¿Porqué Dios me creó si sabía que me iba a condenar?
Esta pregunta, planteada con aparente inocencia, desconcierta a algunos cristianos.
Se trata de una pregunta tramposa ya que encierra una grave acusación a Dios
y hace muy difícil a quien se bloquea con ella, hacer lo necesario para alcanzar
la salvación.
Hay quienes la repiten ingenuamente: la escucharon, los impactó y no supieron
qué responder. Pero también hay quienes la susurran en los oídos de cristianos
con la intención de sembrar dudas, abrir grietas en su fe, confundirlos, etc.
I. El cuestionamiento
En primer lugar hay que decir que lo que aparenta ser una pregunta, en realidad
es un cuestionamiento a Dios: se lo acusa de injusticia y perversidad.
Si me creó sabiendo que me condenaría, es evidente que no tengo chance de escapar
al infierno. El lo sabe y lo sabía antes de crearme. De manera que Dios sería
injusto al no darme la posibilidad de salvarme.
Dios sería cruel: si sabía que me voy a condenar, creándome me condenó a condenarme.
Si fuera bueno, cuando sabe que alguien se condenará no lo crearía… de manera
que nadie se condenaría.
Como se ve la frase que analizamos, en el fondo sugiere la maldad divina y,
yendo un poco más allá, el ateísmo. El planteo se parece bastante a la tentación
del pecado original, en cuanto pretende poner en duda la bondad de Dios.
En efecto, pertenece a una línea de argumentos que intenta demostrar la no existencia
de Dios: bastaría con demostrar que Dios carece de atributos divinos para demostrar
que ese Dios no existe. Veamos de qué manera.
Por definición Dios tiene que ser bueno. Si se demostrara que ese que llamas
Dios es malo, entonces estaría demostrando que sencillamente no es Dios... y
al mismo tiempo que no existiría... ya que es contradictorio que un ser por
esencia bueno sea malo: y lo contradictorio no puede existir.
II. Es una falacia.
La pregunta parte de algo falso y tiene varios presupuestos igualmente falsos.
Además, veremos que carece de lógica, acabando por ser absurda. Y para peor
de males, desvía de la verdadera ocupación por la salvación, llevando a preocupaciones
estériles.
1. Es falso que Dios
nos cree “sabiendo” cuál será nuestra respuesta libre.
El problema no es de «ignorancia», sino de falta de temporalidad.
La eternidad es un presente absoluto. Por definición supone la no temporalidad:
no hay ni pasado ni futuro. De manera que en la eternidad carece absolutamente
de sentido pensar en un «antes» y un «después».
Por tanto, no cabe plantearse un conocimiento anterior a la creación,
una creación posterior a ese conocimiento y una condenación sucesiva en el tiempo,
por el sencillo motivo de que Dios está fuera del tiempo: para El no existe
un antes y un después: todo es un continuo presente. De esta manera, el instante
en que Dios crea y el momento de mi muerte son el mismo momento eterno. El «sabe»
sin más, no hay un antes en el cual calcule mi respuesta, ni una previsión de
la misma.
Dios no puede saber mi destino eterno antes de crearme sencillamente porque
no existe ese antes.
De manera que el problema que la pregunta plantea no existe.
Esto no es fácil de entender. El misterio reside en la conjugación de nuestra
temporalidad con la eternidad de Dios. No podemos imaginarnos la eternidad porque
carecemos de experiencia de la misma. Pero para nuestro asunto basta entender
que en la eternidad, no existe ni el pasado ni el futuro: todo es presente.
2. La sola posibilidad
de que Dios pueda crear a alguien para que se condene no sólo es falsa sino
también impensable.
Si Dios creara en previsión a la condenación aunque sea de una sola persona,
sería perverso.
Dios es amor y toda su obra creadora y redentora es de amor. Quiere que todos
se salven: no crea a nadie para que se condene, sino a todos para que tengan
una vida eternamente feliz en la gloria. Que algunos no acepten el amor de Dios
y lo rechacen, no hace malo a Dios... sino a quien lo rechaza... La Teología
enseña que no hay predestinación al mal.
