Nuestra Señora del Carmen
FIESTA: 16 DE JULIO
Elías fue uno de los cuatro profetas mayores del Antiguo Testamento, a quien todavía veneran los mahometanos con el nombre de El-Kader, que significa “siempre verde”. Este nombre lo recibió por no haber conocido las flaquezas de la vejez y, según la tradición, por no haber muerto. La historia bíblica refiere que fue arrebatado al cielo en un carro de fuego, de donde vendrá -según la tradición judía- al fin de los tiempos para estimular al género humano a la penitencia y a la conversión.
El monte Carmelo, cuyo nombre significa “campo fértil” y su belleza pondera el Cantar de los cantares, está situado junto al mar Mediterráneo. En él transcurrió la vida del profeta Elías, quien en sus años jóvenes se dedicó a la prédica y la oración. Incitaba a los hombres a cambiar de vida y así, oyéndolo, en Palestina muchos se retiraron a dicho monte, donde vivieron apartados del mundo, haciendo penitencia.
Por haber vuelto a caer en la apostasía, los judíos fueron castigados por Dios a través de Elías. Su oración cerró los cielos y durante tres años y medio la lluvia dejó de caer sobre la tierra. Una vez arrepentidos, Elías intercedió por ellos mediante la oración. Estando el profeta rezando en la cumbre del Carmelo, dijo a uno de sus discípulos: “Sube y mira hacia el mar”. Obedeció éste y al rato gritó: “No hay nada”. “Vuelve a mirar -dijo Elías- hasta siete veces”. Y la séptima vez dijo aquél: “Veo una pequeña nube, como la palma de la mano de un hombre, que sube del mar”. Entonces los cielos se oscurecieron con nubes y viento, y se descolgó una copiosa lluvia.
En esa nubecilla la tradición ha visto simbolizada a la inmaculada Virgen María, mediadora universal, especialmente bajo el título de Nuestra Señora del Carmen. Refiriéndose a ese suceso dice san Metodio, apóstol de los eslavos, quien vivió en el siglo IX: “Así como la nube se levanta del mar, blanca, grácil y ligera, sin llevar consigo la pesadez y amargura de las aguas, así María surge de la corrompida raza de los hombres, sin contraer ninguna de sus manchas”. Asimismo ese episodio de la vida del profeta Elías es como un antecedente remoto de la orden del monte Carmelo, fundada en 1156 por el cruzado Bertoldo, quien se retiró con diez compañeros a una cueva de la colina, para llevar vida de penitencia.
En dicha orden religiosa -que se considera descendiente de la escuela de profetas y ermitaños de Elías- iba a cristalizar y cobraría vigor la devoción que ya existía en la zona desde los primeros siglos del cristianismo.
Muchos fueron los que se retiraron a hacer penitencia en aquel monte, cuyas grutas penetran por todas partes las peñas de la montaña, pero los sectarios de Mahoma los persiguieron, hasta que los ejércitos de los cruzados en Tierra Santa aconsejaron a aquellos devotos que regresaran a Europa. En el siglo XIII algunos llegaron allí en compañía de san Luis, rey de Francia. Cerca de Marsella había una ermita y allí buscaron refugio muchos de ellos, hasta que los sorprendió la muerte; otros se embarcaron hacia Inglaterra. En 1226 el papa Honorio III aprobó la orden. En 1726 Benedicto XIII extendió su fiesta a la Iglesia universal.
Simón Stock, de nacionalidad inglesa y de padres nobles, se caracterizó desde pequeño por gustar de la soledad y la oración. A los doce años dejó las comodidades de su hogar paterno y la concavidad de un árbol le sirvió de celda. Partió Simón a Tierra Santa y en el monte Carmelo permaneció seis años, viviendo como penitente. Ya casi de veinte años, vistió el hábito del Carmelo y salió a predicar por los pueblos. De regreso a su patria, en 1245, se lo nombró general de la orden.
Un día domingo, el 16 de julio de 1251, la Virgen le otorgó la gracia de su aparición. María le entregó un retazo de tela de lana, de color pardo, que tenía la abertura para pasar la cabeza y pendía delante del pecho y también por detrás de la espalda. Era un escapulario. Al hablarle, la Virgen le dijo que ésta es “una señal de predestinación y alianza de paz y pacto sempiterno; los que con él murieren, no padecerán el fuego eterno”.
El primer convento que los carmelitas levantaron se hallaba en Jerusalén, en la Puerta Dorada (según la leyenda, en la misma casa de santa Ana, madre de la Virgen). En dicho convento está la iglesia del Paternóster, llamada así porque en ese lugar, según la tradición, Jesús enseñó a sus discípulos el padrenuestro. En las paredes del mismo está escrita dicha oración en treinta y cinco idiomas.
Consagración a la Virgen del Carmen
Virgen del Carmen, oh Madre mía, me consagro a Tí,
y confío en tus manos mi existencia entera.
Acepta mi pasado con todo lo que ha sido.
Acepta mi presente con todo lo que es.
Acepta mi futuro con todo lo que será.
Con esta total consagración
te confío cuanto tengo y cuanto soy,
todo lo que he recibido de tu Hijo Sacratísimo
y de tu Esposo Santísimo.
Te confío mi inteligencia, mi voluntad y mi corazón.
Pongo en tus manos mi libertad, mis ansias y
mis temores, mis esperanzas y mis deseos,
mis tristezas y mis alegrías.
Cuida de mi vida y todas mis acciones para que
sea más fiel al Señor Trino y Uno,
y con tu ayuda alcance la salvación.
Te confío, Oh gran Señora,
mi cuerpo y mis sentidos,
para que sean puros siempre
y me ayuden en el ejercicio de las virtudes.
Te confío mi alma, para que Tú la preserves de
las tentaciones del mundo,
de la carne y de Satanás.
Hazme participar de una santidad similar a la tuya;
vuélveme conforme a Jesucristo, ideal de mi vida.
Te confío mi entusiasmo y el ardor de mi devoción
para que me ayudes a no envejecer en la Fe.
Te confío mi capacidad y ganas de amar
como has amado Tú, y como Jesús quiere que se ame.
Te confío mis incertidumbres y mis angustias,
para que en tu Corazón encuentre seguridad,
sostén y luz en cada instante de mi vida.
Con esta consagración
me empeño en seguir tu vida
de humildad, mansedumbre, y pureza.
Acepto las renuncias y los sacrificios
que esta elección conlleva y te prometo
con la gracia de Dios y con tu ayuda
ser fiel al empeño tomado.
Oh, Madre de todos los hombres,
Soberana de mi vida y de mi conducta,
dispón de mí y de todo lo que pertenece
para que camine siempre en el Evangelio
bajo tu guía, oh Estrella del Mar.
Oh Reina del Cielo y de la Tierra,
Madre Santísima del Redentor,
soy todo tuyo, oh Virgen del Carmen,
y a Ti quiero unirme ahora y siempre
para adorar a Jesucristo, juntoa los Angeles
y a los Santos, ahora y por los siglos de los siglos. Amén.
Otros celebraciones de hoy: En la República Argentina se celebra la coronación de Nuestra Señora de Itatí. Santos: Abundancia, Edburga, Edit, Gobán, Justiniano, confesores; Teneman, Milón, Monulfo, Eustaquio, Gondulfo, Vitaliano, obispos; Sisenando, Valentín, Teódoto, Eustasio, Macario, mártires; Elvira, abadesa; María Magdalena Postel, fundadora.