HOME
Quiénes somos
Directorio
Artículos
Reflexiones
Oraciones
Sacramentos
Biblia
Evangelios leídos
Magisterio
Catecismo
Código Derecho Canónico
Doctrina Social de la Iglesia
Liturgia de las Horas
Red Oración
Consultas
Al Sacerdote
Colaborar
Contacto
Curso de Teología
Curso de Catequesis

Milagros de la vida cotidiana

En este mes les proponemos profundizar acerca de la presencia del Señor en cada una de nuestras actividades diarias, contemplando los pequeños milagros que algunos hombres experimentaron en vida, en el trabajo, en su familia, en el trato con sus amigos, etc., como consecuencia de su amistad con Dios.

¿Si es bella la vida?

El título de Roberto Benigni -La vida es bella- parece resumir el contenido de la película, pero es más bien un guión de resumen que dice gran parte de lo que debemos concluir tras los sentimientos despertados tan maravillosamente por él, y, quizá sin quererlo, indica qué hemos de apreciar de su película. En todo caso, allí está en toda su claridad y en toda sus posibilidades.

Cuando alguien afirma que algo es bello, dice que ese algo despierta, al contemplarlo, un agrado especial, algo que llamamos gusto. Cuando se dice "me encanta tal pintura", o "me fascina tal canción", se muestra que ese algo tiene unas cualidades que mueven nuestro ser hacia él en una aprobación de su existencia. Eso también se llama amor.

Amar a alguien es estar complacido por su presencia en nuestra vida, pero, más radicalmente, es complacernos en su existencia aunque no esté presente en nuestra vida: prefiero tu existencia a tu no existencia, aunque no pueda tenerte siempre conmigo. ¿Nuestro amor a la vida crece o aumenta nuestro aprecio por ella después de ver la película de Benigni? No lo sé.

Las vidas -en plural- que allí se muestran no son todas bellas, ni mucho menos. Quizá antes de la guerra, ninguna vida en la película produce esa envidia estupenda que lleva a desear vivir de un modo mejor, ni tan siquiera despierta la envidia superficial que nos hace desear los placeres de otros sin apreciar los nuestros. Es más. Quizá hasta que no aparece el peligro, aunque uno se ríe mucho, la película cansa poco a poco; tiene mucho de ese humor que produce la sensación de que la vida no es más que un conjunto de bufonadas algo ridículas.

Esa vida no es bella, aunque empieza a serlo al conocer al niño: los niños muestran una faceta renovada de la maravilla de la vida, pero algunos lo hacen tan de veras, que su sola visión renueva La "vida". con aquel personaje, empieza a verse distinta en la película. Y viene el desastre, la injusticia, el sufrimiento, y ese canto prodigioso al temple interior del hombre que no se derrumba ante la adversidad gracias a la existencia de un objeto grande de su amor, de su complacencia. Sorprende, incluso, la indiferencia inverosímil de los presos ante la presencia del niño. Ni si quiera lo determinan. No creo eso posible. Esa vida de la prisión no es bella, ni la de los guardias, ni la de los médicos, ni la de los presos. Incluso la vida del niño, en tal estado, empieza a ser un gran motivo de peso en el corazón: la de él es bella, no hay derecho a que esté allí, hay que salvarla a toda costa.

Eso hace el padre de un modo tan genial, encantador y heroico, que la vida de ese hombre, y de esa esposa, cobra toda la importancia que tiene: el niño, gracias a ellos, ni siquiera sospecha el horror que se consuma a su alrededor. Dichosa escena aquella en la que, tras escuchar los horrores en labios del hijo, el padre suelta carcajadas que sorprenden al pequeño y se esfuma de su corazón infantil la posibilidad del mal que le acecha.

UNA VIDA HEROICA

Esa vida de nuestro héroe, mucho más heroica que la de Indiana Jones, que la de cualquier personaje de Schwazeneger o de Segal, mucho más que la del Zorro, sí que se vuelve bella, tanto mientras soporta a fuerza de ingenio la del hijo y la de su madre, como después, en quienes lo hemos visto y guardamos en el recuerdo la gloria que le concede la poesía -¿o no es esta película un canto, un poema al amor?-.

Incluso me atrevo a decir que la vida de los "malos" es bella en el conjunto de lo que se muestra, pues la maravilla que conmueve en lo más hondo no habría sido posible sin ellos. No es que sea bueno el mal para quien lo realiza, o que alguien pueda excusar su maldad porque así contribuye con la belleza de la vida, pero sería imposible admirar y reconocer tal belleza, ante tales hechos, sin esa odiosa colaboración. Aclaro aún más: pienso que el mal, al final, contribuye al bien mayor del conjunto.

¿Es bella la vida? Es hora de rectificar el tono negativo de mi primer juicio respecto al título, y más bien agradecer a Benigni tal elección. La existencia es objeto digno de contemplación. La vida de los hombres, mirada en la perspectiva adecuada, es maravillosa, motivo de gozo para el observador atento. La vida, si por tal entendemos aquel conjunto que nos hace ver la película, es sumamente bella, valiosa, el gran don del hombre.

Y quizá puede afirmarse siempre, y en toda circunstancia por horrible que nos parezca, que la vida merece vivirse, que el cuadro que se está formando es sublime, que "la película" que saldrá al final será digna de ser contada, cantada, proyectada; basta aprender a ser, desde ya, un buen observador, un observador atento.

 

Por Alejandro Baver
Gentileza de Arvo.net
www.iglesia.org

Artículos relacionados:

El Santo Rosario: Más poderoso que la bomba atómica
Soldado iraquí abraza la vida monástica
La mano de Chemita



Copyright © 1996-2007 Iglesia.org Todos los derechos reservados
www.iglesia.org



Programación:
Diseño Gráfico:Gonzalo Quesada