Nuestra Señora del Pilar
La evangelización iniciada en
cada lugar del mundo, hace siglos o pocos años, no terminará
hasta el fin de los tiempos. Ahora nos toca a nosotros llevarla a
cabo. Dirigirnos a Ella en petición de ayuda es un buen
comienzo en todo apostolado... debemos tenerla a Ella como Modelo.
“Me felicitarán todas las
generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí” (Lc 1, 48)
Según una antiquísima y venerada
tradición, la Virgen, cuando aún vivía, se
apareció en carne mortal al Apóstol Santiago el Mayor
en Zaragoza, acompañada de ángeles que traían
una columna o pilar como signo de su presencia.
En la aparición, Nuestra Señora
consoló y reconfortó al Apóstol Santiago, a
quien prometió su asistencia materna en la evangelización
que estaba llevando a cabo en España. Desde entonces, el Pilar
es considerado como “el símbolo de la firmeza de la
fe”(Juan Pablo II, Homilía en Zaragoza, 6-11-1982); a la
vez, nos indica el camino seguro de todo apostolado: a Jesús,
por María. La Virgen es el Pilar firme, los cimientos seguros,
donde se asienta la fe y donde esta fe se guarda.
Al ver tantas naciones y pueblos diversos que
celebran hoy esta fiesta y al contemplar su amor a la Virgen podemos
ver cumplidas las palabras de la Sagrada Escritura (Eclo 24, 16-21).
Su devoción se ha extendido por todas partes.
La fiesta de hoy es una excelente ocasión
para pedir, por su meditación, que la fe que Ella alentó
desde el principio se fortalezca más y más, que los
cristianos seamos testigos tanto más firmes cuanto mayores
sean las dificultades que podamos encontrar en el ambiente del
trabajo, de las personas con las que habitualmente nos relacionamos,
o en nosotros mismos. Esto nos consuela: si hemos de enfrentarnos a
obstáculos más grandes, más gracia nos obtendrá
Nuestra Señora para que salgamos siempre triunfadores.
Le pedimos hoy ser pilares seguros, cimiento
firme, donde se puedan apoyar nuestros familiares y nuestros amigos.
“Tú permaneces como la columna que guiaba y sostenía
día y noche al pueblo en el desierto” (Sab18, 3; Ex 13, 21-22)
En el libro del Éxodo se lee cómo
Yahvé precedía al pueblo en el desierto, de día
como una columna en forma de nube para indicarle el camino, y de
noche como una columna de fuego para alumbrarle (cf Ex 13, 21). En el
libro de la Sabiduría se señala: “Y en lugar de
tinieblas encendiste una columna, que le diste para su camino, un sol
que no les quemaba, para una gloriosa peregrinación”
(Sab18, 3).
La Virgen fue quien marchó delante en la
evangelización de los comienzos, alumbrando el camino, y es
quien ahora va primero, iluminando nuestro propio camino y el
apostolado personal que como cristianos corrientes realizamos en
nuestra familia, en el trabajo y en los ambientes que frecuentamos.
Por eso, cuando nos proponemos acercar a un familiar o a un amigo a
Dios, lo encomendamos en primer lugar a Nuestra Señora. Ella
quita obstáculos y enseña el modo de hacerlo. Cada uno
de nosotros, quizá, ha experimentado esta poderosa ayuda de la
Virgen. “Sí, tenemos como guía una columna que
acompaña al nuevo Israel, a la Iglesia, en su peregrinar hacia
la Tierra prometida, que es Cristo, el Señor. La Virgen del
Pilar es el faro esplendente, el trono de gloria, que guía y
consolida la fe de un pueblo que no se cansa de repetir en la Salve
Regina: Muéstranos a Jesús” (Juan Pablo II,
Ángelus 15-11-1987)
La evangelización iniciada en cada lugar
del mundo, hace siglos o pocos años, no terminará hasta
el fin de los tiempos. Ahora nos toca a nosotros llevarla a cabo.
