Sí, pero , ¿y el pecado?,
¿y el escándalo de la Iglesia?

¿Y el pecado?, me dirás tú, ¿dónde colocamos la existencia de esta realidad que parece tejer la historia de la Iglesia?
Te aseguro que me extraña tanto como a ti el hecho de que Jesús quisiera prolongarse en la Tierra a través de cobardes que no dieron la cara por Él (Pedro) o que incluso llegaron a traicionarle (Judas). Y es que el método que Dios ha elegido para darse a conocer a su criatura está llevado por el ser humano, incluidas las cosas que desecharíamos si pudiésemos. Jesús, hombre como cualquiera de nosotros, es el vehículo de transmisión de Dios Padre. “¿No es este el carpintero, el hijo de María? (…) Y se escandalizaban a cuenta de él” (Mc 6, 3), le reprochaban a Jesús. ¿Cómo va a ser posible que Dios se haga alguien tan normal? El mismo escándalo que Jesús provocaba por su condición humana a los que le conocieron les sucede a los cristianos hoy.
Esta metáfora me la habrás escuchado alguna vez en clase; seguramente no he mencionado a la Iglesia en ella, sino que la habré aplicado a otro aspecto de la vida, pero el original dice así:
Podemos pensar en la Iglesia católica comparándola con la luna: por la relación luna-mujer (madre) y por el hecho de que la luna no tiene luz propia, sino que la recibe del sol, sin el cual sería oscuridad completa. La luna resplandece, pero su luz no es suya, sino de otro. La sonda lunar y los astronautas descubrieron que la luna es solo una estepa rocosa y desértica, como montañas y arena, vieron una realidad distinta a la de la antigüedad: no como luz. Y efectivamente la luna es en sí y por sí misma solo desierto, arena y rocas. Sin embargo, es también luz y como tal permanece incluso en la época de los vuelos espaciales.
¿No es esta una imagen exacta de la Iglesia? Quien la explora y la excava con la sonda, como la luna, descubrirá solamente desierto, arena y piedras, las debilidades del hombre y su historia a través del polvo, los desiertos y las montañas. El hecho decisivo es que ella, aunque es solamente arena y rocas, es también luz en virtud de otro, del Señor.
Yo estoy en la Iglesia porque creo hoy como ayer, e independientemente de nosotros, detrás de “nuestra Iglesia” vive “su Iglesia”, y no puedo estar cerca de Él si no es permaneciendo en su Iglesia. Yo estoy en la Iglesia porque a pesar de todo creo que no es en el fondo nuestra sino suya. (1)
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NOTAS
(1)Cf. “¿Por qué permanezco en la Iglesia?” (conferencia-testimonio en Alemania, 1971), en H. U. VON BALTHASAR / J. RATZINGER, ¿Por qué soy todavía cristiano? ¿Por qué permanezco en la Iglesia? Salamanca, Sígueme, 2005, pp. 81-113
Extraído de Cartas a un espíritu inquieto, de su viejo profesor
Pastoral Universitaria Madrid – Fundación sm
(JMJ Madrid 2011)
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