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El triunfo del Inmaculado Corazón es progresivo y se va dando paso a paso


Hemos visto como fruto de la consagración del mundo y Rusia, la caída de las estructuras políticas que impedían la fe. Pero, esto no significa que el mundo de hoy es un mundo creyente. En 1991: cuando el Santo Padre visita Fátima: «Estoy conciente que el espíritu detrás del comunismo no está muerto, y se corre el peligro de remplazar el marxismo con otra forma de ateísmo, que exaltando la libertad tiende a destruir las raíces de la moralidad humana y cristiana. Las nuevas condiciones de los pueblos y de la Iglesia son todavía peligrosas e inestables. Por eso Madre, revela tu amor a cada uno de tus hijos y a las naciones, pues te necesitamos».

Que nos quiere decir el Santo Padre: que la Santísima Virgen ha logrado ya la primera etapa de la batalla, derrumbar un sistema estructurado con poder político, pero todavía hay mucho que derrumbar, todos los errores que esparció el materialismo, insubordinación, rebeldía, violencia, opresión, ateísmo, un mundo sin Dios, sin apertura a sus misterios, disensión de la verdad, secularismo. O sea, falta alcanzar que cese la crisis de fe y sus consecuencias, dentro de la Iglesia y en el mundo, en los corazones, en las familias y en las naciones enteras. En este mismo mensaje de Fátima: «Portugal no perderá la fe»... y después viene el secreto... que significa que hay naciones que sí la perderán? Falta vencer todavía la crisis de fe: Con esta victoria, se cumplirá la totalidad de la promesa: «Por fin mi Inmaculado Corazón triunfará» y vendrá un tiempo de paz.

«La actual crisis mundial y la interna de la Iglesia, en el fondo pondrán de manifiesto una gran verdad oculta a los ojos: la de la humanidad que se sentirá impotente para resolverla por sí misma, a pesar de la técnica y el progreso. Entonces en el fondo de su pobreza, sentirá la necesidad de unirse a Dios a modo de exigencia vital. Tal será el momento decisivo para el triunfo del Inmaculado Corazón.»

Ahora bien, el fruto de este triunfo será la era de paz. ¿Porqué era de paz? Porque al triunfar su corazón, ella la Reina de la paz nos hará partícipes de la paz que en su corazón reside. Paz que es fruto de su total comunión de amor con Cristo, paz que recibe de Él por la unidad perfecta de ambos corazones. Paz que ella posee por su perfecta armonía con la voluntad de Dios y sus designios.

Trabajar por ese triunfo:


«Aquellos que se entregan completamente a la Inmaculada arderán con un amor tan poderoso que les hará prender ese fuego a todo lo que esta a su alrededor y causar que muchas almas ardan con ese mismo amor. Así conquistarán el mundo entero y cada alma en particular para la Inmaculada. Esto lo harán lo mas pronto posible.» (San Maximiliano Kolbe)

La consagración personal y la vivencia auténtica: derrumba las estructuras de pecado que existen en nuestros corazones. Primero, tenemos que hacer que ella triunfe en nuestros corazones y así va a ir triunfando en la sociedad.

«Tenemos que ganar el universo y cada individuo ahora y en el futuro, hasta el fin de los tiempos, para la Virgen Santísima, y por ella, para el Sagrado Corazón de Jesús. Esas almas llegarán a amar al Sagrado Corazón mucho mejor y mas profundamente de lo que lo han hecho hasta ahora. A través de su amor incendiará el mundo y lo consumirá» (San Maximiliano Kolbe).

Creo que debemos reconocer la seriedad del momento, y cuanto depende de nuestra respuesta la hora que vivimos. Su Inmaculado Corazón triunfará, que bello sería sabernos instrumentos aunque sea pequeñísimos de ese triunfo. En Fátima (la última noche): «vayan y sean apóstoles de mi Inmaculado Corazón».

O sea, debemos responder al llamado de Nuestra Madre, a los medios que nos da para alcanzar el triunfo de su Corazón Inmaculado, y debemos mas que nunca darla a conocer, hacerla amar y utilizar los medios que ella nos da para nuestra conversión y la era de paz.

Ana Catalina Emmerick (mística del principio del siglo XIX) nos dice: «Vi volar por la superficie del cielo un Corazón resplandeciente de una luz roja, del cual partía una estela de rayos blancos que conducían a la llaga del Costado de Jesús. Esos rayos atraían a ellos un gran número de almas, que a través del Corazón y la estela luminosa, entraban al Costado de Jesús. Se me explicó que ese Corazón era el de María».

Madre Adela Galindo
Fundadora, SCTJM
Gentileza de Corazones.org
www.iglesia.org

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