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Evitar la prisa



Debemos tratar nuestros asuntos con cuidado, pero sin prisas ni preocupación.

No te apresures en tus tareas, porque toda suerte de apresuramiento turba la razón y el juicio, y hasta nos impide hacer bien las cosas que emprendemos...

Cuando Nuestro Señor reprende a santa Marta, le dice: "Marta, Marte, te preocupas y te agitas por muchas cosas" (Lucas 10, 41). Si ella hubiese sido simplemente cuidadosa, no se hubiera inquietado, pero, por estar preocupada e inquieta, se apresura y se confunde, y es allí que Nuestro Señor la reprende...

Nunca fue bien hecha una tarea realizada impetuosa y apresuradamente... Recibe entonces en paz los trabajos que te lleguen, e intenta hacerlos ordenadamente, uno tras otro.

Paz frente a nuestros defectos

Debemos aborrecer nuestros defectos, pero con un odio tranquilo y apacible, no despechado ni desordenado; y verlos con paciencia, sacando provecho de una santa humillación de nuestro amor propio. De no hacerlo, hija mía, tus imperfecciones, que ves sutilmente y te inquietan aun mas sutilmente, se mantendrán por ese medio, pues no hay nada que conserve más nuestros defectos que la inquietud y el apuro por suprimirlos.

Y, finalmente: aceptar sin turbarse el no ser siempre capaz de conservar la paz

Intenta, hija mía, mantener tu corazón en paz con un humor estable. No digo que lo tengas en paz, sino que intentes hacerlo; que ésta sea tu principal preocupación, y cuídate mucho para que el no poder rápidamente calmar la oscilación de los sentimientos y del estado de ánimo, no se convierta en motivo de intranquilidad.



 

Por San Francisco de Sales
Extracto del libro "Busca la Paz y consérvala - Pequeño tratado sobre la paz del corazón"
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