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La Oración de Jesús

La invocación incesante del Nombre de Jesús



Existe en la vida de las Iglesias de Oriente y de la Iglesia Ortodoxa Rusa en particular, una práctica espiritual de la oración muy profunda: la Oración de Jesús, u Oración del corazón.

Esta oración consiste en una invocación incesante del Nombre de Jesús, de allí su nombre: Oración de Jesús. Ella encuentra su fuerza en la virtud del Nombre divino, el Nombre de Jahveh en el Antiguo Testamento, el Nombre de Jesús en el Nuevo Testamento, particularmente en el libro de los Hechos de los Apóstoles: «Aquel que invoque el nombre del Señor será salvado» (Hch 2, 21). El Nombre es la Persona misma. El nombre de Jesús salva, cura, arroja los espíritus impuros, purifica el corazón. Se trata de «llevar constantemente en el corazón al muy dulce Jesús, de ser inflamado, por el recuerdo incesante de su Nombre bienamado y por un inefable amor hacia él», así se expresa el padre Paisij Velitchkovsky. (1)


Esta oración se apoya en varias exhortaciones apostólicas, entre las que se encuentra: «Velad y orad en todo tiempo» (Lc 21, 36). Consiste en repetir sin cesar la fórmula: «Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador» (Lc 18, 38). Se trata del grito del ciego de Jericó que implora a Jesús la curación, y también de la oración del publicano: «Oh, Dios, compadécete de mí que soy pecador» (Lc 18, 13). Es también el Kyrie eleison – Señor, ten piedad de nosotros – de la liturgia. «La forma primitiva de la Oración de Jesús, dice Meyendorf, parece ser el Kyrie eleison cuya repetición constante en las liturgias orientales remonta también a los Padres del Desierto». (2)

Las palabras de la fórmula pueden variar, pero se recomiendo aplicarse a una fórmula breve y fija. Esto tomará el nombre de «oración monológica». «Que vuestra oración ignore toda multiplicidad: una sola palabra bastó al publicano y al hijo pródigo para obtener el perdón de Dios. Que no exista afectación en las palabras de vuestra oración: ¡Cuántas veces los balbuceos simples y monótonos de los niños conmueven a su padre! No os lancéis en largos discursos para no disipar vuestro espíritu en la búsqueda de palabras. Una sola palabra del publicano conmovió la misericordia de Dios: una sola palabra llena de fe salvó al ladrón. La prolijidad en la oración a menudo llena al espíritu de imágenes y lo disipa, mientras que a menudo una sola palabra (monología) tiene por efecto recogerlo.» (3)


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NOTAS


(1) Citado por E. Behr-Sigel, La Priere a Jesús ou le mystere de la spiritualité monastique orthodoxe, en La douloureuse Joie, colección Spiritualité Orientale, Nº 14, Bellefontaine, 1974, p. 92.
(2) J. Meyendorf, S. Grégoire Palamus et la mystique orthodoxe «Maitres spirituels», Nº 20, ed. De Seuil, 1959.
(3) Juan Clímaco, «La Santa Escala», Lumen.

 

Extraído del libro «La Filocalia – de la Oración de Jesús»
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