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¿Cómo orar a Jesús en Navidad?



Sucede que apenas miramos a Jesús en el pesebre, antes de que podamos decirle nada, el Dios Todopoderoso, hecho niño indefenso nos está gritando: “Mira cuánto te amo” . No sabe hablar y cada vez que le vemos, le escuchamos tantas veces decirnos que nos ama.

El nacimiento de Jesús contado con la inocencia de los niños ayuda mucho a entrever la grandeza del misterio contenido en la encarnación del Hijo de Dios y todo el amor que supone.


LO MEJOR QUE PUEDE ESCUCHAR UNA PERSONA

Pienso en los sacrificios de una madre… Todo le parece poco cuando su bebé le sonríe por primera vez. Con esa sonrisa le ha dicho “Gracias, mamá. Te quiero”.

¿Qué es lo mejor que puede escuchar una persona? "Te amo, te quiero". Y Dios, con su encarnación, me lo está gritando. Pero ¿qué he hecho yo para que Jesús me sonría? Nada, me sonríe simplemente porque sí; porque me ama y basta. Dios vino al mundo para mendigar mi amor y preguntarme, con el respeto que le caracteriza, si quiero darle mi corazón.

Así que una buena forma de rezar en Navidad es simplemente detenerse en su presencia y decirle: "Jesús, yo también te quiero."

O dile la frase de amor que tú quieras, basta que te acuerdes de Él. No es lo que dices con los labios lo que más importa, sino que le hables a Jesús como te dicta el corazón o simplemente que le contemples, que le escuches.



SABOREAR SU PRESENCIA

También puedes confesarte, recibir su perdón, recibirle en la Eucaristía en la misa de Nochebuena y quedarte allí sin prisas a saborear su presencia.

El 24 de diciembre de 2006 el Papa Benedicto XVI decía:

“Entre tantos regalos que compramos y recibimos no olvidemos el verdadero regalo: darnos mutuamente algo de nosotros mismos. Darnos mutuamente nuestro tiempo. Abrir nuestro tiempo a Dios. Así la agitación se apacigua. Así nace la alegría, surge la fiesta.”

Este encuentro lo está deseando Jesús: "Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo." (Ap 3,20)
Mi frase de navidad preferida

Hace años una amiga me regaló una imagen del Niño Jesús recostado en una cruz. Le saqué una foto (la que aparece arriba) para que al verla te acuerdes de Él y puedas decirle lo que te brote del corazón.

Jesús:
Esta Nochebuena quiero pasarla contigo.
Aunque el mundo no se pare ni guarde silencio,
detendré mi existencia en tu presencia.
Quiero dejarte que me mires,
ver tu sonrisa y escucharte.
Desde arriba podías verlo todo,
pero quisiste verme desde otra perspectiva.
Viniste a decirme que sabes bien lo que es el amor humano.
Viniste a sufrir y también a disfrutar como nosotros.
Viniste a demostrarme que comprendes mis preguntas.
Viniste a revelarme otro pedazo de cielo y a salvarme.
Viniste a buscarme y a encontrarte conmigo.
Viniste a mendigar lo que es tuyo.
Gracias, Jesús; yo también te quiero.


La Navidad es un buen tiempo para decirle muchas veces: “Jesús, te amo”, “Jesús, toma mi corazón”, “Jesús, gracias”Un acto de amor al niño Jesús sin duda le complace. Y a la Virgen María, no se diga. Esta es una buena forma de rezar en Navidad.

Así que: Jesús, al verte clavado en el pesebre, mi frase preferida es decirte que ¡yo también te quiero!

 

Por Evaristo Sada L.C.
Gentileza de www.la-oracion.com
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