Consagración de sí mismo a Jesucristo

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Jesucristo, Sabiduría Encarnada, por medio de María

San Luis María Grignion de Montfort 

Al bautizarnos dejamos atrás la vida vieja del demonio con una renuncia directa al demonio. Entonces hacemos un compromiso con Cristo y entramos en El. Si nos bautizaron de pequeños, nuestros padres y padrinos respondieron por nosotros pero, como adultos debemos apropiarnos de esos compromisos. 

SI, RENUNCIO

¿Renuncias a Satanás? Esto es:

- al pecado, como negación de Dios;
- al mal, como signo del pecado en el mundo;
- al error, como ofuscación de la verdad;
- al egoísmo, como falta de testimonio del amor.

R/ Sí, renuncio.

¿Renuncias a sus obras? Que son:

- vuestras envidias y odios;
- vuestras perezas e indiferencias;
- cobardías y complejos;
- vuestras tristezas y desconfianzas;
- vuestros materialismos y sensualidades;
- vuestras injusticias y favoritismos;
- vuestras faltas de fe, de esperanza y de caridad.

R/ Sí, renuncio.

¿Renuncias a todas sus seducciones? Como pueden ser:

- el creeros los mejores;
- el veros superiores;
- el estar muy seguros de vosotros mismos;
- el creer que ya estáis convertidos del todo;
- el quedaros en las cosas, medios, instituciones, métodos, reglamentos, y no ir a Dios.

R/ Sí, renuncio.

¿Renuncias a creeros superiores a los demás? Esto es a cualquier tipo de:

- abuso;
- discriminación;
- fariseísmo, hipocresía, cinismo;
- orgullo;
- egoísmo personal;
- desprecio.

R/ Sí, renuncio.

¿Renuncias a inhibiros ante las injusticias y necesidades de las personas e instituciones por:

- cobardía;
- pereza;
- comodidad;
- ventajas personales?

R/ Sí, renuncio.

¿Renuncias a los criterios y comportamientos materialistas que consideran:


- el dinero como aspiración suprema de la vida;
- el placer ante todo;
- el negocio como valor absoluto;
- el propio bien por encima del bien común?


R/ Sí, renuncio.

Después de renunciar a Satanás, renovamos las promesas del Bautismo. Así nos entregamos plenamente a Dios en Jesucristo. 

Acto de consagración



Arrodillados ante Dios, en voz alta, y con todo el corazón:

Oh Sabiduría eterna y encarnada! ¡Oh amable y adorable Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, Hijo único del Padre Eterno y de María, siempre Virgen! 

Os adoro profundamente en el seno y en los esplendores de vuestro Padre, durante la eternidad, y en el seno virginal de María, vuestra dignísima Madre, en el tiempo de vuestra Encarnación.

Os doy gracias porque os habéis anonadado tomando la forma de un esclavo para sacarme de la cruel esclavitud del demonio. 

Os alabo y glorifico porque os habéis sometido a María, vuestra Santa Madre, en todo, a fin de hacerme por Ella vuestro fiel esclavo. Pero ¡ay! Ingrato e infiel como soy, no he cumplido las promesas que tan solemnemente os hice en el bautismo; no he guardado mis deberes, no merezco ser llamado vuestro hijo ni vuestro esclavo, y como nada hay en mí que no merezca vuestra repulsa y vuestra cólera, no me atrevo a aproximarme por mí mismo a vuestra Santísima y Augusta Majestad. 

Por eso he recurrido a la intercesión de vuestra Santísima Madre, que Vos me habéis dado como medianera para con Vos, y por este medio espero obtener de Vos la contrición y el perdón de mis pecados, la adquisición y la conservación de la Sabiduría.
Os saludo, pues, ¡oh María Inmaculada! Tabernáculo viviente de la Divinidad, en donde la Sabiduría eterna escondida quiere ser adorada por los Ángeles y los hombres.
Os saludo, ¡oh Reina del cielo y de la tierra!, a cuyo imperio está sometido, todo lo que está debajo de Dios. 

Os saludo, ¡oh refugio seguro de los pecadores cuya misericordia no falta a nadie! 

Escuchad los deseos que tengo de la divina Sabiduría, y recibid para ello los votos y las ofertas que mi bajeza os presenta:

Yo, N ...., pecador infiel, renuevo y ratifico hoy en vuestras manos los votos de mi bautismo; renuncio para siempre a Satanás, a sus pompas y a sus obras, y me entrego enteramente a Jesucristo, la Sabiduría encarnada, para llevar mi cruz tras Él todos los días de mi vida. Y a fin de que le sea más fiel de lo que he sido hasta ahora, os escojo hoy, ¡oh María!, en presencia de toda la corte celestial, por mi Madre y mi Señora. 

Os entrego y consagro en calidad de esclavo mi cuerpo y mi alma, mis bienes interiores y exteriores, y aún el valor de mis buenas acciones pasadas, presentes y futuras, otorgándoos un entero y pleno derecho de disponer de mí y de todo lo que me pertenece, sin excepción, a vuestro agrado, a la mayor gloria de Dios, en el tiempo y en la eternidad.

CONSAGRACIÓN A MARIA

Un acto de devoción, promovido por San Luis María Grignion de Monfort (1673-1716), que consiste en entregarse enteramente a Jesús a través de María. Al hacer el acto de consagración, la persona se entrega a María como esclavo, y a través de ella a Jesús. Esta entrega lo abarca todo, vida, actividades, pensamientos, deseos... para entrar en una completa dependencia en María como quien trabaja sin salario, simplemente confiando recibir lo necesario de su Señora a quien le ha entregado todo su ser y de quien depende enteramente con la confianza de un hijo amado. 

 

Tomado de www.corazones.org
www.iglesia.org
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