CAPÍTULO II
Jesús de Nazaret
Por la primera Pascua en Jerusalén
Tiene lugar ahora la primera manifestación
pública de Jesús, en lugar y momento muy bien elegidos.
San Juan destaca tres hechos.
Ante todo y poco antes de la Pascua Jesús
lleva a cabo la purificación del Templo (Jn 2, 14-22),
expulsando a los comerciantes. Estos no actuaban en la explanada,
sino dentro del mismo recinto cubierto (aunque no en el
Santuario ni en el atrio de los sacerdotes).
Después, durante la fiesta de la Pascua
Jesús realiza muchos milagros (Jn 2, 23-25), suscitando una
cierta fe en El.
Por último, y de forma reservada, tiene
lugar la entrevista con Nicodemo (Jn 3, 1-21), uno de los judíos
más importantes de la época, miembro del Sanedrín
en la clase de los escribas, de la secta observante de los fariseos.
Relatado magistralmente por San Juan, este diálogo refleja la
concepción que Jesús tenía del nuevo Israel, y
las dificultades que experimentaba quien —como Nicodemo—
conocía bien las bases sobre las que se sostenía el
antiguo Israel.
De Judea a Galilea
Sigue ahora un período bastante
prolongado —casi un año— hasta la Pascua siguiente
del 29 dC. Es una época caracterizada por el protagonismo
exclusivo de Jesús. Sus seguidores, tanto varones como
mujeres, son más que nada espectadores o a lo sumo le prestan
a Jesús servicios de carácter más bien material
y organizativo.
Desde el Jordán a Cafarnaún
Se da un primer momento de actividad de Jesús
en Bethabara (Jn 3, 22-24). Es la época en que hace un gran
número de discípulos. Todo parece indicar que se habría
establecido en este lugar de forma permanente, si no hubiesen
intervenido ciertos hechos que le sugirieron su traslado a Galilea.
En efecto, se suscitó una discusión sobre la
purificación (Jn 3, 25) entre un judío y los discípulos
del Bautista. A continuación tiene lugar el último
testimonio de Juan (Jn 3, 26-36). Y sobre todo Jesús tomó
la decisión de trasladarse a Galilea (Jn 4, 1-3), ya que veía
a los fariseos dispuestos a abrir las hostilidades ya desde el
comienzo. Además, poco después tuvo lugar el
encarcelamiento de Juan (Lc 3, 19-20), lo cual debe haber confirmado
a Jesús en su decisión de alejarse de Maqueronte, la
cercana residencia de Herodes Antipas en la Perea, al este del Mar
Muerto.
En el viaje Jesús pasa por Samaría
(Jn 4, 4). En los alrededores de la aldea de Sicar tiene lugar
el célebre diálogo con la samaritana (Jn 4,
5-26.28-30), el diálogo con los discípulos (Jn 4,
27.31-38) y la sucesiva evangelización de Sicar (Jn 4, 39-42).
Los comienzos en Galilea
Los evangelistas describen en tono festivo y
entusiasta la llegada de Jesús a Galilea (Mt 4, 12-17; Mc 1,
14-15; Lc 4, 14; Jn 4, 43-45). La entrada del Señor parece
haber sido más bien lenta, ya que iba enseñando en las
sinagogas de las aldeas por las que pasaba (Lc 4, 15). Y así,
se destacan el paso por Nazaret (Lc 4, 16-22a) y luego por Caná,
desde donde cura al hijo del funcionario real (Jn 4, 46-54). Al final
se establece en Cafarnaún (Mt 4, 12-17) —muy
probablemente en casa de Pedro y de Andrés—, y en cuya
sinagoga enseña los sábados de manera regular (Lc 4,
31-32).
Durante este período tiene lugar la
llamada al seguimiento permanente de Pedro, Andrés, Santiago y
Juan (Mt 4, 18-22; Mc 1, 16-20).
Posteriormente, durante una reunión
sabatina de la sinagoga, realiza el primer exorcismo (Mc 1, 23-28; Lc
4, 33-37). El hecho le ganó fama inmediata en toda la región.
Al volver a la casa cura a la suegra de Pedro (Mt 8, 14-15; Mc 1,
29-31; Lc 4, 38-39); y por la tarde, al caer el sol para no violar el
sábado, le traen los enfermos y poseídos de la ciudad y
hace numerosas curaciones y exorcismos (Mt 8, 16-17; Mc 1, 32-34; Lc
4, 40-41).
Al día siguiente se levanta muy temprano
y va a orar a un lugar solitario (Lc 4, 42a; Mc 1, 35). Se ve que ya
había hecho esto mismo en otras ocasiones, ya que Simón
y sus compañeros lo encuentran enseguida. Jesús les
hace entonces la invitación de ir a otras aldeas (Lc 4,
42b-43; Mc 1, 36-38). Acto seguido da comienzo la primera recorrida
de evangelización (Mt 4, 23; Mc 1, 39; Lc 4, 44). Los relatos
coinciden en señalar que Jesús enseñó en
las sinagogas exclusivamente; hasta que tuvo lugar la curación
del leproso (Mt 8, 2-4; Mc 1, 40-45; Lc 5, 12-16). A partir de este
momento comenzó a reunir a las multitudes en lugares abiertos:
montes, llanuras u orillas del mar.