San Basilio, el Grande
San Basilio nació en el seno de una familia profundamente cristiana. Su abuelo materno había sufrido el martirio. Su padre, junto a una intensa piedad, transmitió a los diez hijos una sólida formación doctrinal, y de aquel hogar salieron tres obispos santos: el propio Basilio y sus hermanos Gregorio de Nisa y Pedro de Sebaste.
Basilio dedicó varios años al estudio de la retórica y la filosofía en Constantinopla y Atenas. Más tarde, cuando contaba unos veinticinco años, regresó a su ciudad natal, Cesarea de Capadocia, donde emprendió la profesión docente. Al poco tiempo, dejó la enseñanza y se retiró al desierto para dedicarse a la contemplación: así se convirtió en uno de los pioneros de la vida monástica. En el año 370 fue ordenado sacerdote; seis años más tarde, sucedió a Eusebio corno Obispo de Cesarea, Metropolitano de Capadocia, y Exarca de la Diócesis del Ponto.
En el texto que se reproduce a continuación, tomado de una de sus obras más importantes, previene a los cristianos de una posible tentación: sustraerse a las obligaciones del trabajo personal con la excusa de dedicar más tiempo a la oración. San Basilio aporta numerosos textos de la Sagrada Escritura para demostrar hasta qué punto el trabajo es parte integrante del espíritu cristiano.
El deber de trabajar