3. Supone un error en
la consideración de la salvación o condenación como si fuese algo externo a
nosotros: que viene de afuera, ajeno a mi.
Esto no es cierto: quien se condena, quiere condenarse. Nadie
está en el infierno contra su voluntad. Esto es quizá lo más traumático del
infierno. Basta leer el Catecismo de la Iglesia Católica (n. 1033):
«Salvo que elijamos libremente amarle no podemos
estar unidos con Dios. (…) Morir en pecado mortal sin estar arrepentido ni acoger
el amor misericordioso de Dios, significa permanecer separados de El para siempre
por nuestra propia y libre elección. Este estado de autoexclusión definitiva
de la comunión con Dios y con los bienaventurados es lo que se designa con la
palabra "infierno".»
4. Es absurdo acusar
a Dios de mi posible condenación cuando Dios ofrece la salvación a todos y da
todo lo necesario para salvarnos.
Frente a El sólo cabe el agradecimiento: me creó, se hizo hombre para redimirme,
murió en la cruz por mí, se me da El mismo como alimento en la Eucaristía, está
dispuesto a perdonarme todo lo que haga falta... Es decir, para salvarme ha
hecho mucho más de lo que jamás podría haber esperado... Acusarlo de condenarme...
es bastante caradura, desagradecido, hipócrita... Es como si el hijo pródigo,
a su vuelta, en vez de acoger el perdón y gozar de la fiesta que le ofrece su
padre, se volviera a ir, esta vez enojado con su padre porque lo dejó ir la
vez anterior, lo culpara de sus pecados y rechazara la amorosa acogida. Como
si hubiera vuelto sólo a insultar a su padre…
5. Es absurdo hablar
de un futuro libre como si estuviera determinado.
Es ridículo hablar de mi posible condenación como un hecho por la sencilla razón
de que ahora no estoy condenado y tengo todos los medios para salvarme. Si quiero
me salvo, si no quiero no me salvo: depende de mí.
El cuestionamiento falla al presentar mi condenación como una fatalidad a la
que estoy determinado haga lo que haga. Y esto no es cierto.
No es lógico hablar de un futuro que está en mis manos como de algo ya realizado
y decidido por otro.
6. Es absurdo pretender
poner en Dios la responsabilidad de algo que yo decido libremente.
El cuestionamiento pretende culpar a Dios de mi condenación, cuando en realidad
yo soy el artífice de mi salvación o condenación. Supone desconocer la responsabilidad
de mis propios actos y decisiones libre. Poner la responsabilidad de mi condenación
en Dios es al menos irresponsable.
¿Qué sentido tiene culpar a Dios de algo que yo decido ahora libremente?
7. Supone el rechazo
de nuestra libertad.
Hay quienes reniegan de su libertad. Dicen: ¿porqué Dios me creó libre? Preferirían
no serlo...
Hay un razonamiento implícito: "Dios me crea libre", "yo libremente
me condeno", por tanto "Dios -al haberme hecho libre - es culpable
de mi condenación".
Por el contrario la libertad es el mayor don que Dios nos ha dado en el plano
natural, después de la vida (condición de todo don): ¡ser libre es muy bueno!
La libertad es condición del amor: sin libertad no se puede amar. Dios nos hizo
libres para que fuésemos capaces de amar. Quiso correr el riesgo de nuestra
libertad: que al mismo tiempo fuésemos capaces de odiar… Pero la decisión es
nuestra.
8. Supone la contradicción
de querer salvarse y -al mismo tiempo- querer hacer lo necesario para condenarse.
Está implícito el deseo de salvación y el rechazo de los medios que conducen
a ella. Como única solución se ve el "hubiera sido mejor no haber sido
creado".
En el fondo se rechaza el proyecto de Dios para el hombre.
9. Supone rechazar la
misericordia divina:
No podemos olvidar que Dios perdona siempre... de manera que sólo se puede condenar
quien no acepte la misericordia divina.
