Los mandamientos
Los mandamientos son normas
de conducta dictadas por Dios a la humanidad. Estas normas son el camino que
ha de conducir a los hombres a la felicidad eterna.
Maestro ¿qué
he de hacer yo de bueno para conseguir la vida eterna? Al joven que le hace
esa pregunta, Jesús responde primero invocando la necesidad de reconocer
a Dios como el único Bueno, como el Bien por excelencia y como la fuente
de todo bien. Luego Jesús le declara: Si quieres entrar en la vida, guarda
los mandamientos. Y cita los preceptos que se refieren al amor del prójimo:
No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás
testimonio falso, honra a tu padre y a tu madre. Finalmente Jesús resume
estos mandamientos de una manera positiva: Amarás a tu prójimo
como a ti mismo (Mt 19, 16-19).
Del mayor y primer mandamiento
Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu
alma y con toda tu mente, y del segundo Amarás a tu prójimo como
a ti mismo penden toda la Ley y los Profetas. El Decálogo debe ser interpretado
a la luz de este doble y único mandamiento de la caridad. La caridad
no hace mal al prójimo, es la ley en su plenitud.
El Decálogo en la Sagrada Escritura
Decálogo significa diez
palabras. A diferencia de los otros preceptos escritos por Moisés, estos
constituyen palabras de Dios en un sentido eminente. Indican las condiciones
en un camino de vida.
Las diez palabras resumen y
proclaman la ley de Dios en una alianza establecida entre Dios y su pueblo:
Tablas de testimonio. Pertenecen a la revelación que Dios hace de sí
mismo y de su gloria, da a conocer su santa voluntad.
Los diez mandamientos, expresan
las implicaciones de pertenencia a Dios instituidas por la Alianza. Es reconocimiento,
homenaje a Dios y culto de Acción de gracias.
El Decálogo en la Tradición
de la Iglesia ha sido reconocido como de gran importancia y de una significación
primordial. El Decálogo forma una unidad orgánica en la que cada
palabra o mandamiento remite a todo el conjunto. Transgredir un mandamiento
es quebrantar todo la ley.