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HISTORIA DE LA IGLESIA

LOS PRIMEROS SIGLOS DE VIDA.

 

LA IGLESIA DE JERUSALÉN.

Para introducirnos en la historia de la Iglesia Católica debemos remontarnos a la Antigua Palestina, tierra prometida por Dios al pueblo elegido, pero dominada por Roma desde los tiempos del Cónsul Pompeyo (63 a.c). Para evitar sublevaciones y mantener la cohesión de su Imperio los romanos solían respetar las religiones de los pueblos que conquistaban, siempre y cuando no fueran contrarias al gobierno de Roma.

Por esta razón los judíos, bajo la tutela de los Procuradores romanos, siguieron confesando su religión. Durante el gobierno de Herodes el Grande nació Jesús y bajo el de Poncio Pilato predicó la Buena Noticia. Para estas fechas Roma se había despojado definitivamente de las instituciones republicanas y se había transformado en un Imperio, que pronto iba a mostrar signos de resquebrajamiento.

Los historiadores sitúan la fundación de la Iglesia alrededor del año 30 de nuestra era, bajo el imperio de Tiberio. La Iglesia quedó fundada desde el momento en que Jesús le dijo a Pedro “..y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia..”. Y se consolidó el día de Pentecostés, con la venida del Espíritu Santo.

El núcleo de la primera Iglesia estaba formado por un grupo de hombres y mujeres reunidos en la ciudad de Jerusalén, compuesto por los apóstoles, la Virgen María, algunos discípulos y las mujeres que seguían a Jesús. Esta comunidad era presidida por los Doce Apóstoles, donde Pedro desempeñaba una función de primacía.

Según los datos que nos dan los Hechos de los apóstoles la primera comunidad estuvo formada por ciento veinte hermanos que se reunieron para la elección del sustituto de Judas, Matías. Este número creció a tres mil el día de Pentecostés. Todos eran judíos, aunque de una doble procedencia. Por un lado estaban los hebreos y por otro los “helenistas”, originarios de las colonias judías de la diáspora, que hablaban griego y estaba impregnados de la cultura helénica.

Los primeros cristianos seguían asistiendo al templo y respetando las normas judías pero, al mismo tiempo, se reunían para escuchar la prédica de los apóstoles y para la fracción del pan. Además compartían todos su bienes, evitando, de este modo, que algún miembro de la Iglesia pasara necesidad. Muchos vendían sus posesiones y entregaban las ganancias a los apóstoles para que ellos las distribuyeran entre los más necesitados.

Apoyada por los milagros y los sermones que diariamente realizaban los apóstoles, la comunidad de Jerusalén crecía. Al mismo tiempo, aumentaba el desprecio que los judíos, principalmente los miembros del Sanedrín, sentían por los seguidores de Cristo.

Y no pasó mucho tiempo para que ese desprecio se transformara en una abierta hostilidad. Los primeros en ser encarcelados fueron Pedro y Juan, pero, no teniendo pruebas suficientes para castigarlos y por miedo a la reacción del pueblo, los dejaron en libertad, prohibiéndoles que predicaran en nombre de Jesús.

Los apóstoles desoyendo la prohibición siguieron predicando. Como el número de conversos seguía creciendo, los apóstoles decidieron designar a algunas personas que los ayudaran con las cosas materiales y ellos pudiesen dedicarse solo a predicar. De esta forma, surgen los diáconos. Uno de los primeros elegidos fue Esteban y fue el primero en morir por Jesús. Dentro de la turba que consintió esta muerte había un judío llamado Saulo, quien tiempo después se convertiría, transformándose en el apóstol de los gentiles.

Tras la muerte de Esteban, se desató, en Jerusalén, una gran persecución contra la comunidad cristiana. Muchos fueron encarcelados; otros lograron huir y predicaron la palabra de Dios en los lugares donde se refugiaron.

De este modo, el evangelio llegó a pueblos no Judíos y muchos se convirtieron. Primero fue Samaria y después Antioquía, capital de Siria y una de las grandes ciudades de Oriente. Es en esta ciudad donde los discípulos de Jesús comenzaron a llamarse cristianos.

Restablecida la paz, la Iglesia siguió creciendo, llenando de pequeñas comunidades todo el Medio Oriente. Saulo se convirtió y comenzó sus viajes misionales. En el año 44 hubo una nueva persecución y el colegio de los doce dejó de tener sus sede en Jerusalén y sus miembros se dispersaron

La convivencia entre los judíos conversos y los gentiles que abrazaban la nueva doctrina era difícil. Muchos judeocristianos pensaban que los gentiles debían respetar la ley de Moisés y circuncidarse para entrar a la nueva Iglesia.

Por esta razón, en el año 49, se celebró el primer Concilio de la Iglesia. La ciudad elegida fue Jerusalén. El motivo, decidir la relación entre los cristianos y la antigua ley. Nuevamente fue el apóstol Pedro quién dijo la palabra decisiva y proclamó la libertad de los cristianos con respecto a los preceptos legales de los judíos. Esta decisión no impidió que los cristianos de Judea y Palestina siguieran acudiendo al templo y observando sus prácticas tradicionales. Para fines del primer siglo de la era cristiana estas fueron definitivamente abandonadas.


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