Evidentemente el perdón divino exige que nos arrepintamos. Porque respeta nuestra
libertad. No puede perdonarnos si nosotros rechazamos el perdón: no nos perdona
en contra de nuestra voluntad. Para recibir el perdón hay que querer ser perdonado.
Si yo no rechazo mi pecado, Dios «no me lo quita». Sin arrepentimiento (=rechazar
mi pecado) no hay perdón posible, porque sería absurdo: yo querría conservar
mi pecado y Dios me lo sacaría contra mi voluntad... Dios me obligaría a salvarme,
cosa que yo no quiero.
10. Supone un error en la concepción de
la conjugación de la libertad y la ciencia divina.
Que Dios «vea» como actúo no me quita libertad.
III. Paraliza y amarga
Un segundo problema con la pregunta que nos ocupa es que no conduce a nada,
paraliza y amarga. Produce unos sentimientos que conducen a la condenación,
al pretender dar por supuesta mi posible condenación, destruyendo la esperanza
que es la que la hace posible.
Lleva a encarar mal la vida. Distrae del objetivo. Su principal gravedad es
que desvía del camino de salvación.
Lo absurdo del planteo es que lleva a no poner los medios para la salvación.
La hace parecer imposible.
La pregunta es ¿es tan difícil salvarse? La verdad que no. Conocemos
el camino: está bien determinado. Cristo nos dejó los sacramentos, su palabra
y hasta su cuerpo.
Es muy práctico. ¿Qué hacer para salvarse? Ir a Misa el domingo, confesarse
de vez en cuando, rezar un poco todos los días, tratar de cumplir los mandamientos.
Está al alcance de la mano. No es tan difícil. Además el premio es grandioso.
Hay que tener en cuenta que plantea las cosas fuera de su
contexto real: conseguir la salvación no es fácil ni difícil: depende de la
gracia de Dios y de nosotros.
El cauce está claro. Es accesible. Requiere esfuerzo.
Nos viene bien es este momento recordar una idea de C.S. Lewis: el demonio
tiene interés en que nuestra atención se centre en lo que puede pasarnos, mientras
que Dios quiere que la tengamos en lo que tenemos que hacer. Dejémos pues de
pensar si nos condenaremos y comencemos a poner por obra lo que sabemos que
nos conduce a la salvación.
CONCLUSION: el cuestionamiento falla por todos lados y por tanto no es sostenible
racionalmente. No dejes que te robe el tiempo y la serenidad
Lo verdaderamente importante no son las especulaciones rebuscadas. Por ese
camino no alcanzaremos la salvación y nos llenaremos de angustias.
La salvación es posible para todos. Dios quiere que nos ocupemos de buscarla
por los caminos que El nos ha mostrado y haciendo uso de los medios que El mismo
nos ha dado.
Sería ridículo dejar de poner lo que está a nuestro alcance para ser santos
y al mismo tiempo lamentarse de supuestas fatalidades condenatorias.
NOTA FINAL
Hay otros cuestionamientos semejantes que pretenden negar la omnipotencia divina.
Es interesante analizarlos brevemente ya que hacen uso de la negación del principio
de no contradicción:
¿Puede Dios hacer una piedra tan grande que no pueda levantar?
¿Puede Dios hacer un círculo cuadrado?
Evidentemente Dios no puede hacer lo contradictorio. Pero
esto no es una imperfección ni una limitación. Sencillamente la contradicción
no puede existir.
El principio de no contradicción es una ley del ser: "el
ser es y el no se no es". "Es imposible que algo sea y no sea al mismo
tiempo y bajo el mismo aspecto".
Si vas al núcleo de la pregunta, lo que se plantea es ¿puede Dios no poder?
Y esto es absurdo.
Es como si se preguntara: ¿puede Dios crear algo que no exista? ¿puede crear
la nada? No, Dios no puede hacer existir el no ser. Y esto es pura lógica. No
existe ningún problema en que Dios no pueda ir contra la lógica.
De la misma manera Dios no puede pecar ni equivocarse, y esto no es una limitación
sino perfección suprema.