El lugar para orar
HAY LUGARES PARA CADA COSA

El lugar para trabajar es la oficina, el lugar para jugar es el campo deportivo, el lugar para cocinar es la cocina… Cuando vamos a encender una fogata buscamos tres cosas: la leña, el lugar para encenderla y el fuego. El lugar debe ser adecuado: que haya un espacio despejado y que no sople viento fuerte. Lo mismo vale para hacer oración: el lugar debe ser apto.
Los evangelios dejan constancia de que Jesucristo tenía sus lugares y tiempos preferidos para orar: la montaña, apartado de la gente, el huerto, el desierto, la noche...
EL LUGAR DEL ENCUENTRO ES EL CORAZÓN
Lo primero que hay que dejar bien asentado es que el encuentro con Dios en la oración se lleva a cabo en la intimidad del propio corazón y no en un espacio físico.
«El corazón es la morada donde yo estoy, o donde yo habito (según la expresión semítica o bíblica: donde yo `me adentro´). Es nuestro centro escondido, inaprensible, ni por nuestra razón ni por la de nadie; sólo el Espíritu de Dios puede sondearlo y conocerlo. Es el lugar de la decisión, en lo más profundo de nuestras tendencias psíquicas. Es el lugar de la verdad, allí donde elegimos entre la vida y la muerte. Es el lugar del encuentro, ya que a imagen de Dios, vivimos en relación: es el lugar de la Alianza.» (Catecismo 2563)
El Espíritu sopla donde quiere (cf. Jn 3, 8) y «Llega la hora (ya estamos en ella) en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren» (Jn 4, 23) Por lo demás, Cristo Resucitado está en todas partes, no hace falta «ir a un lugar» para encontrarlo.
RINCÓN DE ORACIÓN
Dicho esto hay que aceptar que vivimos divididos, distraídos, solicitados por cantidad de estímulos que nos vienen de los sentidos exteriores e interiores (memoria, imaginación…)
Para orar bien necesitamos un centro interior sólido que dé unidad a todas nuestras facultades y que oriente toda nuestra atención hacia Cristo. Estar en la presencia de Dios es estar presente a sí mismo y presente ante Cristo. Y para fijar la mirada en Cristo ayudan los espacios físicos que favorecen la calma exterior e interior.
Por eso Jesucristo nos recomienda: «Cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.» (Mt 6, 6)
«La elección de un lugar favorable no es indiferente para la verdad de la oración: - para la oración personal, el lugar favorable puede ser un "rincón de oración", con las Sagradas Escrituras e imágenes, a fin de estar `en lo secreto´ ante nuestro Padre. En una familia cristiana este tipo de pequeño oratorio favorece la oración en común.» (Catecismo 2691)
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