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¿Cómo practicar hoy las obras de misericordia?


Los Hechos

Tradicionalmente se nos han enseñado como obras de misericordia siete corporales y siete espirituales. Las primeras son: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, dar posada al peregrino, visitar los enfermos, redimir a los cautivos y sepultar a los difuntos; las segundas son: enseñar al ignorante, dar buen consejo al que lo necesita, corregir a los pecadores, tener paciencia en las tribulaciones, perdonar con gusto las ofensas, consolar a los afligidos y orar por los vivos y los difuntos. ¿Cuáles de estas obras, y de qué modo pueden ser practicadas hoy?

El Texto

Entonces el Rey dirá a los que están a su derecha: «Vengan, benditos de mi Padre, y tomen posesión del reino que ha sido preparado para ustedes desde el principio del mundo. Porque tuve hambre y ustedes me dieron de comer; tuve sed y ustedes me dieron de beber. Fui forastero y ustedes me recibieron en su casa. Anduve sin ropas y me vistieron. Estuve enfermo y fueron a visitarme. Estuve en la cárcel y me fueron a ver.» (Mateo 25:34-36)

La opción

* Es importante empezar por entender que la práctica de la misericordia no es una afición, ni un «hobby», que algunas personas, más o menos desocupadas, y con la vida más o menos arreglada, se dedican a hacer. La misericordia tiene su fuente en el amor: ante todo, en el amor recibido. Vivir la misericordia es acoger en nosotros la gracia de salvación que Dios nos propone en Jesucristo, y luego dar espacio a ella para manifestarse a través de nosotros, en otras personas.

* Así pues, la misericordia no empieza en los actos, sino en las actitudes: antes que una serie de obras que ocasionalmente es posible practicar, es un modo de mirarse a sí mismo y a los demás, que nos lleva a descubrir que todos hemos sido creados por amor y para el amor.

* Quien tiene una mirada misericordiosa, pronto adquiere manos misericordiosas, porque el amor es activo, creativo y constructivo.

* La misericordia tiene predilección por los más necesitados: su centro está en el bien del prójimo, más incluso que en las posibilidades de uno mismo. Obra así a ejemplo de Jesucristo, que no se paró a pensar cuál de las gotas de su Sangre iba a servir para perdón mío o tuyo.

* Las obras tradicionales tienen en este sentido validez porque son como caminos que llevan a nuestros ojos hacia las necesidades de nuestros hermanos, donde Cristo mismo nos aguarda: cuando se trata de misericordia, él es el que da y el que recibe.

Gentileza de www.geocities.com
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