Las Pasiones y la Sexualidad
Introducción
El ángel de la pasión, de Anselm Grün
(Tomado de: Cincuenta ángeles para comenzar el año, Salamanca, Sígueme, 1999, 49ss.)
El ángel de la pasión parece contrario al ángel del desasimiento. Pero necesitamos de muchos ángeles para hacer florecer la vida. El ángel de la pasión nos invita a vivir con todo el vigor de nuestro corazón y no a medio gas. Si una persona no es capaz de mantener una gran pasión, su vida se vuelve lánguida y desabrida. Pierde el sabor. Eso no está en la línea de Jesús, que nos exhortó a ser la sal de la tierra, a sazonar este mundo con nuestra vitalidad. Las pasiones son resortes naturales del ser humano que le impulsan a vivir y deben atraerlo, en definitiva, a Dios. El ángel de la pasión nos enseñará el arte de manejar tales resortes para que se conviertan en motores de la vida, para que no seamos dominados por ellos, sino que podamos emplearlos en orden a nuestro verdadero fin. No debemos ser impulsivos, esclavos de la pasión que simplemente se dejan llevar, sino personas que ponen las pasiones al servicio de la vida y configuran ésta en su carácter polifacético. El que es capaz de entregarse a algo con pasión, es también capaz de luchar apasionadamente por la vida, y su espiritualidad será igualmente apasionada. (...)
Los primeros monjes formularon muchas sentencias sobre las pasiones. Evagrio Póntico (+399) enumera nueve pasiones con las que ha de luchar el monje. Las pasiones son, a su juicio, energías positivas. No hay que eliminarlas, sino integrarlas en la propia vida. Las pasiones deben servimos a nosotros, no nosotros a ellas. La apatheia, que es el objetivo de la lucha con las pasiones, no designa un estado apático; significa vernos libres de la fijación patológica a las pasiones, significa la integración de las pasiones en todo lo que hago y pienso, un estado en el que ellas no me dominan, sino que están a mi disposición como fuerza, como virtus, como virtud que mantiene mi vitalidad.
Las pasiones están al margen de los valores. Su cualidad buena o mala depende del uso que se haga de ellas. La ira es una energía positiva que me puede servir para afirmarme, para librarme del poder de otros; pero puede también devorarme si me dejo llevar de ella. La sexualidad puede vitalizarme, pero también poseerme. La vitalidad no emana de la represión ni de la entrega a las pasiones, sino del trato responsable con ellas. Al que vive sin pasión le falta el mordiente, le falta la fuerza, le falta la plenitud de la vida. Muchos cristianos han destruido sus pasiones de tanto buscar lo correcto. Se han vuelto aburridos. No son ya la sal de la tierra, el condimento para nuestro mundo, sino una insipidez que a interesa. Jesús apostó apasionadamente por los pobres y los desposeídos. Habló apasionadamente del Padre misericordioso y combatió la dureza de corazón de los fariseos que habían oscurecido la imagen de Dios con su legalidad mezquina. La palabra alemana Leidenschaft viene de leiden (sufrir), que significó en los orígenes andar, viajar. El que anda adquiere experiencia, le pasan cosas, padece algo. Y así la palabra leiden va cobrando el significado de soportar, sentir dolor. La pasión tiene que ver, por tanto, con la experiencia. El que elimina la pasión pierde experiencia. El que se confía a ella aprenderá, vivirá lo nuevo e insospechado. Pero así como el viaje puede ser molesto, también puede serlo el trato con las pasiones. Es siempre una empresa arriesgada. Y una pasión puede incrementarse más de lo que nos conviene. Entonces nos domina en lugar de servimos para abordar la vida con pasión. Que el ángel de la pasión te acompañe en tus peripecias para que puedas ser un apasionado, alguien que se da a los otros con pasión, que lucha con pasión para hacer posible la convivencia humana aquí, en la tierra.
3.2.Transformación
El itinerario espiritual como transformación quiere señalar algunos aspectos distintivos del camino interior como el crecimiento progresivo, la maduración integral de la personalidad religiosa y la necesaria lucha que permite avanzar y dejarse transformar. Como ha señalado A. Grün, se trata de un aspecto olvidado de la vida espiritual (Cf. Transformación, 7-8.), pero que puede ser de gran utilidad recuperar actualmente, en vistas a una perspectiva de integración. Se presentan a continuación los conceptos claves de la reflexión.
