Partir Derrotados: La «nueva» campaña contra el SIDA
El gobierno chileno ha decidido llevar adelante una campaña de prevención del Sida mediante el uso masivo del preservativo. Pese a todas las evidencias que demuestran que el camino elegido no producirá el efecto querido y que, por el contrario, traerá consecuencias nefastas en la vivencia de la sexualidad de nuestros jóvenes, se ha seguido adelante, disponiendo de enormes recursos fiscales y de agencias internacionales para ello. Una campaña como la señalada es una expresión de la derrota y el pesimismo de las autoridades y una manifestación de una errada concepción de la sexualidad. Es una afrenta a nuestros jóvenes que son vistos por la autoridad como personas incapaces de vivir una sexualidad ordenada y a los cuales simplemente se les proporciona medios inmorales por cierto para que sus instintos no produzcan resultados negativos. Mientras se invierten cientos de millones de pesos en esto, dineros de todos nada se hace para promover una enseñanza de la sexualidad acorde con la dignidad de las personas ni se disponen recursos para que entes privados la realicen. Es una expresión también de la dictadura relativista que invade tantos ámbitos de nuestra vida como sociedad: unos pocos dotados de autoridad y de medios, imponen a todos sus visiones reductivas y desesperanzadas quienes, como mansos corderos, tienen que sufrir los abusos de los poderosos.
Con cuánta claridad se entienden las palabras recientes del Papa Benedicto al referirse a estas nuevas dictaduras. “La pequeña barca del pensamiento de muchos cristianos no rara vez ha sido agitada por las olas, zarandeada de un extremo al otro: del marxismo al liberalismo, hasta el libertinismo; del colectivismo al individualismo radical; del ateísmo a un vago misticismo religioso; del agnosticismo al sincretismo, etc. Cada día nacen nuevas sectas y se realiza lo que dice San Pablo sobre el engaño de los hombres, sobre la astucia que tiende a inducir en el error (ver Ef 4, 14). Tener una fe clara, según el Credo de la Iglesia, es etiquetado con frecuencia como fundamentalismo. Mientras que el relativismo, es decir, el dejarse llevar ‘aquí y allá por cualquier viento de doctrina’, parece ser la única actitud que está de moda. Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que sólo deja como última medida el propio yo y sus ganas”.
Desde estas páginas, quisiéramos reafirmar a los fieles en los verdaderos valores acerca del hombre, para no ser llevados por estos vientos de errores, sostenidos por personas ignorantes de nuestra más profunda realidad trascendente. Es cierto, hay que preocuparse de que los hombres y mujeres aprendan a vivir una sexualidad madura, pero es cierto que ella se realiza verdaderamente en el amor matrimonial y en la apertura a la vida. Es cierto que nuestros jóvenes tienen dificultades para vivir esa sexualidad, pero también lo es que nosotros mismos los hemos conducido a ellos mediante el fomento de una sociedad hedonista, donde todo llama a un ejercicio responsable de la sexualidad. Basta ver nuestra televisión para comprobar esta afirmación.
Y entonces, como el causante de un incendio que pide auxilio para esconder los males que él mismo realizó, llegan los bomberos a apagarlo con parafina y el mal ya de por si grave, se hace más aún.
La campaña en contra del Sida por medio de la promoción del uso del preservativo sólo agrava los problemas y como conoce muy bien la Iglesia, experta en humanidad, será un fuerte aliciente a una mayor promiscuidad sexual entre nuestros jóvenes, tratados casi como pequeños salvajes incapaces de control alguno.
Cuánto desearíamos que la autoridad fuera capaz de darse cuenta y reconocer que son otras las soluciones. Verdaderas soluciones, no parches. A los problemas morales deben proponerse, en primer lugar, soluciones morales. Y esas ni se vislumbran en la acción de la autoridad que, como el avestruz, esconde su cabeza creyendo que con ello se terminarán las dificultades. “Es doloroso comprobar que la lucha contra el Sida se focaliza en la distribución y uso de preservativos presentados como “sexo seguro”, con total prescindencia de la calificación moral de la actividad sexual, y con prescindencia también del porcentaje nada despreciable en el que estos elementos mecánicos no logran su objetivo, induciendo así a error”. Un poco de sentido común nos hace mucha falta y también un poco más de trascendencia.