FISIOPATOLOGÍA DE LA MUERTE DE JESUCRISTO
Los relatos bíblicos de la crucifixión de
Jesucristo descritos a través de los evangelios y
documentación científica al respecto, describen que
padeció y sufrió el más cruel de los castigos.
El más inhumano y despiadado de los tratos que puede recibir
un ser humano.
Jesús una persona Politraumatizada

Los estudios médicos que tratan de explicar la causa de la
muerte de Jesucristo, toman como material de referencia un cuerpo de
literatura y no un cuerpo físico. Publicaciones sobre los
aspectos médicos de su muerte se reportan desde el siglo I.
Hoy día, con base a los conocimientos de la fisiopatología
del paciente traumatizado, se puede llegar a inferir los cambios
fisiológicos padecidos por Jesucristo durante su pasión
y muerte. Los relatos bíblicos de la crucifixión
descritos a través de los evangelios y documentación
científica al respecto, describen que padeció y sufrió
el más cruel de los castigos. El más inhumano y
despiadado de los tratos que puede recibir un ser humano.
Descubrimientos arqueológicos relacionados con las
prácticas romanas de la crucifixión proveen información
valiosa que da verdadera fuerza histórica a la figura de Jesús
y a su presencia real en la historia del hombre.
Históricamente este acontecimiento se inicia durante la
celebración de la pascua judía, en el año 30 de
nuestra era. La última cena se realizó el jueves 6 de
abril (nisan 13). La crucifixión se llevó a cabo el 7
de abril (nisan 14). Los años del nacimiento y la muerte de
Jesús permanecen en controversia.
HUERTO DE LOS OLIVOS - GETSEMANI
Los escritores sagrados describen la oración de GETSEMANI
con enérgicas expresiones. Lo vivido por Jesús antes de
ser tomado como prisionero, lo refieren como una mezcla indecible de
tristeza, de espanto, de tedio y de flaqueza. Esto expresa una pena
moral que ha llegado al mayor grado de su intensidad.
Fue tal el grado de sufrimiento moral, que presentó como
manifestación somática, física; sudor de sangre
(hematihidrosis o hemohidrosis); “sudor de sangre, que le
cubrió todo el cuerpo y corrió en gruesas gotas hasta
la tierra” (Lc 22, 43).
Caso no usual en la práctica médica. De presentarse
está asociado a desórdenes sanguíneos.
Fisiológicamente es debida a congestión vascular
capilar y hemorragias en las glándulas sudoríparas. La
piel se vuelve frágil y tierna.
Después de esta primera situación ocasionada por la
angustia intensa es sometido a un ayuno que durará toda la
noche durante el juicio, y persistirá hasta su crucifixión.
FLAGELACIÓN
La flagelación era un preliminar legal para toda ejecución
romana. A la víctima le desnudaban la parte superior del
cuerpo, lo sujetaban a un pilar poco elevado, con la espalda
encorvada, de modo que al descargar sobre esta los golpes, nada
perdiesen de su fuerza y golpeaban, sin compasión, sin
misericordia alguna.
El instrumento usual era un azote corto (flagrum o flagellum) con
varias cuerdas o correas de cuero, a las cuales se ataban pequeñas
bolas de hierro o trocitos de huesos de ovejas a varios intervalos.

Cuando
los soldados azotaban repetidamente y con todas sus fuerzas las
espaldas de su víctima, las bolas de hierro causaban profundas
contusiones y hematomas. Las cuerdas de cuero con los huesos de oveja
desgarraban la piel y el tejido celular subcutáneo.
Al continuar los azotes, las laceraciones cortaban hasta los
músculos, produciendo tiras sangrientas de carne desgarrada.
Se creaban las condiciones para producir pérdida importante de
líquidos (sangre y plasma). Hay que tener en cuenta que la
hematidrosis había dejado la piel muy sensible en Jesús.
Después de la flagelación, los soldados solían
burlarse de sus víctimas. A Jesús, le fue colocada
sobre su cabeza, como emblema irónico de su realeza una corona
de espinas. En Palestina abundan los arbustos espinosos, que pudieron
servir para este fin; se utilizó el Zizyphus o Azufaifo,
llamado Spina Christi , de espinas agudas, largas y corvas.
Le fue colocada una túnica sobre sus hombros (un viejo
manto de soldado, que figuraba la púrpura de que se revestían
los reyes, “clámide escarlata”), y una caña,
parecida al junco de Chipre y de España como cetro en su mano
derecha.
CRUCIFIXIÓN
El suplicio de la cruz es de origen oriental. Fue recibido de los
persas, asirios y caldeos; por los griegos, egipcios y romanos. Se
modificó en varias formas en el transcurso de los tiempos.