· Transformación. En sentido bíblico, se presenta como la dimensión de la salvación que libera a la persona humana de la esclavitud del pecado y la conduce a su dignidad original. La transformación es divinización. [T 11]. Nos recuerda, además, el lenguaje magisterial de Vita consecrata que introduce y recrea el lenguaje de la transfiguración, cristificación, conformación (cf. VC 14ss), pero se detiene más en la explicación del cómo de esta transformación. En efecto, la transformación cristiana no es otra cosa que la participación en la transfiguración de Jesús. [T 15] Es tanto obra de Dios como nuestra y se realiza en el plano psicológico y espiritual [T 17.16].
· Lugares de la transformación. Corresponde al tema de las mediaciones en la vida espiritual y es desarrollado, de una u otra forma, en todos los manuales de teología espiritual y en los maestros espirituales. Para Grün, se destacan: a) la liturgia, b) la vida interior, c) el sufrimiento [T 75ss], pero también son mencionados d) el ámbito de los sentimientos y de las pasiones [T 36ss], y e) el encuentro, en la oración [T 82ss; OE 7ss] y en las relaciones personales [T 63ss]. Se presentan a continuación algunos de ellos.
3.3. Transformación de los sentimientos y las pasiones
Como punto de partida, Grün plantea que el camino de la eliminación y rechazo de la parte instintiva de la persona humana, tal como se entendió en la ascética del pasado, no demuestra ser la más adecuada. A cambio, propone aprender a dialogar conscientemente con los sentimientos y las pasiones en vistas a su transformación e integración. La razón es muy sencilla: la parte instintiva entraña una fuerza vital que no ha de descartarse en el crecimiento espiritual, suprimirla es optar por un empobrecimiento aunque sea con fines muy espirituales: “No se trata de aniquilar las pasiones, sino de purificarlas para que por ellas podamos llegar a nuestro núcleo más íntimo, a nuestra alma”. [cf. T 36ss]
Para abordar este tema, el autor recurre a la enseñanza de Evagrio Póntico (Cf. Evagrio Póntico: Su vida, su obra, su doctrina, CuadMon 11 (1976) 83-95), en concreto el Tratado de los ocho vicios en los que se ha expresado la psicología del monacato primitivo –para los monjes, ocuparse de las pasiones era el tema central de la vida ascética–. Se trata de cómo andar con los ocho o nueve logismoi (pensamientos emocionales) para que ellos se conviertan en logoi (palabras), y de cómo superar los obstáculos que se presentan en el camino de nuestra humanización. [cf. T 36ss; PS 57ss]
Con respecto a la lucha contra los vicios o demonios, el primer medio es el de la observación de los demonios en el momento de la tentación para descubrir el modo de su ataque y proceder: un conocimiento de ellos les quita su peligrosidad [PS 76]. El segundo medio se denomina antirrético y emplea la ira para ahuyentar los malos pensamientos: busca atacar al demonio con determinadas palabras tomadas de la Escritura. [PS 83ss] Otros medios son propuestos por Evagrio según las tres partes del alma.
La articulación de los ocho vicios se apoya en la división tripartita del alma según Platón: los tres primeros vicios se sitúan en la parte concupiscible –que corresponde a los impulsos fundamentales de la naturaleza– y la tarea consiste en integrarlos dándoles su justa medida. Los tres siguientes pertenecen a la parte emocional, son estados anímicos más difíciles de dominar, y el trato con ellos exige un equilibrio anímico y una madurez interior. Todavía más difíciles de vencer son los dos (o tres) últimos, que corresponden a la parte espiritual.
3.4.La sexualidad y su transformación
La sexualidad es una fuerza positiva que Dios ha regalado a la persona humana. Todo cristiano, también el que está llamado a vivir la virginidad o el celibato, tiene que aceptarla, permitir que sea y desarrollarla, si quiere llegar a la madurez humana. Sexualidad no significa lo mismo que sexo, tampoco que genitalidad sexual: es una condición global del ser humano que lo orienta hacia un tú. La meta de la sexualidad es siempre una mayor vitalidad. (Cf. A. Grün, Célibes por amor a la vida, 23.)