Para eso hemos de saber comprender a todos de corazón. Con más
comprensión cuanto más distantes se encuentren de
Cristo, con una caridad grande, con un trato amable, sin ceder en la
conducta personal ni en la doctrina que hemos recibido a través
del canal seguro de la Iglesia.
Acudamos a Nuestra Señora pidiéndole
luz y ayuda en esas metas apostólicas que nos proponemos para
llevar a cabo la vocación apostólica recibida en el
Bautismo. Acudamos a Ella a través del Santo Rosario,
especialmente en este mes de octubre –el mes del Rosario-,
visitemos sus santuarios y ermitas, ofreciéndole algún
pequeño sacrificio, que Ella recoge sonriendo y lo transforma
en algo grande. Dirigirnos a Ella en petición de ayuda es un
buen comienzo en todo apostolado... debemos tenerla a Ella como
Modelo. Miremos su vida normal: veremos su caridad amable, el
espíritu de servicio que se pone de manifiesto en Caná,
en la presteza con que ayuda a su prima Santa Isabel... Debemos
contemplar su sonrisa habitual, que la hacía tan atrayente
para las personas que habitualmente trataban... Así hemos de
ser nosotros.
En este día tan especial, pedimos también
hoy al Señor que nos conceda, por intercesión de Santa
María del Pilar, “permanecer firmes en la fe y generosos
en el amor” (Oración sobre las ofrendas de la Misa
propia del día).
Le suplicamos ser firmes en la fe, el tesoro más grande que
hemos recibido. Saber guardarla –en nosotros y en quienes
especialmente Dios ha puesto a nuestro cuidado- de todo aquello que
la pueda dañar: lecturas inconvenientes, programas de
televisión que poco a poco van minando el sentido
cristiano...; guardarla sin ceder en lo que fielmente nos ha
transmitido la Iglesia, manteniendo con fortaleza esa buena doctrina
ante un ambiente que en aras de la tolerancia se muestra en ocasiones
intolerante con esos principios firmes en los que no cabe ceder,
porque son los cimientos en los que se apoya toda nuestra vida.
“Resistid fuertes en la fe” (cf 1 Pdr 5, 9), exhortaba
San Pedro a los primeros cristianos en un ambiente pagano, parecido
al que en algunas ocasiones podemos encontrar nosotros. Ceder en
materia de fe o de moral, por no llevarse un mal rato, por puro
conformismo y cobardía, ocasionaría un mal cierto a
esas personas que, tal vez un poco más tarde, verán la
luz en nuestro comportamiento coherente con la fe de Jesucristo.
En un ambiente en el que quizá abundan la
debilidad y la flaqueza, esta firmeza ha de ir acompañada por
la generosidad en el amor: el saber entendernos con todos, incluso
con quienes no nos comprenden o no quieren hacerlo, o tienen ideas
sociales y políticas distintas u opuestas a las nuestras, con
personas de elevada cultura o con aquellos que apenas saben leer...,
manteniendo siempre una actitud amable –compatible con la
firmeza cuando sea necesaria-, que nace de un corazón que
trata a Dios diariamente en la intimidad de la oración.
Si la primera evangelización, en España
y en todas partes, se realizó bajo el amparo de la Virgen,
esta nueva evangelización de las naciones que están
cimentadas desde su origen en principios cristianos también se
realizará bajo su amparo y ayuda, como la columna que
guiaba y sostenía día y noche en el desierto al Pueblo
elegido. Ella nos lleva a Jesús, que es nuestra Tierra
prometida. “Ella, con su Hijo en brazos, como aquí en el
Pilar, nos lo muestra sin cesar como el Camino, la Verdad y la Vida”
(Juan Pablo II, Homilía en Zaragoza)
Hoy, en su fiesta, nos acercamos con el corazón
al Pilar y le pedimos a Nuestra Señora que nos guíe
siempre, que sea la seguridad en la que se apoya nuestra vida.
Estractos del Libro “Hablar con Dios”
Francisco Fernández-Carvajal
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