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La homosexualidad


La homosexualidad, un asunto que hoy despierta los sentimientos más dispares y las actitudes más disparatadas. ¿Se trata de un vicio repugnante o de una tendencia tan natural como la de la mayoría de los mortales a la unión con persona del sexo complementario? ¿Tal vez una enfermedad que es preciso curar?

Pienso que unos párrafos escritos con admirable sencillez y justeza por Miguel - Angel Martí García pueden ayudarnos a todos a hacernos cargo de una realidad que «no nos es ajena».

«Si nada del hombre nos debe ser ajeno, no hay razón para excluir la homosexualidad. Por lo menos desde los griegos es conocida y la Iglesia católica ha hablado claramente de esta realidad tan extendida. Partiendo de esta premisa, pues, y de la existencia de homosexuales que son compañeros de trabajo, familiares o amigos, no me parece coherente (ni humana) la actitud de cerrar los ojos y mirar a otra parte, ni mucho menos la de insinuar con la cara un gesto despreciativo. Estos tiempos, afortunadamente, han desaparecido. La sensibilidad de la gente joven está sin duda más preparada para entender y comprender la homosexualidad y por lo tanto para respetarla y no caer en las descalificaciones brutales de tiempos todavía muy próximos. La tendencia homosexual es una realidad humana incuestionable. Otro tema será precisar el origen de esta tendencia. Y otra distinta el comportamiento sexual a que esta tendencia pueda llevar o incluso las exigencias sociales que este colectivo puedan reclamar. Mezclarlo todo no lleva a nada. Nuestro propósito se centra únicamente en hacer una crítica a aquellos y aquellas que no se ponen en las condiciones necesarias para entender y comprender la tendencia homosexual de algunas personas, e identifican rápidamente homosexualidad con vicio. Desde luego que son gente ignorante, pero eso no justifica el daño y la injusticia que cometen. Desde la atalaya del puritanismo sólo se conquista la soledad, y más tarde el desprecio.

Debemos aliviar todos los sufrimientos humanos que estén a nuestro alcance, cualquier dolor humano puede ser el nuestro, pues a qué viene tanta hipocresía, tanta estrechez de alma. La incultura - y no digamos la ignorancia- es causa de grandes sufrimientos morales, porque las personas incultas caen con más facilidad en la intransigencia (y si además se creen virtuosas sin serlo realmente, se pueden convertir en insufribles). No han leído la Crítica de la Razón Práctica de Kant, pero viven tan obcecados por el imperativo categórico del deber ser que ignoran (o desprecian) lo que realmente es (la vida). Ir por la vida de perfectos/as no contaminados/as es relativamente fácil - todo es cuestión de aislarse- pero inhumano y estéril: sin duda una equivocada forma de vivir. Tal vez sea el momento de rendirle homenaje a la Madre Teresa de Calcuta que mientras ciertos sectores conservadores (y no tan conservadores) cerraron sus puertas a los enfermos de SIDA (entre ellos muchos homosexuales) ella les abrió sus brazos para ser su consuelo. (Miguel - Angel Martí García, En La sensibilidad, Ed. EIUNSA, 2ª ed. 2000, p. 61-62)

Este enfoque razonable y coherente con la actitud cristiana ante las personas con tendencias homosexuales, no siempre entendida y comprendida por unos y por otros, no obsta, al contrario, para la proclamación de la verdad moral sobre el ejercicio de la homosexualidad.

Precisamente, hace unos días, tras el inicio de la 82º Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Mons. Monteiro, Nuncio Apostólico en España, declaró ante un grupo de periodistas que «la nueva situación política abre para la Iglesia nuevos desafíos, ante los que habrá de responder adecuadamente». Respecto a las parejas homosexuales que el derecho español y el del resto de países europeos reconoce como «matrimonio», reiteró que «no son la misma cosa» que la unión (conyugal) entre un hombre y una mujer. «Dejemos –añadió- el matrimonio para lo que se conoce desde siempre como tal, y las otras cosas pues que se llamen con otros nombres”, e indicó que no se pide que se desconozcan los derechos de los homosexuales. El Arzobispo recordó que a los homosexuales “la Iglesia procura ayudar también en su vida espiritual” pero subrayó que “los matrimonios entre ellos son totalmente contrarios a la doctrina de la Iglesia.

Por su parte, el Cardenal Antonio María Rouco Varela, en su discurso de apertura de la Plenaria defendió la legitimidad primera de la institución matrimonial, enfatizando que «el matrimonio, engendrando y educando a sus hijos, contribuye de manera insustituible al crecimiento y estabilidad de la sociedad», por lo que «le es debido el reconocimiento y el apoyo legal del Estado”. Precisó que «a la convivencia de homosexuales, que no puede tener nunca estas características, no se le puede reconocer una dimensión social semejante a la del matrimonio y a la de la familia. No se trata de negar los derechos legítimos de nadie, sino, por el contrario, de que se defiendan de modo coherente y pleno los derechos de la familia, asunto de vital importancia para el presente y el futuro de la sociedad española».

 

Antonio Orozco - Delclós
Gentileza de Arvo.net
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