· Sexualidad. Es, ante todo, un modo de ser diferenciado –la masculinidad y la feminidad–, reconocible en los niveles fisiológico, psicológico, racional-espiritual, y que lleva grabado el hecho fundamental de la existencia humana: la vida es un don recibido y que hay que dar. Desde el punto de vista de la función, la sexualidad puede definirse como un déficit orgánico que hace sentir la necesidad del otro, como un potencial energético emotivo que impulsa al sujeto a salir de sí mismo y a entrar en relación con los otros, por medio de la donación de sí y de la acogida del don del otro. (Ésta y las siguientes definiciones están tomadas de: Cencini, Por amor, con amor, en el amor, 453ss)
· Genitalidad. Es un aspecto de la sexualidad, por el que el yo y el tú tienden a dialogar a través de la unión de los cuerpos, con especial participación de los órganos genitales. La genitalidad tiene como objetivos: la expresión física de la comunión interior de la pareja, la profundización de esta comunión y la procreación. El ámbito típico y normal para expresar plenamente la genitalidad es el matrimonio, pero su ejercicio no es indispensable para la realización de la sexualidad humana.
· Continencia. Es la abstención del uso de la genitalidad. Puede ser total o periódica, y puede tener un significado positivo o negativo para el crecimiento de la persona, según sean los motivos que fundamenten la voluntad de abstención. En toda situación y en todo género de vida es necesaria cierta capacidad de continencia, como condición y exigencia imprescindible para la maduración de la sexualidad.
· Castidad. Es una virtud moral que regula el uso de la sexualidad según el estado de vida de la persona y en función de los valores y de los objetivos que quiere (o debe) realizar. La castidad posibilita el proceso de humanización de la sexualidad. Desde el ámbito de la persona, la castidad es una condición fundamental para el don de sí y la acogida del don del otro: nace del amor y se dirige a donarse.
· Transformación de la sexualidad. La sexualidad orienta al ser humano hacia un tú, le libera del aislamiento y la abre a un tú, para poder encontrarse consigo mismo en el tú; el permitir ser la sexualidad significa cultivar buenas relaciones personales. Sexualidad significa capacidad de entrega; aceptar y permitir ser conscientemente a la sexualidad, por consiguiente, significa realizar esta capacidad de entrega en una donación al otro, de tal manera que la persona esté dispuesta a acompañar al otro en sus necesidades y permanezca junto a él en todas las situaciones. La sexualidad es fecunda y orientada a la procreación de un hijo; el permitir ser a la sexualidad significa, por ende, la aceptación del propio ser fecundo y creativo. El desarrollo de la creatividad, junto al crecimiento de la conciencia y sensibilidad de la vida afectiva, es importante para poder vivir equilibradamente. Finalmente, la integración de la sexualidad no sólo implica aceptar espiritualmente su lado positivo, sino que, con frecuencia, ella se presenta como lucha. (Cf. Grün, Célibes por amor a la vida, 24-27)
La sexualidad no se deja negar. Quiere ser transformada. También la sexualidad quiere llevarme a Dios. Tiene una función religiosa. Pero eso no lo comprenderé mientras, por la ascesis y la disciplina, intente mantenerla a raya. También aquí son necesarias las dos cosas: la oposición consciente de la disciplina y la consciente presencia y experiencia de la sexualidad. Experimentar conscientemente la sexualidad no significa que se deba tener relaciones genitales con una persona del sexo opuesto. Primeramente, debemos quedarnos en nosotros mismos y comprender nuestras sensaciones, nuestras reacciones corporales y fantasías. Podemos examinarlas, pensarlas hasta su final y preguntarnos: ¿qué se anuncia realmente en nuestra sexualidad?, ¿hasta dónde nos quiere llevar? La sexualidad nos podrá llevar hacia un ser humano, hacia el amor a una persona del otro sexo, o puede también madurar en nuestro cuerpo la vitalidad para el trabajo, por amor a Dios. [T 40]