«Teresita» nos acerca al misterio de la muerte

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Teresita fue el nombre con el que pidió ser invocada después de su muerte.

La fotografía fue tomada por su hermana Genoveva al día siguiente de la muerte de Teresa, el 1 de octubre de 1897, después de varios meses de sufrimientos extremos.

«Cuando se está a punto de morir no es la muerte la que viene a buscarnos, es Dios el que viene.

La muerte no es un fantasma ni algo de aspecto horrible, la muerte es simplemente la separación del alma y el cuerpo.

Un día le preguntaba yo a un Ser lleno de Luz cómo sería mi muerte, haciéndole ver mis miedos y aprensiones, entonces me contestó con una sonrisa llena de ternura: “Dios te absorberá como a una gotita de rocío…”

Esta tos que tengo es como el sonido de una locomotora cuando está llegando a la estación. Yo también estoy llegando a una estación, la estación del cielo…

En realidad, me da igual vivir que morir. No entiendo bien qué podré tener después de la muerte que no tenga ya en esta vida. Veré a Dios, es cierto, pero en cuanto a estar con El, ya lo estoy completamente aquí en la tierra...

Desaparecerán muchas cosas del cielo que yo os traeré... seré una ladronzuela, cogeré todo lo que me plazca...

Si alguien se desalienta y se desespera es porque piensa en el pasado y en el futuro.

Los santos inocentes no son estos niñitos típicos del cielo, son almas que tienen los encantos indefinibles de la infancia. Se les representa como niños porque nosotros tenemos necesidad de imágenes para comprender las cosas del espíritu. Yo me uniré a ellos. Si quieren seré su pajecito y llevaré la cola de sus trajes...

Me he formado una idea tan alta del cielo, que a veces me pregunto cómo se las arreglará Dios, después de mi muerte, para sorprenderme.

He llegado a no poder ya sufrir, porque todo sufrimiento me resulta agradable.

¡Es tan hermoso saber un poco aquí en la tierra de aquellos con los que vamos a vivir eternamente... !

Yo quiero pasar mi cielo haciendo bien en la tierra.

Hoy me han preguntado si estaba resignada para morir, les he dicho que sólo se necesita resignación para vivir; pensar en mi muerte solamente me produce alegría.

Sólo en el cielo veremos la verdad de todas las cosas.

¡Me sentiré muy desdichada en el cielo si no puedo dar pequeñas alegrías a los que amo en la tierra!

Nunca he deseado tener visiones. En la tierra no se puede ver el cielo ni los ángeles tal como son. Yo prefiero esperar a después de la muerte.

Quisiera correr por las praderas del cielo... Quisiera correr por praderas donde la hierba no se aplaste, donde haya hermosas flores que no se marchiten y preciosos niños que sean ángeles...»

***

Estas palabras son un resumen de las últimas conversaciones de Teresa de Lisieux (1873-1897), religiosa de la Orden del Carmelo, de 24 años de edad, enferma de tuberculosis; se trata de frases recopiladas por sus hermanas religiosas, especialmente en el «Cuaderno Amarillo de la Madre Inés».


 

Gentileza del Blog hermana muerte
www.iglesia.org
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