En principio fue un simple poste. Luego se fijó en el
remate una horca (furca), de la que se suspendía el reo por el
cuello. Después se adicionó un palo transversal
(patibulum), tomando un nuevo aspecto. Según la forma en que
el palo transversal se sujetara al palo vertical, se originaron tres
clases de cruces:
La crux decussata. Conocida como cruz de San Andrés, tenía
la forma de X.
La crux commissata. Algunos la llaman cruz de San Antonio, se
parecía a la letra T.
La crux immisa. Es la llamada cruz latina, que todos conocemos.
Se obligó a Jesús como era la costumbre a cargar la
cruz; desde el poste de flagelación al lugar de la
crucifixión. La cruz pesaba más de 300 libras (136
kilos) sólo llevo el patíbulo que pesaba entre 75 y 125
libras. Fue colocado sobre su nuca y se balanceaba sobre sus dos
hombros.
Con agotamiento extremo y debilitado, tuvo que caminar un poco más
de medio kilómetro (entre 600 a 650 metros) para llegar al
lugar del suplicio. El nombre en arameo es Golgotha, equivalente en
hebreo a gulgolet que significa “lugar de la calavera”,
ya que era una protuberancia rocosa, que tenía cierta
semejanza con un cráneo humano, hoy se llama por la traducción
latina, Calvario.
Antes de comenzar el suplicio de la crucifixión, era
costumbre dar una bebida narcótica (vino con mirra e incienso)
a los condenados, con el fin de mitigar un poco sus dolores. Cuando
presentaron a Jesús este brebaje, no quiso beberlo. ¿Que
podría mitigar un dolor moral y físico tan intenso,
cuando su cuerpo, todo policontundido, sólo esperaba enfrentar
su último suplicio, sin alivio alguno, con pleno dominio de sí
mismo?
Con los brazos extendidos, pero no tensos, las muñecas eran
clavadas en el patíbulo. De esta forma, los clavos de un
centímetro de diámetro en su cabeza y de trece a
dieciocho centímetros de largo, eran probablemente puestos
entre el radio y los metacarpianos, o entre las dos hileras de huesos
carpianos, ya sea cerca o a través del fuerte flexor
retinaculum y los varios ligamentos intercarpales. En estos lugares
aseguraban el cuerpo.

El
colocar los clavos en las manos hacia que se desgarraran fácilmente
puesto que no tenían un soporte óseo importante.
La posibilidad de una herida periósea dolorosa fue grande,
al igual que la lesión de vasos arteriales tributarios de la
arteria radial o cubital. El clavo penetrado destruía el
nervio sensorial motor, o bien comprometía el nervio mediano,
radial o el nervio cubital. La afección de cualquiera de estos
nervios produjo tremendas descargas de dolor en ambos brazos. El
empalamiento de varios ligamentos provocó fuertes
contracciones en la mano.
Los pies eran fijados al frente del estípete por medio de
un clavo de hierro, clavado a través del primero o segundo
espacio intermetatarsiano. El nervio profundo peróneo y
ramificaciones de los nervios medianos y laterales de la planta del
pie fueron heridos.
¿Se clavaron ambos pies con un solo clavo o se empleó
un clavo para cada pie? También esta es una cuestión
controvertida. Pero es mucho más probable que cada uno de los
pies del salvador haya estado fijado a la cruz con clavo distinto.
San Cipriano que, más de una vez había presenciado
crucifixiones, habla en plural de los clavos que traspasaban los
pies. San Ambrosio, San Agustín y otros mencionan expresamente
los cuatro clavos que se emplearon para crucificar a Jesús.
San Meliton de Sardes escribió: “los padecimientos
físicos ya tan violentos al hincar los clavos en órganos
por extremo sensibles y delicados, se hacían aún más
intensos por el peso del cuerpo suspendido de los clavos, por la
forzada inmovilidad del paciente, por la intensa fiebre que
sobrevenía, por la ardiente sed producida por esta fiebre, por
las convulsiones y espasmos, y también por las moscas que la
sangre y las llagas atraían.”
No han faltado quienes dijesen que los pies del salvador no fueron
clavados, sino simplemente sujetos a la cruz con cuerdas; pero tal
hipótesis tiene en contra tanto el testimonio unánime
de la tradición , que ve en el crucificado Jesús el
cumplimiento de aquel célebre vaticinio: "han taladrado
mis manos y mis pies" (sal 21); como en los mismos evangelios,
pues leemos en San Lucas (Lc 24, 39-40) “ved mis manos y mis
pies; yo mismo soy; palpad y ved..Y, dicho esto, les mostró
las manos y los pies”.
