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Los Libros e Internet


Hoy en día, con la aparición de Internet, parece ser que los libros cedieron el protagonismo que tenían en la cultura actual para pasar a ser únicamente un pasatiempo. Se hace cada vez más lejana la costumbre de tener un libro entre las manos y las utilidades que antaño encontrábamos en ellos se desplazaron a la World Wide Web (WWW). A la hora de consultar un diccionario, ya no acudimos a los pesados tomos que aguardan en la biblioteca sino que nos conectamos a internet y hallamos un abanico de posibilidades que en cuestión de segundos nos brinda la definición precisa. Las enciclopedias, esos monstruos omnisapientes, se cotizan actualmente por su diseño y ostentosidad como un instrumento netamente ornamental. En cuanto a los escritos de ficción, son los que más acusan presencia en forma impresa aunque cada vez son más, también, las personas que se animan a leer novelas en la pantalla de su computadora, o de su Palm Pilot.

Una persona culta, como sabemos, no es la que acumula grandes cantidades de información sino, entre otras cosas, aquella capaz de segregar la información. Esa discriminación tiene como fruto la cultura; sin esa selección quedaríamos inmersos en un caos intelectual.

No es lo mismo leer una pantalla que un libro. Estos son más económicos, flexibles, prácticos, fáciles de trasladar y usar, y más allá de las ventajas o desventajas de Internet, sigue siendo la herramienta fundamental e imprescindible de transmisión de conocimientos.

Internet manifiesta un repertorio increíble de información pero no provee ningún tipo de filtro que nos permita diferenciar entre lo que nos sirve y lo inútil. Es por eso que la educación adquiere un matiz nuevo y fundamental ya que no consiste en transferir información, solamente, sino en transmitir los criterios de selección. Esa es la función de los padres, de los maestros y de los textos escolares.

La «muerte de los libros»

Con el surgimiento de la WWW, muchos teóricos han profetizado la «muerte de los libros». Frente al universo cerrado y estático de los libros, Internet se nos presenta como un universo abierto y móvil, harto más atractivo que en cuestión de tiempo, terminará sustituyendo y depositando en la historia aquellos papeles cosidos que alguna vez utilizábamos como mensajeros de la cultura.

Un teórico canadiense, Marshall McLuhan, habla de los efectos de los nuevos medios de comunicación en la sociedad. Se preocupó en estudiar el impacto de los medios y en mostrar cómo determinadas innovaciones tecnológicas generaban un antes y un después en la historia. El estudioso parte de una idea básica: “Los medios de comunicación no son sino una prolongación de los sentidos humanos”. Esto lleva consigo, sostiene el pensador, que con cada innovación tecnológica se produce una nueva forma de percibir la realidad. El creciente avance tecnológico que se dio en el mundo fue posible gracias a la transformación y modernización de las viejas tecnologías desde la sociedad. Es así como, tanto las nuevas como las viejas tecnologías coexisten, no siendo las segundas olvidadas ni reemplazadas por los nuevos descubrimientos, sino que siguen vigentes.

Con respecto a esto, el semiólogo Humberto Eco, en su ensayo “Sobre el futuro del libro” afirma que la idea de que algo reemplazará o sustituirá a otra cosa es muy antigua. Platón, recuerda Eco, en el Fedro, manifiesta el miedo de que la escritura perjudique la memoria del hombre. Con posterioridad aparece la imprenta y no son pocos los que se abstienen en un principio de incorporarla a sus vidas. “Toda invención genera ese miedo de que una cosa desplazaría a otra. Por eso, el temor acerca de la desaparición del libro es sólo un ejemplo más del terror milenarista que despiertan los finales de las cosas, entre ellas el mundo”.

La importancia de la lectura

Resulta evidente la preocupante falta de lectura, tema de lamentable actualidad que es tratado constantemente por los medios y los responsables de los sistemas educativos. Un niño argentino lee, en promedio, menos de un libro por año, contra 15 leídos en el mismo período por un chico estadounidense, 10 por un francés y 3 por un niño colombiano. A partir de esta estadística, Eliseo Verón, semiólogo argentino de reconocimiento mundial, asevera que “no sólo es que hoy se lee menos que antes sino que también se lee peor, cosa extremadamente grave. Sin embargo, el libro no va a desaparecer de ningún modo, va a seguir teniendo ese status de objeto asociado al saber en nuestra cultura. No obstante, hay peligros que debemos denunciar, sobre todo en los lugares donde los chicos deben aprender a leer. Nosotros somos los responsables.”

Esos lugares son la escuela y la familia. Los sistemas educativos, por su parte, están haciendo hincapié, como pocas veces, en la lectura obligatoria dentro de los programas escolares. Pero ahí radica parte del problema: nunca ha sido tampoco más teórica. El libro pasa a estar ligado a la escuela, a la tarea. En algunos colegios se está encarando el tema desde un punto de vista más inteligente: no se trata de que los alumnos lean, o simulen haberlo hecho, sino que se procura que descubran el libro por su cuenta por medio de una silenciosa orientación.

Por otra parte, al llegar a casa, los niños no ven a sus padres leer. Una vez más recordamos que el hogar es fuente de aprendizaje de hábitos. Aprender a leer es ver leer. Los niños imitan, copian a sus referentes. Al advertir que los mayores ven -televisión, internet- más que leer, incorporan ese ejemplo desperdiciando la mejor etapa de sus vidas para aprender y aprehender el hábito de lectura.

Conclusión

La WWW, aunque mantiene a millones de personas conectadas entre sí y tiene miles de páginas interesantes para consultar, no posee las diversas ventajas que nos brindan los libros. De todas formas hay que destacar que Internet no está destinada a reemplazar a los libros, sencillamente es un formidable complemento de estos, un incentivo para leer más.

El surgimiento de estas nuevas tecnologías (internet, notebooks, webcams, telefonía celular, etc.) no implica que el libro impreso, el televisor, la radio y el cine se vuelvan obsoletos. Cada vez que surja una nueva innovación tecnológica se generará un debate, indefectiblemente, entre aquellos que estén a favor y los que estén en contra de ella.

 

Mariano Ferreyra
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