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El Papa pide a los padres que guíen a sus hijos con el ejemplo y la oración


Fiel al calendario litúrgico, Benedicto XVI aprovechó las celebraciones de santa Mónica y de su hijo, san Agustín, para su reflexión. El Papa presentó a estas grandes figuras de la Iglesia, cuyos «testimonios pueden ser de gran consuelo y ayuda para muchas familias también en nuestro tiempo».

En sus palabras el Papa pidió a «los padres cristianos que acompañen con el ejemplo y la oración el camino de sus hijos» y se mostró cercano a los que se encuentran con «dificultades» en las «relaciones familiares» y a las madres que «están angustiadas porque sus hijos se encaminan por senderos equivocados».

A estas últimas, el Pontífice propuso como modelo a Mónica, la santa del siglo IV que «vivió de manera ejemplar su misión de esposa y de madre». Así recordó que, primero, ayudó a su marido Patricio «a descubrir la belleza de la fe en Cristo», y más tarde, al enviudar precozmente, «se dedicó con valor al cuidado de sus tres hijos». Entre ellos se encontraba Agustín «quien al principio le hizo sufrir por su temperamento rebelde», afirmó.

Mujer sabia y sólida en la fe


El Papa recordó que el propio Agustín reconoció que su madre «le engendró dos veces» y la segunda «requirió una larga tribulación espiritual, hecha de oración y de lágrimas, pero coronada por la alegría de verle no sólo abrazar la fe y recibir el bautismo, sino también dedicarse por completo al servicio de Cristo». Así, señaló que el ejemplo de Mónica, «mujer sabia y sólida en la fe», invita a las madres «a no desanimarse, sino a perseverar en su misión», manteniendo «firmes la confianza en Dios y aferrándose con perseverancia a la oración».

Benedicto XVI continuó su discurso con una exposición de la figura de san Agustín, de quien afirmó que «toda su existencia fue una apasionada búsqueda de la verdad» y «al final, no sin una larga tormenta interior, descubrió en Cristo el sentido último y pleno de la propia vida». Por ello lo señaló como «modelo de camino hacia Dios». Recordó también que san Agustín, en sus «Confesiones» reconocía que en su adolescencia «atraído por la belleza terrena se lanzó de manera egoísta y posesiva con comportamientos que crearon no poco dolor a su piadosa madre» Y añadió que a través de «un fatigoso itinerario» llegó hasta su conversión. Quizás por ello encomendó al santo a «aquellos jóvenes que, sedientos de felicidad, la buscan recorriendo caminos equivocados y se pierden en callejones sin salida».

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