Oración del cardenal Newman
“Dios te ve, donde quiera que estés, tal como eres, personalmente,
te llama por tu propio nombre.
Te ve y te comprende tal como te ha creado, no le importa si decides marcharte,
Él te estará esperando siempre hasta que vuelvas.
Él sabe todo lo que hay en ti; tu propio y peculiar modo
de pensar y de sentir, tus disposiciones y deseos,
tus fuerzas y debilidades.
Él te ve en el día de tu tristeza y en el de alegría.
Él siente contigo en todas tus esperanzas y pruebas.
Toma parte de tus miedos y recuerdos,
en las subidas y caídas de tu existencia.
Dios está alrededor de ti y
te lleva en sus brazos, te levanta y te baja.
En los rasgos de tu semblante
ve si sonríen o si están humedecidos
por las lágrimas, si la salud les hace florecer
o si la enfermedad les marchita.
Él mira con ternura tus manos y tus pies.
Dios oye tu voz, oye los latidos de tu corazón
y hasta tu aliento.
Él está siempre contigo, y todo lo suyo te pertenece.
Tú no te amas a ti mismo más de lo que Él te ama…
Por eso, no tengas miedo,
aunque te retires a un país lejano,
aunque te vayas de la casa de tu Padre,
Él no dejará de esperar hasta que vuelvas,
“te verá de lejos, correrá a tu encuentro,
te abrazará y te besará”.