Dice Bosssuet: ¿cómo describir los padecimientos
morales que soportó nuestro Señor Jesús Cristo
durante su horrorosa agonía? Cuando una muchedumbre de gente
se saciaba sus ojos con el espectáculo de aquella agonía,
acompañando con todo tipo de ultrajes que le colmaron hasta el
último momento. Sufría al ver la mirada abnegada de su
madre y sus amigos, a quienes sus dolores tenían sumidos en
profunda tristeza. Todo Él era, digámoslo así,
un tormento en sus miembros, en su espíritu, en su corazón
y en su alma.
De todas las muertes la de la cruz era la más inhumana,
suplicio infamante, que en el imperio romano se reservaba a los
esclavos (servile suppliciun).
Después de las palabras en Getsemaní vienen las
pronunciadas en el Gólgota, que atestiguan esta profundidad,
única en la historia del mundo. “Dios mío, Dios
mío, ¿por qué me has abandonado?” Sus
palabras no son sólo expresión de aquel abandono, son
palabras que repetía en oración y que encontramos en el
salmo 22.
INTERPRETACION FISIOPATOLÓGICA DE LA MUERTE DE JESUCRISTO


En
la muerte de Jesús varios factores pudieron contribuir. Es
importante tener en cuenta que fue una persona politraumatizada y
policontundida; desde el mismo momento de la flagelación hasta
su crucifixión.
El efecto principal de la crucifixión, aparte del tremendo
dolor que presentaba en sus brazos y piernas, era la marcada
interferencia con la respiración normal, particularmente en la
exhalación. El peso del cuerpo jalado hacia abajo, con los
brazos y hombros extendidos, tendían a fijar los músculos
intercostales a un estado de inhalación y por consiguiente
afectando la exhalación pasiva. De esta manera la exhalación
era primeramente diafragmática y la respiración muy
leve. Esta forma de respiración no era suficiente y pronto
produciría retención de CO2 (hipercapnia).
Para poder respirar y ganar aire Jesús tenía que
apoyarse en sus pies, tratar de flexionar sus brazos y después
dejarse desplomar para que la exhalación se produjera. Pero al
dejarse desplomar le producía igualmente una serie de dolores
en todo su cuerpo.
El desarrollo de calambres musculares o contracturas tetánicas
debido a la fatiga y la hipercapnia afectaron aún más
la respiración. Una exhalación adecuada requería
que se incorporara el cuerpo empujándolo hacia arriba con los
pies y flexionando los codos, aductando los hombros. Esta maniobra
colocaría el peso total del cuerpo en los tarsales y causaría
tremendo dolor. Más aún, la flexión de los codos
causaría rotación en las muñecas en torno a los
clavos de hierro y provocaría enorme dolor a través de
los nervios laceradas. El levantar el cuerpo rasparía
dolorosamente la espalda contra la estirpe. Como resultado de eso
cada esfuerzo de respiración se volvería agonizante y
fatigoso, eventualmente llevaría a la asfixia y finalmente a
su fallecimiento.
Era costumbre de los romanos que los cuerpos de los crucificados
permaneciesen largas horas pendientes de la cruz; a veces hasta que
entraban en putrefacción o las fieras y las aves de rapiña
los devoraban.
Por lo tanto antes que Jesús muriese, los príncipes
de los sacerdotes y sus colegas del Sanedrín pidieron a Pilato
que, según la costumbre Romana, mandase rematar a los
ajusticiados, haciendo que se le quebrasen las piernas a golpes. Esta
bárbara operación se llamaba en latín
crurifragium (Jn 20, 27).
Las piernas de los ladrones fueron quebradas, más al llegar
a Jesús y observar que ya estaba muerto, renunciaron a
golpearle; pero uno de los soldados para mayor seguridad quiso darle
lo que se llamaba el “golpe de gracia” y le traspasó
el pecho con una lanza.
En esta sangre y en esa agua que salieron del costado, los médicos
han concluido que el pericardio, (saco membranoso que envuelve el
corazón), debió ser alcanzado por la lanza, o que se
pudo ocasionar perforación del ventrículo derecho o tal
vez había un hemopericardio postraumático, o
representaba fluido de pleura y pericardio, de donde habría
procedido la efusión de sangre.
Con este análisis, que si bien es conjetura, nos acercamos
más a la causa real de su muerte. Interpretaciones que se
encuentran dentro de un rigor científico en cuanto a su parte
teórica, más no demostrables con análisis ni
estudios complementarios.
Los cambios sufridos en la humanidad de Jesucristo se han visto a
la luz de la medicina con el fin de encontrar realmente el carácter
humano, en un hombre que es llamado el hijo de Dios y que
voluntariamente aceptó este suplicio, convencido del efecto
redentor y salvador para los que crean en Él y en su
evangelio.
Rubén D Camargo R .MD
Barranquilla, Colombia 2003
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