione, o, più precisamente, del fine dell\'educazione è una di quelle che non possono restare coinvolte nella mischia di altre idee e di altri problemi o nella penombra si una conoscenza implicita, involuta, imprecisa. Non comprendiamo infatti come si possa realmente procedere avanti in una discusione scientifica del problema educativo senza risolvere questa che è la principale questione della sua non semplice nè chiara problematica" (Carlos Leoncio da Silva, "Il fine dell\'educazione secondo i principi de S. Tommaso", Salesianum IX, 2, pp. 207-208). Véase también Jacques Maritain, La educación en este momento crucial, Buenos Aires, Club de Lectores, 1981, pp. 12-13, y H.Woroniecky, "Saint Thomas et la pédagogie moderne", Xenia Thomistica I, Roma, 1925, p.452.
[4] Cfr. Juan Tusquets, "La posición de santo Tomás respecto a las cuatro causas de la educación", Revista Española de Pedagogía 59, julio-septiembre 1957, pp. 175-186; Antonio Millán-Puelles, La formación de la personalidad humana, 7ª ed., Madrid, Rialp, 1989; Ángel González Álvarez, Filosofía de la educación, Mendoza, Universidad Nacional de Cuyo, 1952; Mario Casotti, La pegagogia di San Tommaso d\'Aquino (Saggi di Pedagogia generale), Brescia, 1931; José Todolí, "Los fundamentos de la educación en Santo Tomás de Aquino", en AAVV, Actas del Congreso Internacional de Pedagogía, Santander-San Sebastián, 1949, vol.II, Madrid, 1950, pp. 395-420; y C.L. da Silva, op.cit.
[5] Non enim intendit natura solum generationem eius, sed traductionem et promotionem usque ad perfectum statum hominis, inquantum homo est, qui est virtutis status (In IV Sent. dist.26, Q.1, a.1.); véase también Summa Theologiae, Suppl., q.41, a.1 in c.
[6] Habet autem hoc ratio naturalis, quod homo utatur generationis actu, secundum quod convenit generationi et educationi filiorum (In I Epist. ad Cor. VII, lect.1); véanse otros textos en A. Millán-Puelles, op.cit., pp. 24 y 28-29.
[7] Virtus nominat quandam potentiae perfectionem (Summa Theologiae I-II, q.55, a.1 in c).
[8] Unde virtus humana, quae est habitus operativus, est bonus habitus, et boni operativus (Summa Theologiae I-II, q.55, a.3 in c).
[9] Cfr. Summa Theologiae I-II, q.49, a.4; q.55, a.1.
[10] Cfr. Summa Theologiae I-II, q.55, a.2.
[11] Cfr. Summa Theologiae I-II, q.55, a.3.
[12] "Estado, propiamente hablando, significa una posición particular en cuya virtud algo se dispone, según el modo de
su naturaleza, en una cierta inmovilidad." Status, proprie loquendo, significat quandam positionis differentiam secundum quam aliquis disponitur secundum modum suae naturae, cum quadam immobilitate (Summa Theologiae II-II, q.183, a.1 in c).
[13] Cfr. ibidem.
[14] Solum illud videtur ad statum hominis pertinere quod respicit obligationem personae hominis: prout scilicet aliquis est sui iuris vel alieni, et hoc non ex aliqua causa levi vel de facili mutabili, sed ex aliquo permanente. Et hoc est quod pertinet ad rationem libertatis vel servitutis. Unde status pertinet proprie ad libertatem vel servitutem (ibidem).
[15] "De entre las acciones que el hombre realiza, sólo pueden considerarse propiamente humanas aquellas que son propias del hombre en cuanto hombre. El hombre se diferencia de las criaturas irracionales en que es dueño de sus actos... El hombre es dueño de sus actos mediante la razón y la voluntad; así, se define el libre albedrío como facultad de la voluntad y de la razón. Llamamos, por tanto, acciones propiamente humanas a las que proceden de una voluntad deliberada." Actionum quae ab homine aguntur, illae solae proprie dicuntur humanae, quae sunt propriae hominis inquantum est homo. Differt autem homo ab aliis irrationalibus creaturis in hoc, quod est suorum actuum dominus... Est autem homo dominus suorum actuum per rationem et voluntatem: unde et liberum arbitrium esse dicitur facultas voluntatis et rationis. Illae ergo actiones propriae humanae dicuntur, quae ex voluntate deliberata procedent (Summa Theologiae I-II, q.1, a.1 in c).
[16] Liberum autem arbitrium indifferenter se habet ad bene eligendum vel male (Summa Theologiae I, q.83, a.2 in c).
[17] Cfr. Summa Theologiae I-II, q.49, a.4 in c.
[18] Como explica santo Tomás, hay tres tipos de perfecciones: la que se obtiene por esencia, la que se alcanza con la operación perfecta y los accidentes que predisponen a esta última (cfr. Summa Theologiae I, q.6, a.3 in c). En nuestro caso por esencia se obtiene el libre albedrío o facultad de elección; por la operación perfecta se consigue la felicidad o "perfección última del hombre" (Summa Theologiae I-II, q.3, a.2 in c) -que debe ser operación, pues "algo es perfecto en tanto en cuanto está en acto" (ibidem)-; y los accidentes que disponen a la felicidad no son otra cosa que los hábitos operativos.
[19] [...] bonus usus liberi arbitri esse virtus (Summa Theologiae I-II, q.55, a.1 ad 2).
[20] El paidagogós era en la antigua Grecia el encargado de conducir al niño -de ahí su nombre- a la escuela. A los quince o dieciséis años el joven ya no necesitaba al pedagogo -en español diríamos "ayo"-, pues podía ir por sí mismo al gymnasion o escuela de mayores (cfr. Juan Manuel Moreno et al., Historia de la educación, 4ª ed., Madrid, Paraninfo, 1986, p.69).
[21] Officium autem legis fuit officium paedagogi. Et ideo dicit: Lex paedagogus noster, etc. Quamdiu enim haeres non potest consequi beneficium haereditatis, vel propter defectum aetatis seu alicuius debitae perfectionis, conservatur et custoditur ab aliqui instructore, qui quidem instructor paedagogus dicitur... Per legem enim Judaei tamquam imbecilles pueri, per timorem poenae retrahebantur a malo, et promovebantur amore et promissione temporariorum ab bonum... Sed hoc officium cessavit postquam venit fides. Et hoc est quod dicit: At ubi venit fides, sc. Christi, iam non sumus sub paedagogo, id est sub coactione, quae non est necessaria liberis (In Epist. ad Gal. III, lect.8).
[22] Unde Apostolus, ad Gal. 3,24-25, comparat statum veteris legis statui puerili existenti sub paedagogo: statum autem novae legis comparat statui viri perfecti, qui iam non est sub paedagogo (Summa Theologiae I-II, q.91, a.5 in c).