CAPÍTULO V Jesús de Nazaret

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En torno a la primera multiplicación de los panes

Poco más tarde Jesús realiza su segunda visita a Nazaret (Mt 13, 54-58; Mc 6, 1-6a; Lc 4, 22b-30). El Señor procuró entonces llevar a sus paisanos a la fe en El. Y así, enseñó algunas veces en la sinagoga del lugar. Sin embargo, aunque los nazarenos creían en su evidente poder taumatúrgico, no aceptaron su mesianidad, debido a esa normalidad de Jesús que ellos habían comprobado diariamente durante treinta años. En la visión de la época, el Mesías debía ser un ser extraordinario, deslumbrante. Jesús no hizo allí más que unos pocos milagros; y, como relata San Lucas, la reacción fue de lo más violenta. El Señor sufrió el primer intento espontáneo de darle muerte. Nazaret sale así definitivamente de su vida.

A continuación tiene lugar la misión de los Doce (Mc 6b-7.12-13; Lc 9, 1-2.6) por la zona de Nazaret. Entra así en funciones el flamante grupo de apóstoles poco tiempo antes instituído formalmente por el Señor. Aunque no se trató en esta ocasión de un gran despliegue, de todas formas tuvo sus repercusiones y llegó a suscitar una cierta curiosidad en la corte de Herodes Antipas. Los evangelistas informan entonces sobre la opinión de Herodes y otros sobre Jesús (Mt 14, 1-2; Mc 6, 14-16; Lc 9, 7-9), y sobre la muerte del Bautista (Mt 14, 3-12; Mc 6, 17-29) que había tenido lugar tiempo antes.

El Señor se enteró de la muerte de Juan por aquellos días; y, al regresar los Doce de su misión, se retiró a un lugar desierto con ellos al sur de Betsaida. Tiene lugar acá una larga enseñanza del Señor y la sucesiva primera multiplicación de los panes (Mt 14, 13-21; Mc 6, 30-44; Lc 9, 10-17; Jn 6, 1-15). Después de despedir a la gente el Señor se retira a orar; y por la noche Jesús viene caminando sobre las aguas al encuentro de sus discípulos (Mt 14, 22-33; Mc 6, 45-52; Jn 6, 16-21). Llegan a la otra ribera; y la gente viene hacia El caminando por el borde del lago. En Cafarnaún —primero a la orilla del mar y luego en la sinagoga— tiene lugar el anuncio de la institución de la Eucaristía (Jn 6, 22-71). Se produce entonces una notable crisis de fe entre los discípulos, ya que fueron muchos los que abandonaron a Jesús en ese momento. Hasta uno de los Doce —Judas Iscariote, en concreto— perdió la fe en El. Parece que para sacar el mal sabor de boca a los que siguieron fieles, el Señor realiza a continuación abundantes curaciones en la zona de Genesaret  (Mt 14, 34-36; Mc 6, 53-56).

En torno a la segunda multiplicación de los panes

Lo característico de este momento tiene dos aspectos complementarios. Por un lado, el Señor cuestiona fuertemente el modo de leer la Biblia que predominaba en su época; y, por otro, comienza a poner las bases de la apertura de su Iglesia a los paganos. Como es sabido, estas dos temáticas serán desarrolladas por San Pablo, especialmente en sus cartas a los Romanos y a los Gálatas.

Los relatos de Mateo y Marcos versan inicialmente sobre las tradiciones farisaicas (Mt 15, 1-20; Mc 7, 1-23). Lucas desarrolla en cambio la diatriba del Señor contra los fariseos y los escribas (Lc 11, 37-54).

A continuación el Señor se dirige hacia la comarca de Tiro y de Sidón, fuera de Israel, en la subprovincia de la Siro-Fenicia. Estamos en tierras de paganos; y acá realiza Jesús la conmovedora curación de la hija de la sirofenicia (Mt 15, 21-28; Mc 7, 24-30).

Vuelve después el Señor al lago de Galilea, a un monte situado en una zona despoblada entre Betsaida y Kursi, perteneciente a la Decápolis, región de mayoría pagana. Realiza acá numerosas curaciones junto al lago (Mt 15, 29-31), entre las que se destaca la curación de un tartamudo sordo, el famoso effatá (Mc 7, 31-37).

Jesús enseñó largamente durante tres días. Lucas refiere el contenido de la predicación del Señor en este nuevo encuentro multitudinario (Lc 12, 1 – 13, 9; cf Mt 10, 17-36). Y también tiene acá lugar el milagro de la segunda multiplicación de los panes (Mt 15, 32-38; Mc 8, 1-9).

Estos hechos y enseñanzas que van desde el sermón de las parábolas hasta la segunda multiplicación de los panes constituyen como la culminación de todo un período de la actividad del Señor, concentrado especialmente en la formación de la comunidad de sus discípulos, el nuevo Israel, la Iglesia. A partir de este momento la atención del Señor se centrará más bien en su pasión y muerte en Jerusalén.

 

Pbro. Dr. Raúl Lanzetti
www.iglesia.org
Visto 16206 veces Modificado por última vez en Lunes, 20 Agosto 2012 15:10

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