¿Podemos expiar nuestros pecados? Y en todo caso, ¿Qué significa "expiar"?
Algunos critican a las indulgencias, diciendo que involucran el hecho de que hagamos "expiación" por nuestros pecados, algo que sólo Cristo puede hacer. Si bien esto suena como una noble defensa de la suficiencia de Cristo, esta crítica está infundada, y la mayoría de los que la hacen no saben qué significa la palabra "expiación" o cómo funcionan las indulgencias.
El protestante Leon Morris, especialista en Escritura, comenta acerca de la confusión en lo tocante a la palabra "expiación": "La mayoría de nosotros ... no entendemos muy bien qué es expiación... Expiación es ... el enmendar algo malo ... Expiación es una palabra impersonal; se expía un pecado o un crimen" (The Atonement [Downers Grove: InterVarsity, 1983], 151). La Enciclopedia Bíblica Wycliff da una definición similar: "La idea básica de expiación tiene que ver con la reparación del mal, la satisfacción de las demandas de justicia a través del pago de una pena."
Los términos usados en estas definiciones expiación, satisfacción, enmienda, reparación significan básicamente lo mismo. Hacer expiación o satisfacción por un pecado es hacer enmienda o reparación por él. Cuando alguien hace reparaciones, trata de enmendar la situación causada por su pecado.
Ciertamente cuando se trata de los efectos eternos de nuestros pecados, sólo Cristo puede hacer enmienda o reparación. Sólo él fue capaz de pagar el precio infinito para cubrir nuestros pecados. Somos completamente incapaces de hacerlo no solamente porque somos criaturas finitas incapaces de hacer una satisfacción infinita (o cualquier cosa infinita), sino porque todo lo que tenemos nos fue dado por Dios. Para nosotros, tratar de satisfacer la justicia eterna de Dios sería como usar dinero que le hemos pedido prestado a alguien para restituirle lo que le habíamos robado a esa misma persona. No habría habido ninguna restitución real (cf. Salmo 49, 7-9; Job 41, 11; Romanos 11, 35). Esto no quiere decir que no podamos hacer enmiendas o reparación de los efectos temporales de nuestros pecados. Si alguien roba algo, puede devolverlo. Si alguien daña la reputación de otra persona, puede corregir públicamente la calumnia. Cuando alguien destruye la propiedad de otro, puede compensar al dueño por su pérdida. Todas éstas son maneras en las que se puede hacer enmiendas (expiación) al menos parciales por lo que se ha hecho.
Hay maneras en las que se espera que hagamos compensaciones, como admiten incluso los más acerbos críticos de las indulgencias. Si yo he dañado a otra persona, entonces, además de ponerme en la debida relación con Dios, debo reparar, o al menos tratar de reparar, el daño causado a esa persona. Para una reparación total es necesario no solamente restituir lo que había sido tomado o dañado, sino también compensar al dueño por el tiempo durante el cual fue privado de su propiedad, o ésta fue dañada. En casos financieros esto se lleva a cabo mediante el pago de un interés.
Se nos dan excelentes ilustraciones bíblicas de este principio en Levítico 6, 1-7 y Números 5, 5-8, que nos dicen que en el Antiguo Testamento un penitente tenía que pagar un veinte por ciento adicional al valor de lo que había tomado o dañado. (Esto se aplicaba a un penitente que voluntariamente efectuaba la restitución; un ladrón capturado tenía que pagar el doble del valor de lo robado [Éxodo 22, 1-9]).
(Publicado en inglés en "This Rock", marzo de 1994, (c) Catholic Answers Inc., P.O.Box 17490, San Diego, CA92177, Estados Unidos. Traducido con el permiso del editor. Toda reproducción del presente artículo debe mencionar la fuente original y ser gratuita o cubrir solamente el costo de impresión).
Por James Akin, apologetica.org.
Traducido por Daniel Cotarelo García,
www.conoze.com
www.iglesia.org