Amar al Amor
¿Sabés Clara? -dijo Francisco- aquella tarde soleada de Asís, el Cristo que estaba colgado en san Damián me dijo:
«Reconstruí mi Casa»
...pero yo entendí mal, ¡yo siempre entendía mal!
Yo todavía quería ser un héroe, ahora un héroe religioso pero la misma cosa con distinto aroma.
Siempre puse un YO donde debía poner un TU. Mi vida fue cambiar dos palabras, fue aprender a que las dos se pedían y no se contradecían, fue intuir que TU era también YO y que YO sin TU no existía como tal.
Clara le contestó:
«Padre, mis deseos eran otros también. Yo hacía oídos sordos a los pretendientes que mi padre me entregaba. No lo hacía porque me decían nada al corazón. No dudo de que eran buenos hombres; mi padre me amaba pese a todo y jamás me hubiera entregado por dinero como lo hacían tantos de Asís hace muy pocos años. Pero el corazón es demasiado sabio para aceptar baratijas cuando exige algo sustancioso. Mi corazón deseoso gritaba por vida, como la samaritana que buscaba el agua. Yo anhelaba… añoraba, esperaba… y allí llegaste tú para mostrarme que el Amor no era amado y comprendí, mejor, experimenté que eso deseaba… Amar al Amor.»
Francisco mirando el horizonte que atardecía sobre las colinas, susurró:
«Sí, eso Clara, eso deseaba desde el vientre de mi madre, eso busqué en cada mujer, en cada campamento de guerra, en cada canción que cantaba, en cada cerveza en la cantina… sólo un grito:
Amar de verdad a Alguien que fuera VERDAD...
Amar al Amor.»