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Este bebé parece de juguete, pero no lo es. No podemos agarrarlo y soltarlo cuando nos dé la gana, ni sacarle las pilas para que no llore cuando queremos dormir. Nos toca entender sus ritmos.




Cuando nace un hijo, especialmente el primero, muchos padres sienten que pasó un huracán y cambió todas las cosas de lugar. Y es verdad: seguramente casi nada será como hasta ahora; se inicia un nuevo capítulo en la vida, una aventura muy diferente, apasionante y enriquecedora. A veces, sobre todo durante los primeros meses, la demanda de un bebé puede resultar abrumadora. El reloj marca un horario distinto del que sentimos que es; las horas del día vuelan entre pañales, mimos, comidas y algún llanto. Y las horas de la noche pueden ser eternas: la falta de sueño desdibuja la realidad, y solamente nos sostiene ese amor nuevo y tan profundo que le tenemos a nuestro hijo.

LA MADRE

El embarazo, el parto y la lactancia son hechos femeninos que potencian a la madre en su rol de mujer. Generan una plenitud hasta ahora desconocida. En nuestra cultura actual, cuesta valorar este rol materno femenino: el mundo nos empuja hacia afuera y nos cuesta creer que ser madre no implica necesariamente el fin de una carrera profesional, de un lugar en el mundo del trabajo o de una vida social activa. A pesar del poco valor social del que goza la mujer-madre, en estos últimos años ha comenzado a darse un cambio de paradigma.

Hay estudios serios que hablan de la función «potenciadora» de la maternidad en las mujeres: somos más capaces de coordinar tareas diferentes y simultáneas, buscar soluciones a los problemas, permanecer tranquilas ante una crisis, reanudar el trabajo después de una interrupción y hacer rendir mejor el tiempo.

Inclusive en el mundo corporativo, hay empresas que han cambiado su mirada y entienden que una mujer que es madre puede ser una fuerza poderosa en la organización. Y, en el plano personal, la maternidad abre la puerta hacia la posibilidad de desarrollar al máximo la ternura, la paciencia; de madurar en la afectividad y de mirar el mundo con ojos renovados.

EL PADRE

Hoy todos somos más conscientes de la importancia del padre en la crianza de los hijos, del valor de su acompañamiento durante el embarazo, su presencia en el parto y su colaboración en el cuidado del bebé desde el primer día. Muchos padres aseguran que cuando tuvieron a su primer hijo “les cayó la ficha”; es que la paternidad lleva a desarrollar cualidades hasta ahora latentes, como la capacidad de decisión, la sencillez, la seguridad, que permiten al varón adquirir una visión del mundo más profunda y un sentido de la vida más trascendente. También la paternidad hace al hombre más hombre, a fuerza de despertadas a la noche, de cambios en los programas, en los gastos y en las prioridades, y de descubrir que todavía sabe jugar y le divierte.

LOS DOS

El tener un hijo nos permite experimentar la entrega desinteresada, dando un sentido más profundo al tiempo y a todo lo que hacemos. Ante esta nueva criatura, marido y mujer, padre y madre, tomamos conciencia de que la vida nos ha cambiado, se ha vuelto más vida.

 

Por Ma. Inés Castilla de Bayá Casal - Docente
Gentileza de www.hacerfamilia.com.ar
Revista Nº 39/ Agosto-Septiembre
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