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Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa

FIESTA: 27 DE NOVIEMBRE



El 27 de noviembre de 1830, en la Capilla del convento de las Hijas de la Caridad, rue du Bac en París, la Santísima Virgen se apareció a Santa Catalina Labouré por segunda vez, para dejarnos el regalo de la medalla milagrosa.

Santa Catalina Labouré (1806-1876) nació en Francia, en una familia campesina. Quedó huérfana de madre a los 8 años, y por eso, desde muy niña, tuvo un especial cariño por su madre del cielo, la Virgen María.

Catalina quedó al frente de los trabajos de la casa, ya que su hermana mayor había entrado en un convento vicentino. Desde los 14 años pidió a su papá que le permitiera entrar en el convento junto a su hermana; pero él, que la necesitaba para atender los muchos oficios de la casa, no se lo permitió. Ella le pedía a Nuestro Señor que le concediera lo que tanto deseaba: ser religiosa. Y una noche vio en sueños a un anciano sacerdote que le decía: "Un día me ayudarás a cuidar a los enfermos". La imagen de ese sacerdote se le quedó grabada para siempre en la memoria.

A los 24 años, logró que su padre la dejara ir a visitar a la hermana religiosa, y al llegar a la sala del convento vio allí el retrato de San Vicente de Paul y reconoció en su figura al Sacerdote que había visto en sueños. Finalmente ingresó en la comunidad.

Siendo aún joven, Catalina comenzó a tener apariciones. La aparición más famosa fue la del 27 de noviembre de 1830. Estando por la noche en la capilla, de pronto vio que la Reina del Cielo venía vestida de blanco. Junto a Ella había un globo luciente sobre el cual estaba la Cruz. Nuestra Señora abrió sus manos y de sus dedos fulgentes salieron rayos luminosos que descendieron hacia la tierra. María Santísima dijo entonces a Sor Catalina: "Este globo que has visto es el mundo entero donde viven mis hijos. Estos rayos luminosos son las gracias y bendiciones que yo expando sobre todos aquellos que me invocan como Madre. Me siento tan contenta al poder ayudar a los hijos que me imploran protección. Esos rayos que no caen a la tierra representan los muchos favores y gracias que yo quisiera conceder a las personas, pero se quedan sin ser concedidos porque no los piden”. Entonces alrededor de la cabeza de la Virgen se formó un círculo o una aureola con estas palabras:

"Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Ti".

Y una voz dijo a Catalina: "Hay que hacer una medalla semejante a esto que estas viendo. Todas las personas que la lleven, sentirán la protección de la Virgen", y apareció una M, y sobre la M una cruz; debajo los corazones de Jesús y María. Es lo que hoy está en la Medalla Milagrosa.

Sor Catalina llevó a cabo fielmente la misión que le encomendó la Virgen. Más por humildad y por amor de la vida retirada, lo hizo de tal manera que, hasta su muerte, nadie supo que ella era la mensajera elegida por la Reina del Cielo. Al fin, ocho meses antes de su muerte, fallecido ya su antiguo confesor, Catalina le contó a su nueva superiora todas las apariciones con todo detalle.

Llevemos esta Medalla de la Santísima Virgen con respeto, y repitamos a menudo, con amor y confianza, la invocación con la cual nuestra Madre quiere que le pidamos sus favores:

“O María
sin pecado concebida,
rogad por nosotros
que recurrimos a Vos”

Mensaje de la Medalla

Frente de la medalla: Aparece María Inmaculada, Madre de los hombres; mensajera de la ternura de Dios, se muestra en pie. Viene hacia nosotros con las manos abiertas y en actitud de acogida.
María es la sin pecado, por eso aplasta la cabeza de la serpiente.
Se lee una oración "Oh María sin pecado concebida rogad por nosotros que recurrimos a vos".
Nos da a conocer que es la Inmaculada Concepción.

Reverso de la medalla: Significa el proyecto de amor de Dios hacia los hombres. La M coronada por la cruz nos muestra que María esta íntimamente unida al misterio de la Pasión y de la Cruz de su Hijo, desde el Pesebre hasta el Calvario. Los dos corazones, el de Jesús y el de María, representan la fuerza del amor que llega hasta la entrega total. María entró plenamente en ese Misterio de Amor de nuestra redención. Las doce estrellas significan que Jesús estableció su Iglesia sobre el fundamento de Pedro y sus Apóstoles.

PARA OBTENER UNA GRACIA ESPECIAL

¡Oh María, consuelo de cuantos os invocan!. Escuchad benigna la confiada oración que en mi necesidad elevo al trono de vuestra misericordia. ¿A quién podré recurrir mejor que a Vos, Virgen bendita, que sólo respiráis dignidad y clemencia, que dueña de todos los bienes de Dios, sólo pensáis en difundirlos en torno vuestro? Sed pues mi amparo, mi esperanza en esta ocasión; y ya que devotamente pende de mi cuello la Medalla Milagrosa, prenda inestimable de vuestro amor, concededme, Madre Inmaculada, concededme la gracia que con tanta insistencia os pido.

PARA OBTENER LA CONVERSIÓN DE UN PECADOR

¡Oh Virgen Inmaculada, verdadera escala por donde pueden los pecadores llegar al reino de Dios! Mostraos tal en la conversión de este infeliz que eficazmente encomendamos a vuestro patrocinio; iluminad su inteligencia con los rayos de luz divina que proyecta vuestra Medalla, para que conozca la vida peligrosa que arrastra, la inmensa desventura en que vive alejado de Dios y el terrible castigo que le espera; y, sobre todo, dejad sentir vuestra influencia sobre su corazón para que llore la ingratitud con que mira a Dios, su Padre amoroso, y a Vos, su tierna y cariñosa Madre. Tendedle vuestra mano ¡oh Virgen Purísima! arrancadle del cautiverio del pecado, sacadle de las tinieblas en que yace y conducidle al reino de la luz, de la paz y de la divina gracia.

PARA OBTENER LA CURACIÓN DE UN ENFERMO

¡Oh María, sin pecado concebida, cuya inmensa bondad y tierna misericordia no excluye el alivio de este amargo fruto de la culpa que se llama enfermedad de la cual es con frecuencia víctima nuestro miserable cuerpo! ¡Oh Madre piadosa, a quien la Iglesia llama confiada! ¡Salud de los enfermos! Aquí me tenéis implorando vuestro favor. Lo que tantos afligidos obtenían por la palabra de vuestro Hijo Jesús, obténgalo este querido enfermo, que os recomiendo, mediante la aplicación de vuestra Medalla. Que su eficacia, tantas veces probada y reconocida en todo el mundo, se manifieste una vez más: para que cuantos seamos testigos de este nuevo favor vuestro, podamos exclamar agradecidos: La Medalla Milagrosa le ha curado.

PARA DAR GRACIAS POR UN FAVOR RECIBIDO

¡Oh dulce y gloriosísima Virgen María! He dirigido mis humildes súplicas a vuestro trono, y he conocido por experiencia que nunca se os invoca en vano; que vuestros ojos miran complacidos a quien en vuestra presencia se postra; que vuestros oídos están atentos a nuestras plegarias; que vuestras manos vierten bendiciones a torrentes sobre el mundo entero, y en particular sobre los que llevan con confianza la Medalla Milagrosa. ¿Cómo pagaros, Madre Inmaculada, tanto favor? De ningún modo mejor que proclamando vuestra bondad y difundiendo por todas partes vuestra bendita Medalla, como me propongo hacerlo desde este día en testimonio de mi agradecimiento y de mi amor. Dadme gracia, Madre mía, para llevarlo a cabo.

Mariana Canale
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